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Hechos de Felipe · Capítulo 1

  1. 11. Los Hechos de Felipe: De los Viajes del Apóstol Felipe.
  2. 22. De los Decimoquintos Hechos hasta el Fin, y entre ellos su Martirio.
  3. 33. Por aquel tiempo en que el emperador Trajano asumió el imperio de los romanos, después de haber padecido el martirio Simón, hijo de Cleofás, que era obispo de Jerusalén en el año octavo de su reinado, siendo el segundo obispo de aquella iglesia después de Jacobo, llamado hermano del Señor, el apóstol Felipe, recorriendo las ciudades y comarcas de Lidia y de Asia, predicaba a todos el Evangelio de Cristo.
  4. 44. Y habiendo llegado a la ciudad de Ofiorima, que es llamada Hierápolis de Asia, fue recibido por cierto creyente llamado Estaquis.
  5. 55. Y estaban también con él Bartolomé, uno de los setenta discípulos del Señor, y su hermana Mariamme, y los discípulos que le seguían.
  6. 66. Todos los hombres de la ciudad, pues, dejando sus faenas, concurrieron a casa de Estaquis, oyendo hablar de las obras que obraba Felipe.
  7. 77. Y congregados muchos varones y mujeres en casa de Estaquis, Felipe y Bartolomé les enseñaban las cosas concernientes a Jesús.
  8. 88. Y Mariamme, la hermana de Felipe, sentada a la puerta de la casa de Estaquis, hablaba a los que acudían, persuadiéndolos a escuchar a los apóstoles, y diciéndoles: Hermanos nuestros e hijos de mi Padre celestial, vosotros sois la verdadera riqueza y la sustancia de la ciudad de arriba, la delicia de la morada que Dios aparejó para los que le aman.
  9. 99. Haced pedazos los lazos del enemigo, la serpiente tortuosa.
  10. 1010. Porque su senda es torcida, por cuanto es engendro del maligno y en él mora el veneno de la iniquidad; su padre es el diablo, autor de la muerte, y su madre la corrupción; ira hay en sus ojos y ruina en su boca, y su camino conduce al sepulcro.
  11. 1111. Huid, pues, de aquel que carece de sustancia, que no tiene forma recta en toda la creación, ni en los cielos ni en la tierra, ni entre las aves ni entre las bestias.
  12. 1212. Porque fue privado de su figura; pues entre los animales terrestres y las aves del cielo es manifiesto que la serpiente se arrastra sobre su pecho y su vientre; el abismo es su morada y anda en tinieblas, pues nada de luz posee.
  13. 1313. Huid, por tanto, de él, para que su veneno no sea derramado en vuestra boca.
  14. 1414. Sed más bien fieles, santos en buenas obras, no teniendo doblez.
  15. 1515. Desechad de vosotros el corazón perverso, esto es, los malos deseos por los cuales la serpiente, el dragón inicuo, príncipe de maldad, sembró pasto de destrucción y muerte para el alma, habiendo procedido de él toda concupiscencia de los impíos.
  16. 1616. Y esta es la raíz de la iniquidad, el sustento de los males y la muerte de las almas: porque el deseo del enemigo está aprestado contra los creyentes, brota de las tinieblas y camina en oscuridad, trabando batalla contra los hijos de la luz.
  17. 1717. Porque este es el principio de la concupiscencia.
  18. 1818. Por tanto, vosotros que deseáis allegaros a nosotros, así como Dios vino a vosotros por medio de nosotros como padre hacia sus propios hijos, queriendo tener misericordia de vosotros y libraros de la red funesta del enemigo, huid de los apetitos perversos del adversario y arrojadlos enteramente de vuestra mente, aborreciendo de corazón al padre de la mentira y amando a Jesús, que es luz, vida, verdad y Salvador de todos los que le buscan.
  19. 1919. Acudiendo, pues, a él, uníos a él con amor sincero, para que os libre de la sima de los impíos y, habiéndoos purificado, os presente irreprensibles en la verdad delante de su Padre.
