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Hechos de Juan · Capítulo 7

Después de estas cosas vinimos a Éfeso; y los hermanos de allí, que desde hacía mucho tiempo sabían que Juan venía, concurrieron juntos a la casa de Andrónico (donde también vino a posar), tomando sus pies y poniendo las manos de él sobre sus propios rostros y besándolas, y muchos se regocijaban aun de tocar su vestidura, y eran sanados al tocar las ropas del santo apóstol.

2Y habiendo gran amor y gozo insuperable entre los hermanos, cierto hombre, mensajero de Satanás, se enamoró de Drusiana, aunque veía y sabía que ella era la mujer de Andrónico. A quien muchos dijeron: No te es posible obtener a esa mujer, visto que desde hace mucho tiempo ella aun se ha apartado de su marido por causa de la piedad. ¿Ignoras tú solo que Andrónico, no siendo en otro tiempo lo que ahora es, hombre temeroso de Dios, la encerró en un sepulcro, diciendo: O he de tenerte por la mujer que antes tenía, o morirás? Y ella escogió antes morir que hacer tal torpeza. Si, pues, ella no consintió, por causa de la piedad, en cohabitar con su señor y marido, sino que aun le persuadió a ser del mismo parecer que ella, ¿consentirá contigo, que deseas ser su seductor? Apártate de esta locura que no tiene reposo en ti; desiste de este hecho que no puedes llevar a cabo.

3Mas sus amigos íntimos, diciéndole estas cosas, no le convencieron, sino que con desvergüenza la cortejaba con mensajes; y cuando supo las reprensiones y afrentas que ella le devolvía, pasaba la vida en melancolía. Y después de dos días, Drusiana cayó en cama por causa de la pesadumbre, y tenía fiebre y decía: ¡Ojalá no hubiese vuelto ahora a mi tierra natal, yo que he venido a ser tropiezo para un hombre ignorante de la piedad! Porque si fuese alguien lleno de la palabra de Dios, no habría llegado a tal extremo de locura. Mas ahora, pues, Señor, ya que he sido ocasión de golpe para un alma desprovista de conocimiento, líbrame de esta cadena y trasládame a ti prestamente. Y en presencia de Juan, que nada sabía de semejante asunto, Drusiana partió de esta vida no del todo gozosa, sí, aun turbada a causa del daño espiritual del hombre.

4Mas Andrónico, afligido con un secreto dolor, se lamentaba en su alma y lloraba abiertamente, de modo que Juan muchas veces le reprendía y le decía: Para una esperanza mejor se ha trasladado Drusiana fuera de esta vida injusta. Y Andrónico le respondió: Sí, estoy persuadido de ello, oh Juan, y de ninguna manera dudo en cuanto a la confianza en mi Dios; mas a esto mismo me aferro: a que ella partió pura de esta vida.

5Y cuando fue llevada fuera, Juan tomó a Andrónico, y sabiendo ahora la causa, lloró más que Andrónico. Y guardó silencio, considerando la provocación del adversario, y por un espacio de tiempo permaneció sentado. Entonces, estando los hermanos reunidos allí para oír qué palabra hablaría él acerca de la que había partido, comenzó a decir:

6Cuando el piloto que navega, juntamente con los que con él navegan y la misma nave, llega a un puerto sereno y sin tormenta, entonces diga que está a salvo. Y el labrador que ha encomendado la semilla a la tierra, y mucho ha trabajado en el cuidado y protección de ella, entonces repose de sus fatigas, cuando recoge la semilla con múltiple fruto en sus graneros. El que emprende correr en la carrera, entonces se goce cuando lleva a casa el premio. El que inscribe su nombre para la lucha, entonces se gloríe cuando recibe las coronas; y así sucesivamente acontece con todas las contiendas y oficios, cuando no fallan al fin, sino que se muestran semejantes a lo que prometieron.

7Y así también pienso que es con la fe que cada uno de nosotros ejercita, que sólo entonces se discierne si en verdad es verdadera, cuando permanece semejante a sí misma aun hasta el fin de la vida. Porque muchos obstáculos caen en el camino y preparan turbación para la mente de los hombres: afanes, hijos, padres, gloria, pobreza, lisonja, vigor de la juventud, hermosura, presunción, concupiscencia, riquezas, ira, altivez, flojedad, envidia, celos, negligencia, temor, insolencia, pasión, engaño, dinero, fingimiento y otros semejantes obstáculos, cuantos hay en esta vida; así como también al piloto que navega en próspero rumbo se le opone el ímpetu de vientos contrarios y una gran tempestad y recias olas salidas de la calma, y al labrador el invierno intempestivo, la plaga y los reptiles que suben de la tierra, y los que contienden en los juegos no alcanzan la victoria, y los que ejercen oficios son estorbados por las diversas dificultades de ellos.

