Hechos de Felipe · Capítulo 3
- 11. Y les enseñaba de esta manera: Hermanos míos, hijos de mi Padre celestial —pues sois de mi propio linaje en Cristo, herencia de mi ciudad, la Jerusalén de arriba, delicia de mi morada—: ¿por qué fuisteis llevados cautivos por vuestro enemigo, la serpiente tortuosa, torcida y maligna, a la cual Dios no concedió manos ni pies? Torcida es su senda, por cuanto es engendro del Maligno; su padre es la muerte, su madre la corrupción, y la destrucción mora en su cuerpo.
- 22. No entréis, pues, en su perdición; porque estáis esclavizados por la incredulidad y el engaño de su linaje, que carece de orden y de sustancia; sin figura, no teniendo semejanza en toda la creación, ni en los cielos, ni en la tierra, ni entre los peces de las aguas.
- 33. Mas si le viereis, huid de él, pues en nada se asemeja a los hombres: su morada es el abismo, y anda siempre en tinieblas.
- 44. Huid, por tanto, de él, para que su veneno no caiga sobre vosotros; pues si su ponzoña fuere derramada sobre vuestro cuerpo, caminaréis en su maldad.
- 55. Mas perseverad en el culto verdadero, siendo fieles, reverentes y rectos, sin dolo alguno.
- 66. Huid de Satanás, el dragón, y extirpad de vosotros su perversa simiente, esto es, la concupiscencia con la cual engendra dolencias en el alma, que es el veneno de la serpiente.
- 77. Porque la concupiscencia procede de la serpiente desde el principio, y es ella la que se apresta contra los fieles; pues salió de las tinieblas y volvió a las tinieblas.
- 88. Conviene, pues, que habiendo venido a nosotros, o más bien a Dios por medio de nosotros, arrojéis de vuestros cuerpos el veneno del diablo.
- 99. Y mientras el apóstol decía estas palabras, he aquí que Nicanora salió de su morada y acudió con sus siervos a la casa de Estaquis.
- 1010. Y cuando llegó cerca de la puerta de la casa, he aquí que Mariamme le habló en lengua siríaca diciendo: Helikomaei, kosma, etaa, mariacha.
- 1111. Y declaró sus palabras diciendo: Oh hija del Espíritu, tú eres señora mía que fuiste dada en prenda a la serpiente; mas yo he venido a librarte; romperé tus ataduras y las cortaré de raíz.
- 1212. He aquí que ha llegado el Redentor que te liberta; he aquí que el Sol de justicia ha nacido para iluminarte.
- 1313. Y mientras ella hablaba de esta suerte, vino el fiero tirano corriendo y jadeando.
- 1414. Y Nicanora, que estaba ante la puerta, oyó estas cosas y cobró ánimo delante de todos, clamando y diciendo: Hebrea soy, hija de hebreos; háblame en la lengua de mis mayores, porque oí vuestra predicación y fui sanada de esta mi dolencia.
- 1515. Reverencio y glorifico la bondad de Dios, por cuanto os condujo despojados a esta tierra.
- 1616. Y al decir ella esto, llegó el tirano, y asiendo sus vestiduras dijo: Oh Nicanora, ¿no te dejé postrada en cama por causa de tu enfermedad? ¿De dónde hallaste tal poder y fuerzas para acudir a estos hechiceros? A menos, pues, que me declares quién es el sanador, te atormentaré con rigor.
- 1717. Y Nicanora respondió diciendo: Oh artífice de tiranías, aparta de ti esta soberbia, olvida tus malas obras y abandona esta vida pasajera, dejando la vanagloria terrenal, porque pasa como una sombra: busca más bien lo eterno, desecha el apetito bestial y la concupiscencia vil, y renuncia a los deleites engañosos, que son engendro de la muerte y cárcel de tinieblas; derriba el muro de la corrupción y dispón para ti una vida limpia e inmaculada, para que vivamos enteramente en santidad.
- 1818. Si quieres, pues, que permanezca a tu lado, conviviré contigo en santa continencia.
- 1919. Y oyendo el tirano tales razones, la asió por los cabellos y la arrastró con violencia, diciendo furioso: Mejor te fuera morir bajo mi espada que verte en compañía de estos hechiceros y embaucadores forasteros.
- 2020. Te castigaré, por tanto, y quitaré la vida a los que te extraviaron.
- 2121. Y volviéndose con ira hacia los verdugos que le seguían, mandó: Traedme a esos impostores.
- 2222. Y corriendo los sayones a casa de Estaquis, prendieron a Felipe, a Bartolomé y a Mariamme, juntamente con el leopardo y el cabrito, y los arrastraron a su presencia.
- 2323. Viéndolos el tirano, crujió los dientes contra ellos y exclamó: Arrastrad a estos magos y seductores que han engañado a muchas mujeres diciendo: Somos siervos de Dios.
