Hechos de Felipe · Capítulo 2
- 11. Hechos del apóstol San Felipe cuando fue a la Hélade superior.
- 22. Y aconteció en aquellos días, habiendo entrado Felipe en la ciudad de Atenas, llamada Hélade, que se reunieron con él trescientos filósofos, diciendo: Veamos cuál es su sabiduría; porque afirman de los sabios de Asia que su sabiduría es grande.
- 33. Pues pensaban que Felipe era un filósofo, por cuanto viajaba bajo el aspecto de un ermitaño; y no sabían que era apóstol de Cristo.
- 44. Porque la vestidura que Jesús dio a sus discípulos consistía únicamente en un manto y un lienzo.
- 55. Así, pues, andaba Felipe.
- 66. Por esta causa, pues, cuando los filósofos de la Hélade le vieron, quedaron sobrecogidos de asombro.
- 77. Se congregaron, por tanto, en un lugar y se dijeron unos a otros: Venid, consultemos nuestros libros, no sea que este forastero nos supere y nos confunda.
- 88. Y habiéndolo hecho, se reunieron en el mismo sitio y dijeron a Felipe: Tenemos doctrinas de nuestros mayores en las cuales nos deleitamos, buscando el conocimiento; mas si tú posees algo nuevo, oh forastero, muéstranoslo sin reserva con franqueza: pues de nada más tenemos necesidad, sino de escuchar alguna novedad.
- 99. Y Felipe respondiendo les dijo: Oh filósofos de la Hélade, si anheláis oír cosas nuevas y estáis deseosos de novedad, conviene que despojéis de vosotros la condición del viejo hombre; conforme dijo mi Señor: Imposible es echar vino nuevo en odres viejos, porque el odre se rompe, el vino se derrama y el odre se echa a perder.
- 1010. Mas echan el vino nuevo en odres nuevos, y lo uno y lo otro se conservan juntamente.
- 1111. Y estas cosas dijo el Señor en parábolas, enseñándonos con su santa sabiduría que muchos amarán el vino nuevo sin poseer un odre limpio y renovado.
- 1212. Y yo os aprecio, oh varones de la Hélade, y os felicito por haber dicho: Amamos lo nuevo.
- 1313. Porque doctrina verdaderamente nueva y pura trajo mi Señor al mundo, a fin de disipar toda enseñanza mundana.
- 1414. Los filósofos le dicen: ¿Quién es aquel a quien llamas tu Señor? Felipe dice: Mi Señor es Jesús, que está en los cielos.
- 1515. Y ellos le respondieron: Manifiéstanoslo a nuestro entendimiento sin reserva, para que nosotros también creamos en él.
- 1616. Y Felipe dijo: Aquel a quien he de presentaros por Señor está sobre todo nombre, y no hay otro fuera de él.
- 1717. Y digo esto: como pedisteis que no os rehúse por envidia, no os lo negaré; antes bien con gran regocijo y con grande alegría os revelaré este santo nombre, pues no tengo otra labor en este mundo sino esta proclamación.
- 1818. Porque cuando mi Señor vino a este mundo, nos escogió a nosotros doce en número, y nos colmó del Espíritu Santo; de su luz nos dio a conocer quién era él, y nos mandó anunciar la salvación eterna por medio de él, por cuanto no hay otro nombre bajo el cielo dado a los hombres fuera de este.
- 1919. Por esta razón vine a vosotros, para daros certidumbre no solo con palabras, sino también con la manifestación de obras admirables en el nombre de nuestro Señor Jesucristo.
- 2020. Y oyendo esto los filósofos, dijeron a Felipe: Este nombre del cual te oímos hablar jamás lo hallamos en los libros de nuestros padres; ahora, pues, ¿cómo podremos cerciorarnos de tus palabras? Y además le dijeron: Concédenos tres días para que deliberemos sobre este nombre; pues no tenemos en poco apostatar de la religión de nuestros mayores.
- 2121. Felipe, pues, les dice: Deliberad cuanto gustéis; porque no hay engaño alguno en esta causa.
- 2222. Y habiéndose congregado los trescientos filósofos, conferenciaban entre sí diciendo: Sabéis que este varón ha introducido una doctrina extraña, y las razones dichas por él nos inquietan.