8Mas antes de todas las cosas es menester que el creyente mire de antemano a su fin y entienda de qué manera le sobrevendrá, si vigoroso y sobrio y sin ningún obstáculo, o turbado y apegado a las cosas de aquí y atado por los deseos. Así es justo que el cuerpo sea alabado como hermoso cuando está enteramente desnudo, y el general como grande cuando ha cumplido toda promesa de la guerra, y el médico como excelente cuando ha tenido éxito en toda curación, y el alma como llena de fe y digna de Dios cuando ha pagado su promesa por entero: no aquella alma que comenzó bien y se disolvió en todas las cosas de esta vida y cayó, ni la que está entorpecida, habiendo hecho esfuerzo por alcanzar mejores cosas, y luego es arrastrada a las temporales, ni la que ha anhelado las cosas del tiempo más que las de la eternidad, ni la que trueca las cosas duraderas por aquellas que no permanecen, ni la que ha honrado las obras de deshonra que merecen vergüenza, ni la que toma prendas de Satanás, ni la que ha recibido a la serpiente en su propia casa, ni la que sufre vituperio por causa de Dios y luego no se avergüenza, ni la que con la boca dice sí, mas en verdad no se aprueba a sí misma: sino la que ha prevalecido para no debilitarse por el placer vil, para no ser vencida por la ligereza, para no ser atrapada por el cebo del amor al dinero, para no ser entregada por el vigor del cuerpo o por la ira.

9Y mientras Juan discurría aún más a los hermanos para que despreciasen las cosas temporales respecto de las eternas, aquel que estaba enamorado de Drusiana, inflamado de horrible concupiscencia y posesión del multiforme Satanás, sobornó al mayordomo de Andrónico, que era amador del dinero, con gran suma; y éste abrió el sepulcro y le dio ocasión de perpetrar lo prohibido sobre el cuerpo muerto. No habiendo tenido éxito con ella en vida, todavía después de su muerte importunaba a su cuerpo, y decía: Si no quisiste tener parte conmigo mientras vivías, ultrajaré tu cadáver ahora que estás muerta. Con este designio, y habiéndose procurado el inicuo acto por medio del abominable mayordomo, corrió con él al sepulcro; abrieron la puerta y comenzaron a despojar las mortajas del cadáver, diciendo: ¿De qué te ha aprovechado, pobre Drusiana? ¿No pudiste haber hecho esto en vida, lo cual por ventura no te habría pesado si lo hubieses hecho voluntariamente?

10Y hablando ellos así, no quedando ya sobre su cuerpo sino la túnica ordinaria, fue visto un extraño espectáculo, tal cual merecen padecer los que hacen tales obras. Una serpiente apareció de algún lugar y dio al mayordomo una sola mordedura y lo mató; mas al joven no hirió, sino que se enroscó en sus pies, silbando terriblemente, y cuando él cayó, subió sobre su cuerpo y se sentó sobre él.

11Al día siguiente, Juan vino al sepulcro al amanecer, acompañado por Andrónico y por los hermanos, siendo ya el tercer día desde la muerte de Drusiana, para que allí partiésemos el pan. Y primero, al ponerse en camino, se buscaron las llaves y no se pudieron hallar; mas Juan dijo a Andrónico: Es muy justo que se hayan perdido, porque Drusiana no está en el sepulcro; con todo, vayamos, para que no seas negligente, y las puertas se abrirán por sí mismas, así como el Señor ha hecho por nosotros muchas cosas semejantes.

12Y cuando estuvimos en el lugar, por mandato del maestro se abrieron las puertas, y vimos junto al sepulcro de Drusiana a un hermoso joven, sonriente; y Juan, al verle, clamó y dijo: ¿Has venido tú antes de nosotros aquí también, oh hermoso? ¿Y por cuál causa? Y oímos una voz que le decía: Por amor de Drusiana, a quien has de resucitar — pues estuve a punto de hallarla afrentada — y por amor de aquel que yace muerto junto a su sepulcro. Y habiendo dicho esto el hermoso a Juan, subió a los cielos a la vista de todos nosotros. Y Juan, volviéndose hacia el otro lado del sepulcro, vio a un joven — a saber, Calímaco, uno de los principales de los efesios — y una enorme serpiente que dormía sobre él, y al mayordomo de Andrónico, de nombre Fortunato, tendido muerto. Y ante la vista de los dos quedó perplejo, diciendo a los hermanos: ¿Qué significa tal visión? ¿O por qué no me ha declarado el Señor lo que aquí se hizo, él que jamás me ha descuidado?