- 2424. Y mandó traer correas y atarles los pies.
- 2525. Y ordenó que fuesen arrastrados desde la puerta hasta el templo de los ídolos.
- 2626. Y grandes multitudes concurrieron a aquel lugar.
- 2727. Y se maravillaban en gran manera del leopardo y del cabrito, por cuanto hablaban con voz de hombres, y algunos de la multitud creyeron en las palabras de los santos apóstoles.
- 2828. Y los sacerdotes dijeron al tirano: Estos varones son hechiceros.
- 2929. Y al oír esto, encendido en ira y furor, ordenó despojar a Felipe, a Bartolomé y a Mariamme, diciendo: Registradlos con diligencia.
- 3030. Quizá hallaréis en ellos sus encantamientos.
- 3131. Y desnudándolos los verdugos, asieron a Mariamme arrastrándola y diciendo: Descubrámosla para que todos vean que es una mujer la que los sigue.
- 3232. Y mandó traer maderas y sogas resistentes; y habiendo horadado los tobillos de Felipe, trajeron garfios y pasando cuerdas por sus talones, le colgaron boca abajo en un árbol ante la puerta del templo; y fijando estacas en la pared del templo, allí le dejaron.
- 3333. Y atando las manos y los pies de Bartolomé, lo suspendieron en el muro; mas cuando desnudaron a Mariamme, la apariencia de su cuerpo cambió volviéndose como una arca de cristal colmada de luz, y nadie pudo acercarse a ella.
- 3434. Y Felipe habló a Bartolomé en lengua hebrea: ¿Dónde está Juan en este día de nuestra aflicción? Pues he aquí que somos librados de nuestros cuerpos.
- 3535. Y pusieron manos indecorosas sobre Mariamme, azotaron al leopardo y al cabrito, y prendieron fuego a la casa de Estaquis por habernos albergado.
- 3636. Hablemos, pues, para que descienda fuego del cielo y los abrase.
- 3737. Y mientras Felipe decía esto, he aquí que Juan entró en la ciudad y, recorriendo las calles, preguntó a los moradores: ¿Qué tumulto es este, quiénes son estos varones y por qué causa son atormentados? Y le dijeron: ¿Acaso eres extraño en esta ciudad? ¿Ignoras cómo estos hombres han alborotado nuestras casas y a todo el pueblo? Pues persuadieron a nuestras mujeres a apartarse de nosotros con pretexto de religión, proclamando un nombre extranjero, a saber, el de Cristo; y cerraron además nuestros templos con sus encantamientos, y mataron a las serpientes que moraban en la ciudad invocando nombres desconocidos que jamás habíamos oído.
- 3838. Y se aposentaron en casa de Estaquis el ciego, a quien restituyeron la vista con la saliva de cierta mujer que los acompaña, la cual tal vez guarda toda la hechicería; y van con ellos un leopardo y un cabrito que hablan como hombres.
- 3939. Mas si tú viste alguna vez tales portentos, no te turbarás con ellos.
- 4040. Y Juan les respondió diciendo: Mostrádmelos.
- 4141. Y le condujeron al templo donde Felipe estaba colgado.
- 4242. Y viendo Felipe a Juan, dijo a Bartolomé: Oh hermano mío, he aquí que ha llegado el hijo de Barega, que es el agua viva.
- 4343. Y vio Juan a Felipe suspendido boca abajo, atado por los tobillos; y vio asimismo a Bartolomé atado en la pared del templo.
- 4444. Y dijo a los moradores de la ciudad: Oh engendros de la víbora, ¡cuán grande es vuestra insensatez! Pues el lazo del engaño os sedujo, y el hálito impío del dragón sopló sobre vosotros: ¿por qué atormentáis a estos varones por haberos declarado que la serpiente es vuestra enemiga? Y oyendo los moradores estas palabras de Juan, pusieron manos sobre él diciendo: Te teníamos por conciudadano, mas tus palabras demuestran que estás confederado con ellos.
- 4545. Tú también, por tanto, serás condenado a la misma muerte que ellos, pues así determinaron los sacerdotes: Desangrémoslos mientras penden boca abajo, y mezclando su sangre con vino, presentémosla a la víbora.
- 4646. Y mientras ellos hablaban así, he aquí que Mariamme se levantó del sitio donde estaba y recobró su primera figura.
- 4747. Y los sacerdotes extendieron sus manos hacia Juan queriendo prenderle, mas no pudieron tocarle.
- 4848. Dijeron entonces Felipe y Bartolomé a Juan: ¿Dónde está Jesús, que nos mandó no tomar la venganza por nuestra propia mano contra los que nos atormentan? Porque en adelante no los soportaré.