  20. 2020. Y todas estas cosas decía Felipe a las multitudes que se habían congregado para rendir culto, según antigua costumbre, a las serpientes y a la víbora, de las cuales habían erigido imágenes para adorarlas.
  21. 2121. Por cuya causa llamaron también Ofiorima a Hierápolis.
  22. 2222. Y mientras estas palabras eran proclamadas por Felipe, Bartolomé, Mariamme y sus discípulos, y Estaquis con ellos, todo el pueblo prestaba oído, y gran multitud de ellos, huyendo del enemigo, se convirtió a Jesús y se unió a Felipe y a sus compañeros.
  23. 2323. Y los creyentes eran confirmados aún más en el amor de Cristo.
  24. 2424. Y Nicanora, la esposa del procónsul, que yacía en cama afligida por diversas dolencias, en especial de la vista, habiendo oído del apóstol Felipe y de su doctrina, creyó en el Señor.
  25. 2525. Pues ya con anterioridad había oído hablar de él; y habiendo invocado su nombre, fue libre de los dolores que la atormentaban.
  26. 2626. Y levantándose, salió de su casa por una puerta secreta, llevada por sus siervos en una litera de plata, y entró en casa de Estaquis, donde estaban los apóstoles.
  27. 2727. Y cuando llegó ante la puerta, Mariamme, hermana del apóstol Felipe, viéndola, le habló en lengua hebrea delante de Felipe, de Bartolomé y de toda la congregación de los creyentes, diciendo: Alemakan, ikasame, marmare, nachaman, mastranan, achaman; esto es: Hija del Padre, amada mía, fuiste entregada en prenda a la serpiente; mas Jesús, nuestro Redentor, vino a libertarte por medio de nosotros, a romper tus ligaduras y desarraigarlas de ti, porque eres hermana mía, y una misma madre nos engendró espiritualmente.
  28. 2828. Dejaste a tu padre terrenal, abandonaste el sendero extraviado que conducía a la morada mundana; dejaste el templo de la idolatría y de la gloria vana, y viniste a nosotros huyendo del enemigo, porque él es morada de muerte.
  29. 2929. He aquí que ahora tu Redentor ha venido a rescatarte; Cristo, el Sol de justicia, ha resplandecido sobre ti para iluminarte.
  30. 3030. Y oyendo Nicanora, que estaba a la puerta, estas razones, cobró aliento ante todos, clamando y diciendo: Hebrea soy e hija de hebreos; háblame en la lengua de mis mayores.
  31. 3131. Porque al oír la predicación de mis padres, al instante sané de la enfermedad y de los males que me rodeaban.
  32. 3232. Alabo, pues, la benignidad de Dios que os condujo hasta esta ciudad por causa de su piedra viva, para que por medio vuestro alcanzásemos su conocimiento y vivamos con vosotros, habiendo creído en él.
  33. 3333. Habiendo hablado así Nicanora, el apóstol Felipe, juntamente con Bartolomé, Mariamme y sus compañeros, oraron por ella a Dios diciendo: Tú que vivificas a los muertos, Cristo Jesús Señor nuestro, que nos libraste por el bautismo de la servidumbre de la muerte, libra también enteramente a esta sierva tuya del error del enemigo; hazla partícipe de tu vida y perfecciona en ella tu gracia, para que habite en libertad en la heredad de sus padres, alcanzando parte en tu bondad, oh Señor Jesús.
  34. 3434. Y habiendo respondido todos amén juntamente con el apóstol Felipe, he aquí que llegó el tirano, marido de Nicanora, embravecido como corcel indómito; y asiendo las vestiduras de su mujer, gritaba diciendo: ¡Oh Nicanora! ¿No te dejé postrada en el lecho? ¿Cómo tuviste aliento para acudir a estos hechiceros? ¿Y cómo sanaste del ardor de tus ojos? Ahora, pues, a menos que me reveles quién es tu médico y cuál es su nombre, te atormentaré con crueles suplicios sin piedad alguna.