13Y Andrónico, viendo aquellos cadáveres, saltó y fue al sepulcro de Drusiana, y viéndola yacer sólo en su túnica, dijo a Juan: Entiendo lo que ha acontecido, oh bendito siervo de Dios, Juan. Este Calímaco estaba enamorado de mi hermana; y porque nunca la alcanzó, aunque muchas veces lo intentó, sobornó a este mi maldito mayordomo con gran suma, por ventura intentando, como ahora podemos ver, cumplir por su medio la tragedia de su conspiración, pues en verdad Calímaco declaró esto a muchos, diciendo: Si no consiente conmigo viviendo, será ultrajada muerta. Y puede ser, maestro, que el hermoso joven lo supiese y no permitiese que su cuerpo fuese insultado, y por eso han muerto éstos que hicieron tal tentativa. ¿Y será que la voz que te dijo: Resucita a Drusiana, presagiaba esto? Porque ella partió de esta vida con tristeza de ánimo. Mas creo a aquel que dijo que éste es uno de los hombres que se han extraviado; pues se te mandó resucitarle; en cuanto al otro, sé que es indigno de salvación. Mas esta sola cosa te ruego: resucita primero a Calímaco, y él nos confesará lo que ha sucedido.

14Y Juan, mirando el cuerpo, dijo a la bestia venenosa: Apártate de aquel que ha de ser siervo de Jesucristo; y se levantó y oró sobre él así: Oh Dios, cuyo nombre es con justicia glorificado por nosotros; oh Dios, que sujetas toda fuerza dañina; oh Dios, cuya voluntad se cumple, que siempre nos oyes: ahora también sea cumplido tu don en este joven; y si hay alguna dispensación que haya de obrarse por medio de él, manifiéstanosla cuando sea resucitado. Y al punto el joven se levantó, y por una hora entera guardó silencio.

15Mas cuando volvió en sí, Juan le preguntó acerca de su entrada en el sepulcro, qué significaba; y sabiendo por él lo mismo que Andrónico le había dicho, a saber, que estaba enamorado de Drusiana, Juan le inquirió de nuevo si había consumado su torpe intento de insultar un cuerpo lleno de santidad. Y él le respondió: ¿Cómo podría yo cumplirlo, habiendo esta temible bestia derribado a Fortunato de un golpe a mi vista? Y con razón, puesto que él avivó mi frenesí, cuando yo ya estaba curado de aquella irracional y horrible locura; pero a mí me detuvo con espanto, y me puso en aquel estado en que me visteis antes de levantarme. Y otra cosa aún más admirable te diré, la cual estuvo a punto de matarme y por poco me hace un cadáver: cuando mi alma estaba conmovida por la insensatez y la incontrolable dolencia me turbaba, y habiendo ya arrancado las mortajas con que ella estaba vestida, y habiendo salido del sepulcro y puesto las ropas como ves, volví de nuevo a mi impía obra; y vi a un hermoso joven que la cubría con su manto, y de sus ojos salían chispas de luz hacia los ojos de ella; y me habló palabras, diciendo: Calímaco, muere para que vivas. Quién fuese él yo no lo sabía, oh siervo de Dios; mas ahora que has aparecido aquí, reconozco que era un ángel de Dios, bien lo sé; y esto sé de verdad, que es el Dios verdadero el que por ti es proclamado, y de ello estoy persuadido. Mas te ruego que no tardes en librarme de esta calamidad y de este temible crimen, y en presentarme a tu Dios como hombre engañado con vergonzoso y torpe engaño. Rogando, pues, tu socorro, me aso a tus pies. Quisiera ser uno de los que esperan en Cristo, para que resulte verdadera la voz que me dijo: Muere para que vivas; y esa voz ha cumplido también su efecto, pues ha muerto aquel infiel, desordenado y desprovisto de Dios, y yo he sido resucitado por ti, yo que seré fiel, temeroso de Dios, conocedor de la verdad, la cual te ruego que me sea mostrada por ti.