- 2323. ¿Qué haremos, pues, respecto de él, o acerca del nombre de aquel llamado Jesús, rey de los siglos, de quien habla? Y decían además unos a otros: Nosotros ciertamente no podemos disputar con él, mas el sumo sacerdote de los judíos sí podrá.
- 2424. Si os parece bien, enviemos embajada a él para que venga y haga frente a este forastero, a fin de que sepamos con exactitud qué significa el nombre que predica.
- 2525. Escribieron, pues, a Jerusalén de esta manera: Los filósofos de la Hélade a Ananías, gran sumo sacerdote de los judíos en Jerusalén.
- 2626. Grande amistad ha mediado siempre entre vosotros y nosotros, por cuanto sabéis que nosotros los atenienses inquirimos la verdad.
- 2727. Ha llegado a la Hélade cierto forastero llamado Felipe; el cual, en una palabra, nos ha conmovido en gran manera con discursos y con milagros extraordinarios, y proclama un nombre glorioso, Jesús, profesando ser su discípulo.
- 2828. Y obra también prodigios acerca de los cuales os escribimos, pues echa fuera demonios arraigados de antiguo en los hombres, y hace oír a los sordos y ver a los ciegos; y lo que es más asombroso, y que debimos mencionar primero: resucita a los muertos que ya habían cumplido el curso de sus días.
- 2929. Y su fama se ha extendido por toda la Hélade y Macedonia; y muchos acuden a él de las ciudades circunvecinas trayendo enfermos de diversas plagas, y él los sana a todos en el nombre de Jesús.
- 3030. Por esto, pues, ven a nosotros sin dilación alguna, para que tú mismo nos declares qué significa ese nombre de Jesús que él enseña.
- 3131. Pues con este propósito te enviamos esta misiva, oh sumo sacerdote.
- 3232. Y habiéndola leído, se llenó de gran cólera, rasgó sus vestiduras y exclamó: ¿Acaso aquel seductor ha llegado hasta Atenas para extraviar a los filósofos? Y Mastema, esto es Satanás, entró de improviso en Ananías y lo llenó de ira y de furor; y dijo: Si consiento que Felipe y los que con él andan vivan, la ley quedará enteramente desolada y sus enseñanzas llenarán toda la tierra.
- 3333. Y entró el sumo sacerdote en su casa, y los doctores de la ley y los fariseos con él; y consultaban entre sí diciendo: ¿Qué haremos ante esto? Y dijeron al sumo sacerdote Ananías: Levántate y toma las armas juntamente con quinientos varones escogidos del pueblo, y marcha a Atenas, y mata por cualquier medio a Felipe, y de este modo desarraigarás su doctrina.
- 3434. Y habiéndose revestido con las vestiduras pontificales, partió hacia la Hélade con gran aparato en compañía de los quinientos hombres.
- 3535. Y Felipe se hospedaba en casa de cierto principal de la ciudad, juntamente con los hermanos que habían creído.
- 3636. Y llegaron el sumo sacerdote y los suyos con los trescientos filósofos ante la puerta de la casa donde estaba Felipe; y dieron aviso a Felipe de que estaban afuera.
- 3737. Y levantándose, salió a su encuentro.
- 3838. Y viéndole el sumo sacerdote, le increpó: Oh Felipe, hechicero y encantador, bien te conozco, pues en Jerusalén tu maestro, aquel engañador, te puso por sobrenombre Hijo del Trueno.
- 3939. ¿No te bastaba toda Judea, que viniste también aquí a seducir a varones que profesan la sabiduría? Mas Felipe dijo: ¡Ojalá, oh Ananías, fuese quitado el velo de incredulidad de tu corazón, para que comprendieses mis razones y juzgases por ellas si soy yo el engañador o tú! Oyendo esto Ananías, dijo a Felipe: Delante de todos te responderé.
- 4040. Y Felipe dijo: Habla.
- 4141. Dice el sumo sacerdote: Varones de la Hélade, este Felipe cree en un hombre llamado Jesús que nació entre nosotros, el cual sembró esta herejía, quebrantó la ley y el templo, y menospreció la purificación de Moisés y las lunas nuevas, diciendo que tales cosas no fueron ordenadas por Dios.
- 4242. Y viendo nosotros que destruía la ley de nuestros padres, nos levantamos contra él y le crucificamos para que no prevaleciese su doctrina.
