Hechos de Pedro · Capítulo 36
- 1Subió, pues, de nuevo hacia los hermanos y les contó lo que por él había sido visto; y ellos se lamentaron en el alma, llorando y diciendo: Rogámoste, Pedro, cuida de nosotros, que somos jóvenes. Y Pedro les dijo: Si es la voluntad del Señor, así ha de acontecer, aun cuando nosotros no lo queramos; mas en cuanto a vosotros, poderoso es el Señor para confirmaros en su fe, y os cimentará en ella y os hará extenderos, a quienes él mismo ha plantado, para que también plantéis a otros por medio de él. Mas yo, en tanto que el Señor quisiere que permanezca en la carne, no resisto; y si de nuevo me tomare para sí, me regocijo y gozo.
- 2Y mientras Pedro así hablaba, y todos los hermanos lloraban, he aquí cuatro soldados le prendieron y le llevaron ante Agripa. Y éste, en su furor, mandó que fuese crucificado bajo acusación de impiedad.
- 3Toda la multitud de los hermanos, pues, concurrió junta, así de ricos como de pobres, huérfanos y viudas, débiles y fuertes, deseando ver y librar a Pedro, mientras el pueblo clamaba a una voz y no callaba: ¿Qué mal ha hecho Pedro, oh Agripa? ¿En qué te ha ofendido? ¡Dilo a los romanos! Y otros decían: Tememos no sea que, si este hombre muriere, su Señor nos destruya a todos.
- 4Y Pedro, llegando al lugar, sosegó al pueblo y dijo: ¡Varones que sois soldados de Cristo! ¡Varones que esperáis en Cristo! Acordaos de las señales y prodigios que habéis visto obrar por medio de mí; acordaos de la misericordia de Dios, de cuántas sanidades ha obrado para con vosotros. Esperad a aquel que viene y recompensará a cada uno según sus obras. Y ahora no os amarguéis contra Agripa, pues él es ministro de la obra de su padre. Y esto acontecerá de cualquier modo, porque el Señor me ha manifestado lo que me sobrevendrá. Mas ¿por qué me detengo y no me acerco a la cruz?