16Y Juan, lleno de gran gozo y contemplando todo el espectáculo de la salvación del hombre, dijo: Cuál sea tu poder, Señor Jesucristo, no lo sé, atónito como estoy ante tu mucha compasión y sin límite longanimidad. ¡Oh, qué grandeza que descendió a la servidumbre! ¡Oh inefable libertad traída a esclavitud por nosotros! ¡Oh incomprensible gloria que ha venido a nosotros! Tú, que has guardado el tabernáculo muerto seguro de ultraje; que has redimido al hombre que se manchó con sangre y escarmentaste el alma de aquel que quería profanar el cuerpo corruptible; Padre, que has tenido piedad y compasión del hombre que no cuidaba de ti; te glorificamos, y alabamos, y bendecimos, y damos gracias a tu gran bondad y longanimidad, oh santo Jesús, porque sólo tú eres Dios, y ninguno más; cuyo es el poder contra el cual no se puede conspirar, ahora y por los siglos de los siglos. Amén.

17Y habiendo dicho esto, Juan tomó a Calímaco y le besó, diciendo: Gloria sea a nuestro Dios, hijo mío, que ha tenido misericordia de ti, y me ha hecho digno de glorificar su poder, y a ti también de apartarte por buena carrera de aquella tu abominable locura y embriaguez, y te ha llamado a su propio reposo y a la renovación de vida.

18Mas Andrónico, contemplando al muerto Calímaco resucitado, rogó a Juan, con los hermanos, que resucitase también a Drusiana, diciendo: Oh Juan, levántese Drusiana y pase alegremente aquel corto espacio que ella entregó por el dolor acerca de Calímaco, cuando pensó haberse convertido en tropiezo para él; y cuando el Señor quisiere, la tomará de nuevo para sí. Y Juan sin tardanza fue a su sepulcro y tomó su mano y dijo: A ti, que eres el único Dios, invoco, el sobremanera grande, el inefable, el incomprensible; a quien todo poder de principados está sujeto; a quien toda autoridad se inclina; delante de quien todo orgullo cae y guarda silencio; de quien los demonios, al oír, tiemblan; a quien toda la creación, apercibiéndose, guarda sus límites. Sea tu nombre glorificado por nosotros, y resucita a Drusiana, para que Calímaco aún más sea confirmado para contigo, que dispensas lo que para los hombres no tiene camino y es imposible, mas para ti solo es posible, a saber, salvación y resurrección; y para que Drusiana salga ahora en paz, no teniendo en torno suyo el menor estorbo — ya que el joven se ha vuelto a ti — en su carrera hacia ti.

19Y después de estas palabras, Juan dijo a Drusiana: Drusiana, levántate. Y ella se levantó y salió del sepulcro; y cuando se vio sólo en su túnica, quedó perpleja por aquello, y supo todo con exactitud por Andrónico, entre tanto que Juan yacía sobre su rostro, y Calímaco con voz y lágrimas glorificaba a Dios, y ella también se regocijaba, glorificándole de igual manera.

20Y cuando se hubo vestido, se volvió y vio a Fortunato tendido, y dijo a Juan: Padre, levántese también este hombre, aunque haya intentado ser mi traidor. Mas Calímaco, al oírla decir esto, dijo: No lo hagas, te ruego, Drusiana, porque la voz que oí no cuidó de él, sino que declaró acerca de ti sola, y yo vi y creí; pues si él hubiese sido bueno, por ventura Dios habría tenido misericordia de él también y le habría resucitado por medio del bienaventurado Juan; sabía, pues, que el hombre había tenido mal fin. Y Juan le dijo: No hemos aprendido, hijo mío, a volver mal por mal; porque Dios, aunque hayamos hecho mucho mal y ningún bien para con él, no nos ha dado retribución, sino arrepentimiento; y aunque éramos ignorantes de su nombre, no nos descuidó, sino que tuvo misericordia de nosotros; y cuando blasfemábamos contra él, no nos castigó, sino que se apiadó de nosotros; y cuando no le creíamos, no nos guardó rencor; y cuando perseguíamos a sus hermanos, no nos recompensó mal, sino que puso en nuestras mentes arrepentimiento y abstinencia del mal, y nos exhortó a venir a él, como a ti también, hijo mío Calímaco, y no acordándose de tu anterior maldad te ha hecho su siervo, esperando en su misericordia. Por lo cual, si no me permites a mí resucitar a Fortunato, a Drusiana le corresponde hacerlo.