- 4343. Pues muchas novedades introdujo; y dio mal ejemplo, comiendo de todo indistintamente y mezclándose con sangre a la manera de los gentiles.
- 4444. Y entregándole a muerte, le sepultamos en un sepulcro; mas estos discípulos suyos que hurtaron su cuerpo proclamaron por doquier que resucitó de los muertos, seduciendo a gran multitud al asegurar que está sentado a la diestra de Dios en los cielos.
- 4545. Y ahora estos hombres, teniendo ellos mismos la circuncisión como nosotros, la han quebrantado, comenzando a obrar prodigios en Jerusalén en el nombre de Jesús; y expulsados de Judea recorren el mundo engañando a las gentes con las artes mágicas de aquel Jesús, al modo como este Felipe ha venido a engañaros a vosotros por semejantes medios.
- 4646. Mas yo lo llevaré preso a Jerusalén, porque el rey Arquelao procura asimismo quitarle la vida.
- 4747. Y oyendo esto la multitud circundante, aquellos que verdaderamente habían sido confirmados en la fe no se turbaron ni vacilaron, porque sabían que Felipe saldría vencedor para gloria de Jesús.
- 4848. Expuso, pues, Felipe su causa en el poder de Cristo con gran intrepidez, diciendo gozoso: Yo, oh varones atenienses y vosotros que sois filósofos, no vine a instruiros con vanas palabras, sino con la demostración palpable de los milagros; y en parte habéis visto con rapidez las obras obradas por medio de mí en aquel glorioso nombre que este sumo sacerdote blasfema.
- 4949. Porque he aquí que clamaré a mi Dios y os enseñaré, y vosotros mismos comprobaréis las palabras de uno y de otro.
- 5050. Oyendo esto el sumo sacerdote, se arrojó sobre Felipe queriendo herirle, y en aquella misma hora se le secó la mano y sus ojos quedaron ciegos; y del mismo modo los quinientos hombres que le acompañaban quedaron sumidos en la ceguera.
- 5151. Y vituperaban y maldecían al sumo sacerdote diciendo: Saliendo de Jerusalén te advertimos: Abstente de esto; porque siendo simples hombres, no podemos contender contra Dios.
- 5252. Mas te suplicamos, oh Felipe, apóstol del Dios Jesús, que nos devuelvas la luz por medio de él, para que seamos verdaderamente sus siervos.
- 5353. Y Felipe, viendo lo sucedido, dijo: ¡Oh naturaleza flaca, que arremetió contra nosotros y cayó abatida sobre sí misma! ¡Oh mar amargo, que levantó sus olas pretendiendo derribarnos, y por sí solo calmó su tempestad!
- 5454. Ahora, pues, oh benigno Señor nuestro Jesús, luz sagrada, no te olvidaste de los que a una voz clamamos a ti en toda obra buena, sino que viniste a coronar tu obra por medio de nosotros.
- 5555. Ven, pues, ahora, Señor Jesús, y confunde la insensatez de estos hombres.
- 5656. El sumo sacerdote dice a Felipe: ¿Piensas apartarnos de las tradiciones de nuestros padres, del Dios del desierto y de Moisés, imaginando hacernos secuaces de Jesús el Nazareno? Díjole entonces Felipe: He aquí que rogaré a mi Dios que venga y se manifieste delante de ti, de los quinientos y de toda la multitud presente, para ver si recapacitas y crees.
- 5757. Mas si hasta el fin perseveras en tu obstinada incredulidad, descenderá sobre ti un juicio portentoso del cual se hablará de generación en generación: que descenderás vivo al abismo a la vista de todos cuantos te contemplan, por cuanto persistes rebelde procurando apartar a este pueblo de la verdadera vida.
- 5858. Y oró Felipe diciendo: Oh santo Padre del santo Hijo Jesucristo, que me concediste creer en él, envía a tu amado Hijo Jesucristo para que confunda a este sumo sacerdote incrédulo, y sea glorificado tu santo nombre en Cristo, el Amado.
- 5959. Y mientras Felipe clamaba estas palabras, de repente se abrieron los cielos y se manifestó Jesús descendiendo con admirable majestad y entre resplandores celestiales; y su rostro brillaba siete veces más que el sol, y sus vestiduras eran más blancas que la nieve, de modo que todos los ídolos de Atenas cayeron súbitamente por tierra haciéndose pedazos.