- 4949. Y clamó Felipe en hebreo diciendo: Padre mío Uthael, esto es: Oh Cristo, Padre de majestad, cuyo nombre temen todos los siglos, que eres soberano y potestad del universo, cuyo señorío es eterno, Eloa: Bendito seas por siempre; ante ti tiemblan los principados celestiales postrados delante de tu faz; ¡Rey de honor, Padre de gloria!, cuyo nombre fue revelado a las fieras del desierto y se sosegaron ante ti, ahuyentándose de nosotros las serpientes: Óyenos antes de que pidamos.
- 5050. Tú que nos ves antes de clamar, que escudriñas los pensamientos y derramas misericordias infinitas: ábrase el abismo y trague a estos hombres impíos que no reciben la palabra de tu verdad.
- 5151. Y en aquella misma hora abrió la sima su boca, y todo aquel lugar tembló con violencia, hundiéndose el procónsul juntamente con la multitud y los sacerdotes en lo profundo.
- 5252. Mas los lugares donde estaban los apóstoles y sus compañeros permanecieron inconmovibles, juntamente con la casa de Estaquis, Nicanora la esposa del tirano, las veinticuatro mujeres que se apartaron de sus maridos y las cuarenta doncellas consagradas.
- 5353. Solo estos no descendieron a la sima, por cuanto se consagraron al servicio de Dios y recibieron su santa palabra y su divino sello; mas todo el resto de la ciudad fue tragado por el abismo.
- 5454. Y manifestándose el Salvador en aquella hora, dijo a Felipe: ¿Quién es el que puso la mano en el arado y desvió el surco? ¿O quién entrega su lámpara a otros y se sienta en oscuridad? ¿Quién habita en tierra fértil y abandona su morada a extraños? ¿O quién arroja su vestidura y sale desnudo en el rigor del invierno? ¿O qué siervo que cumplió el mandato de su señor no es llamado a su mesa? ¿O quién corre con empeño en el estadio y no alcanza el galardón? Felipe, he aquí mi cámara nupcial aparejada; dichoso el que conserva su vestidura resplandeciente, pues recibirá la diadema de gozo eterno.
- 5555. He aquí la cena dispuesta; bienaventurado el que es convidado por el Esposo.
- 5656. Abundante es la mies del campo; bienaventurado el obrero solícito.
- 5757. Y oyendo Felipe estas razones del Salvador, le respondió diciendo: Tú nos diste potestad, oh Jesús Nazareno; ¿acaso no mandaste castigar a los que rehúsan que tú reines sobre ellos? Mas sabemos que tu nombre no fue proclamado en todo el mundo, y tú nos enviaste a esta ciudad.
- 5858. Y no pensaba yo venir a este pueblo, mas tú me enviaste dándome tu verdadero mandamiento para destruir todo error y reducir a la nada los ídolos y demonios con todo el poder del inmundo.
- 5959. Y habiendo llegado aquí, los demonios huyeron ante tu santo nombre y las serpientes perecieron, mas estos moradores no quisieron recibir tu luz verdadera; y por esto determiné humillarlos conforme a su insensatez.
- 6060. Mas el Salvador dijo: Oh Felipe, por cuanto quebrantaste mi precepto de no devolver mal por mal, quedarás detenido en el otro siglo durante cuarenta años fuera del reposo de mi promesa; este es el término de tu vida terrenal en este lugar; Bartolomé tiene su martirio en Licaonia, donde será crucificado; y Mariamme entregará su cuerpo a orillas del río Jordán.
- 6161. Y volviéndose el Salvador extendió su diestra y trazó en el aire la señal de la cruz, la cual resplandecía llena de luz a manera de una escala celestial.
- 6262. Y toda la multitud de los hombres de la ciudad que habían caído en la sima subió por la escala luminosa de la cruz, sin quedar ninguno en el fondo, salvo el tirano con los sacerdotes y la víbora idolátrica.
- 6363. Y saliendo del abismo las muchedumbres, contemplaron a Felipe suspendido boca abajo, a Bartolomé fijado en el muro del templo, y a Mariamme con su figura limpia.
- 6464. Y el Salvador ascendió a los cielos a la vista de Felipe, de Bartolomé, de Mariamme, del leopardo, del cabrito, de Nicanora y de Estaquis; y todos a gran voz glorificaron a Dios con temor y temblor, clamando: Un solo Dios hay que nos envió su salvación, cuyo nombre proclaman estos varones: nos arrepentimos de corazón del extravío en que andábamos, reconociéndonos indignos de la vida eterna; y creemos con firmeza, habiendo presenciado las maravillas que se obraron en nosotros.
- 6565. Y algunos de ellos se postraron rostro en tierra adorando a Dios ante los apóstoles, mientras otros temblaban temiendo nuevo terremoto.