21Y ella, sin tardanza, fue con gozo de espíritu y de alma hasta el cuerpo de Fortunato y dijo: Jesucristo, Dios de los siglos, Dios de la verdad, que me has concedido ver maravillas y señales, y me has dado ser partícipe de tu nombre; que te infundiste en mí con tu multiforme rostro, y tuviste misericordia de mí de muchas maneras; que me protegiste por tu gran bondad cuando fui afligida por Andrónico que antiguamente fue mi marido; que me diste a tu siervo Andrónico por hermano; que me has guardado a mí, tu sierva, pura hasta el día de hoy; que me resucitaste por tu siervo Juan, y resucitada me mostraste libre de tropiezo a aquel que fue hecho tropezar; que me has dado perfecto reposo en ti y me aliviaste de la secreta locura; a quien he amado y querido: te ruego, oh Cristo, no rehúses a tu Drusiana que te pide que resucites a Fortunato, aunque haya intentado ser mi traidor.

22Y tomando la mano del hombre muerto, dijo: Levántate, Fortunato, en el nombre de nuestro Señor Jesucristo. Y Fortunato se levantó, y cuando vio a Juan en el sepulcro, y a Andrónico, y a Drusiana resucitada de los muertos, y a Calímaco creyente, y a los demás hermanos glorificando a Dios, dijo: ¡Oh, a qué han llegado los poderes de estos hombres astutos! Yo no quería ser resucitado, sino antes morir, para no verlos. Y con estas palabras huyó y salió del sepulcro.

23Y Juan, al ver el ánimo inmutable de Fortunato, dijo: ¡Oh naturaleza que no se muda para mejor! ¡Oh fuente del alma que permanece en torpeza! ¡Oh esencia de corrupción llena de tinieblas! ¡Oh muerte que te gozas en los que son tuyos! ¡Oh árbol infructuoso lleno de fuego! ¡Oh árbol que das ascuas por fruto! ¡Oh materia que habitas con la locura de la materia y vecina de la incredulidad! Probado has quién eres, y siempre eres convicta, juntamente con tus hijos. Y no sabes cómo alabar las cosas mejores, porque no las tienes. Por tanto, cual es tu camino, tal también es tu raíz y tu naturaleza. Seas tú destruido de entre los que confían en el Señor: de sus pensamientos, de su mente, de sus almas, de sus cuerpos, de sus hechos, de su vida, de su conversación, de sus negocios, de sus ocupaciones, de sus consejos, de la resurrección en Dios, de su suave olor en el cual no participarás, de su fe, de sus oraciones, del santo baño, de la eucaristía, de la comida de la carne, de la bebida, del vestido, del amor, del cuidado, de la abstinencia, de la justicia: de todas estas cosas, oh sacrílego Satanás, enemigo de Dios, Jesucristo nuestro Dios y juez de todos los que son semejantes a ti y tienen tu carácter, te hará perecer.

24Y habiendo dicho esto, Juan oró, y tomó pan y lo llevó al sepulcro para partirlo; y dijo: Glorificamos tu nombre, que nos convierte del error y del engaño despiadado; te glorificamos a ti, que has mostrado delante de nuestros ojos lo que hemos visto; testificamos de tu benignidad, que aparece de diversas maneras; alabamos tu misericordioso nombre, oh Señor, que has convencido a los que son convictos por ti; damos gracias a ti, oh Señor Jesucristo, de que estamos persuadidos de tu gracia inmutable; damos gracias a ti, que tuviste necesidad de nuestra naturaleza para que fuese salva; damos gracias a ti, que nos has dado esta fe segura, porque tú solo eres Dios, ahora y siempre. Nosotros tus siervos te damos gracias, oh Santo, que estamos congregados con recto intento y hemos sido recogidos del mundo.

25Y habiendo así orado y dado gloria a Dios, salió del sepulcro después de repartir a todos los hermanos de la eucaristía del Señor. Y cuando vino a la casa de Andrónico, dijo a los hermanos: Hermanos, un espíritu dentro de mí ha discernido que Fortunato está para morir de negrura (envenenamiento de la sangre) por la mordedura de la serpiente; mas vaya alguno prestamente y sepa si en verdad es así. Y uno de los jóvenes corrió y le halló muerto, extendiéndose la negrura sobre él, y habiendo alcanzado su corazón; y vino y dijo a Juan que hacía tres horas que había muerto. Y Juan dijo: Tienes a tu hijo, oh diablo.

Palabras de este capítulo

Lo que estas palabras decían en el original — y dónde más aparecen.

Texto en inglés: The Apocryphal New Testament, The Acts of John (Clarendon Press, 1924), M. R. James, 1924 (dominio público). Portugués y español: traducción de Lux Veritas a partir de esta edición.

Fuente: The Apocryphal New Testament, The Acts of John (Clarendon Press, 1924), M. R. James (1924) · dominio público