- 6060. Y el pueblo huía despavorido; y los demonios que moraban entre ellos gritaban diciendo: He aquí que también nosotros huimos ante Aquel que ha aparecido en la ciudad, Jesús, el Hijo de Dios.
- 6161. Dijo entonces Felipe al sumo sacerdote: ¿Oyes a los demonios clamar ante Aquel que se ha manifestado, y no crees en el que está presente, que es Señor de todo cuanto existe? El sumo sacerdote dice: No reconozco a otro Dios sino al que se reveló en el desierto.
- 6262. Y subiendo Jesús al cielo, hubo un terremoto tan grande que el suelo donde estaban se abrió; y la multitud acudió prosternándose a los pies del apóstol y clamando: ¡Ten misericordia de nosotros, oh varón de Dios! Asimismo los quinientos hombres clamaban diciendo: Ten compasión de nosotros, oh Felipe, para que te conozcamos a ti y por medio de ti a Jesús, luz de la vida; pues advertimos a este sumo sacerdote rebelde que, siendo pecadores, no podemos pelear contra Dios.
- 6363. Entonces Felipe dice: No hay rencor alguno en nosotros, y la gracia de Cristo os devolverá la vista; mas haré que este sumo sacerdote vea primero delante de vosotros, para que vuestra fe se afirme todavía más.
- 6464. Y se oyó una voz del cielo que decía a Felipe: Oh Felipe, en otro tiempo hijo del trueno, mas ahora de la mansedumbre, todo cuanto pidieres a mi Padre, él te lo concederá.
- 6565. Y la muchedumbre quedó sobrecogida de gran pavor ante aquella voz, pues resonaba más potente que el trueno.
- 6666. Dice entonces Felipe al pontífice: Por el poder de la voz de mi Señor, recobra la vista, Ananías.
- 6767. Y al punto recobró la vista, y mirando a su alrededor exclamó: ¿Qué prodigio es este de Jesús, que este Felipe en un instante me cegó y en un instante me restituyó la vista? ¿Crees ahora en Jesús?, le preguntó Felipe. El sumo sacerdote replica: ¿Acaso crees que vas a encantarme y persuadirme con tus artes? Y oyendo los quinientos que el sumo sacerdote permanecía incrédulo tras recobrar la vista, suplicaron a Felipe que les devolviese los ojos para castigar a aquel pontífice obstinado.
- 6868. Mas Felipe dijo: No os venguéis de los impíos.
- 6969. Y advirtió al sumo sacerdote: Una gran señal descenderá sobre ti.
- 7070. Él responde a Felipe: Bien sé que eres un hechicero y discípulo de Jesús; mas no lograrás embaucarme.
- 7171. Y el apóstol dijo a Jesús: Sabarthan, sabathabt, bramanuch, ven prestamente.
- 7272. Y al instante la tierra se abrió bajo los pies de Ananías y se lo tragó hasta las rodillas.
- 7373. Y clamaba Ananías: ¡Cuán grande es el poder de esta hechicería, que hendió la tierra cuando Felipe la conjuró en lengua hebrea; y me aprisiona hasta las rodillas mientras garfios invisibles me arrastran hacia abajo para obligarme a creer en Felipe; mas no me persuadirá, pues desde Jerusalén conozco sus artificios!
- 7474. Y Felipe, indignado, mandó: ¡Oh tierra, reténle con fuerza hasta el ombligo!
- 7575. Y al punto la sima lo hundió hasta la cintura.
- 7676. Y él gritaba: Uno de mis pies en el fondo está helado como nieve, y el otro arde con terrible fuego; mas por tus artes mágicas, Felipe, no seré vencido.
- 7777. Fuera de hallarme cruelmente atormentado, nada de cuanto dices creo.
- 7878. Y las multitudes querían apedrearlo.
- 7979. Mas Felipe les dijo: No hagáis tal cosa; pues esto ha sucedido para que, viéndole tragado hasta el ombligo, se afirme la salvación de vuestras almas, pues con sus razones perversas casi os apartaba de la fe.
- 8080. Y si se arrepintiese, yo le sacaría de la tierra para salvación de su alma; mas en verdad no es digno de alcanzar gracia.