- 6666. Y extendiendo las manos el apóstol Felipe, colgado boca abajo, les habló diciendo: Moradores de la ciudad, escuchad las razones que os dirijo desde este madero.
- 6767. Habéis conocido cuán grande es el poder de Dios y los portentos que contemplasteis cuando vuestra ciudad fue sacudida por el terremoto.
- 6868. Y os fue manifiesto que la casa de Estaquis permaneció incólume y él no descendió a la sima, por cuanto creyó en el Dios verdadero y nos acogió como a sus siervos.
- 6969. Y yo, habiendo cumplido la voluntad de mi Señor, soy deudor de su justicia por haber pagado mal a quien me dañó.
- 7070. Y acudieron presurosos algunos de los convertidos para desatar a Felipe, que pendía boca abajo.
- 7171. Mas él les dijo: Hermanos míos, aquellos que guardan castidad en la carne mas cometen fornicación en sus corazones y con la concupiscencia de sus ojos, abundarán como las aguas del diluvio.
- 7272. Y se entregan sin freno a deleites vanos, olvidando el conocimiento evangélico de Dios; y sus corazones se llenan de soberbia comiendo y bebiendo en sus fiestas, menospreciando el santo mandamiento.
- 7373. Aquella generación se extravió; mas bienaventurado el que se recoge en santidad, pues hallará reposo en su partida.
- 7474. ¿Acaso ignoras, Bartolomé, que la palabra de nuestro Señor es vida verdadera y sabiduría perfecta? Pues el Señor nos enseñó diciendo: Cualquiera que mira a una mujer para codiciarla, ya adulteró con ella en su corazón.
- 7575. Por esta causa nuestro hermano Pedro evitaba la presencia de mujeres, y aun padeció tropiezo con su propia hija; por la cual oró al Señor, y quedó paralizada de un lado para no ser engañada.
- 7676. Ya ves, hermano, que el mirar de los ojos acarrea tropiezo y es principio de caída, según está escrito: Vio la mujer el árbol agradable a los ojos y bueno para comer, y fue engañada.
- 7777. Sea, pues, santa la conducta de las doncellas creyentes; y cuando salieren anden de dos en dos, porque muchas son las asechanzas del adversario.
- 7878. Sea ordenado su andar y su conversación para que alcancen salvación eterna; mas si no lo hicieren, sus obras serán vanas.
- 7979. Hermano mío Bartolomé, encomienda estos preceptos a Estaquis y confiérele el episcopado de la Iglesia, para que gobierne y enseñe con rectitud.
- 8080. No confiéis ministerio tan sagrado a varón bisoño: no le sentéis en la cátedra de los maestros, para no deshonrar el testimonio de Cristo.
- 8181. Porque el que enseña debe confirmar su doctrina con obras santas, para que la palabra resplandezca en todo tiempo con gloria divina.
- 8282. En cuanto a mí, soy ya desatado de este cuerpo mortal, suspendido boca abajo.
- 8383. Tomad, pues, mi cuerpo y disponedlo para la sepultura envuelto en hojas de papel sirio, sin cubrirlo con lienzos de lino, pues el lino envolvió el cuerpo santo de nuestro Señor; y fajadlo con juncos de papiro y colocadlo en el atrio de la santa iglesia.
- 8484. Y perseverad orando por mí durante cuarenta días, a fin de que Dios me perdone la falta que cometí por haberme vengado de quien me ofendió, y no sea prolongada mi retención en el otro siglo.
- 8585. Y habiendo hablado de este modo, oró Felipe diciendo: Señor mío Jesucristo, Padre de los siglos, Rey de toda luz, que nos hiciste sabios en tu sabiduría y nos diste conocimiento celestial, comunicándonos por gracia el consejo de tu benignidad; tú que jamás te apartaste de nosotros y libras de las plagas a cuantos en ti se refugian; tú que nos diste tu divina Palabra para rescatar a los extraviados, y obraste señales y prodigios en favor de los débiles en la fe; tú que otorgas la corona a los vencedores y riges la lid eterna concediéndonos el gozo celestial para resistir a los perseguidores; tú que siembras, cosechas y vivificas a tus propios siervos: los vituperios y las amenazas se truecan en poder y auxilio para los que se convierten a ti por medio de nosotros, tus indignos siervos.
- 8686. Ven, pues, Señor amado, y concédeme la corona de la victoria en presencia de todos los hombres.
- 8787. No me cubran las tinieblas de los abismos ni su fuego devore la sustancia de mi alma, para que traspase las aguas de muerte sin zozobrar en ellas.
- 8888. Señor mío Jesucristo, no halle el acusador falta alguna que alegar contra mí delante de tu recto tribunal, sino revísteme con tu manto resplandeciente, y... (El resto falta en el manuscrito.)