- 8181. Si persevera en su rebeldía, lo veréis sepultado en el abismo, a menos que el Señor determine levantar a los que yacen en el sepulcro para que confiesen que Jesús es el Señor.
- 8282. Porque en aquel gran día toda lengua confesará que Jesús es el Señor, para gloria de Dios Padre juntamente con el Espíritu Santo por los siglos.
- 8383. Y habiendo dicho esto Felipe, extendió su diestra en el aire sobre los quinientos hombres en el nombre de Jesús.
- 8484. Y se abrieron sus ojos, y todos a una voz alababan a Dios diciendo: Te bendecimos, oh Cristo Jesús, Dios de Felipe, porque apartaste de nosotros las tinieblas y nos diste tu divina luz, el Evangelio.
- 8585. Y Felipe se gozó sobremanera por sus palabras, viendo cómo eran afirmados en la fe.
- 8686. Y volviéndose hacia el sumo sacerdote, le dijo: Confiesa tú también con corazón puro que Jesús es el Señor, para que seas salvo juntamente con los tuyos.
- 8787. Mas el sumo sacerdote se burló de Felipe y se obstinó en su incredulidad.
- 8888. Viendo entonces Felipe su pertinaz endurecimiento, mirándole fijamente dijo a la tierra: Abre tu boca y trágatelo hasta la garganta, en presencia de todos los creyentes en Cristo Jesús.
- 8989. Y en aquella misma hora la tierra abrió su sima y le tragó hasta el cuello.
- 9090. Y la multitud comentaba con asombro los milagros acontecidos.
- 9191. Y acudió cierto magistrado de la ciudad clamando con amargura: ¡Oh bienaventurado apóstol, un demonio maligno acometió a mi hijo diciendo: Por haber consentido que un forastero entrase en la ciudad desolando nuestros cultos, mataré a tu hijo único! Y diciendo esto, lo estranguló al punto.
- 9292. Te ruego, pues, apóstol de Cristo, que no permitas que mi gozo se trueque en luto, pues yo también he creído en tus palabras.
- 9393. Y el apóstol, habiendo oído esto, dijo: Me admiro de la continua actividad de los demonios, la cual se desata en todos los lugares y se atreve a arremeter contra aquellos a quienes aún no pude socorrer, tal como ahora atentaron contra ti, deseando afligirte.
- 9494. Y dijo al afligido padre: Tráeme aquí a tu hijo, y te lo devolveré vivo por el poder de mi Cristo.
- 9595. Y lleno de gozo, corrió a buscar a su hijo.
- 9696. Y llegando a su morada, gritaba: Hijo mío, he venido a llevarte ante el santo apóstol para que te devuelva con vida.
- 9797. Y mandó a sus siervos transportar el lecho; y el mancebo contaba veintitrés años de edad.
- 9898. Y viéndolo Felipe, se conmovió profundamente; y volviéndose al sumo sacerdote le dijo: Esta ocasión se te brinda: si yo le resucito, ¿creerás de aquí en adelante? Y él contesta: Conozco tus hechizos para levantarlo; mas no creeré en ti.
- 9999. Y Felipe, lleno de santa ira, exclamó: ¡Maldito seas! Desciende enteramente al abismo delante de todos los presentes.
- 100100. Y en aquella misma hora se hundió vivo en el abismo, salvo que su manto pontifical salió volando por los aires; y por eso desde aquel día nadie supo el paradero de la vestidura sacerdotal.
- 101101. Y volviéndose el apóstol oró sobre el mancebo; y habiendo echado fuera al demonio, lo resucitó y lo entregó vivo a su padre.
- 102102. Y viendo esto la multitud, aclamaba: ¡El Dios de Felipe es el único Dios verdadero, que castigó la soberbia del pontífice impío, libró al joven del demonio y lo resucitó de entre los muertos!
- 103103. Y los quinientos hombres, habiendo visto al sumo sacerdote tragado por la tierra y los demás portentos, suplicaron a Felipe, y él les administró el sello de Cristo.
- 104104. Y moró Felipe dos años en Atenas; y habiendo constituido una iglesia, consagró obispo y presbíteros, y partió hacia Partia predicando a Cristo.
- 105105. Al cual sea la gloria por los siglos de los siglos. Amén.