  35. 3535. Mas ella respondiéndole dijo: Oh tirano, depón tu soberbia y renuncia a tu maldad; desecha esta vida efímera; huye de la ferocidad de tus costumbres impías; apártate del dragón maligno y de sus pasiones; arroja de ti las obras de la serpiente homicida; renuncia a los sacrificios abominables de los ídolos, que son engaño de las tinieblas; y busca una vida casta y limpia para que, viviendo en santidad, conozcas a mi divino Médico y alcances su santo nombre.
  36. 3636. Si, por tanto, deseas que permanezca contigo, disponte a vivir en continencia y en el temor del Dios verdadero, y conviviré contigo todos los días de mi vida; con tal que te purifiques de los ídolos y de sus abominaciones.
  37. 3737. Y cuando el impío procónsul oyó tales palabras, la agarró por los cabellos y la arrastró con violencia, diciendo furioso: Mejor te fuera morir a filo de espada que verte amancebada con estos extranjeros embaucadores; pues veo que has caído en el engaño de estos seductores.
  38. 3838. A ti, pues, te haré morir con muerte afrentosa; y luego, sin perdonar a ninguno, descoyuntaré a estos hombres y les daré cruel fin.
  39. 3939. Y volviéndose a sus ministros, mandó: Traedme a esos impostores.
  40. 4040. Y corriendo los verdugos a casa de Estaquis, prendieron al apóstol Felipe, a Bartolomé y a Mariamme, y los arrastraron a presencia del procónsul.
  41. 4141. Y el fiel Estaquis los seguía, juntamente con todos los hermanos.
  42. 4242. Y viéndolos el procónsul, crujió los dientes contra ellos diciendo: Atormentad a estos embaucadores que extravían a mujeres y jóvenes diciendo que adoran a Dios, siendo una abominación.
  43. 4343. Y ordenó traer correas de cuero crudo y azotar despiadadamente a Felipe, a Bartolomé y a Mariamme; y después de haber sido azotados, mandó atarles los pies y arrastrarlos por las plazas públicas hasta la puerta del templo de los ídolos.
  44. 4444. Y acudió una gran multitud de suerte que casi nadie quedó en sus casas; y todos se maravillaban de su paciencia, viéndolos arrastrados de modo tan salvaje.
  45. 4545. Y habiendo atormentado el procónsul al apóstol Felipe y a sus santos compañeros, mandó que los sacerdotes de la víbora los encerrasen en el templo hasta determinar qué muerte les daría.
  46. 4646. Y muchos de la multitud creyeron en la gracia de Cristo y se allegaron al apóstol Felipe y a los suyos, renunciando al culto de la víbora; y fueron afirmados en la fe admirando la constancia de los santos, glorificando a una voz a Dios y diciendo amén.
  47. 4747. Y estando encerrados en el templo el apóstol Felipe, Bartolomé y Mariamme, se juntaron los sacerdotes del ídolo con una muchedumbre de unos siete mil varones; y acudiendo al tribunal, clamaban: Venganza contra estos extranjeros que seducen al pueblo.
  48. 4848. Porque desde que entraron en nuestra ciudad, han cesado nuestros cultos; mataron a las serpientes, hijas de nuestra diosa, y dejaron desierto el altar; y no hallamos vino para adormecer a la víbora.
  49. 4949. Mas si queréis comprobar que son hechiceros, ved cómo nos persuaden a vivir en continencia; y cómo entraron en la ciudad sin que las serpientes los cegasen ni los devorasen; y cómo los guardianes de nuestros muros cayeron impotentes ante ellos.
  50. 5050. Y el procónsul, habiendo oído estas cosas, se encendió aún más en ira y se llenó de indignación y de amenazas; y enfurecido en gran manera, dijo a los sacerdotes: ¿Por qué tenéis necesidad de hablar, cuando ellos han embaucado a mi propia esposa? Y desde entonces ella me habla con palabras extrañas; y orando durante toda la noche, habla en una lengua desconocida con una luz resplandeciente a su alrededor; y gimiendo en alta voz, dice: Jesús, la luz verdadera, ha venido a mí.
  51. 5151. Y asomándome yo para contemplar aquella luz de la cual hablaba, me deslumbró un resplandor celestial que casi me dejó ciego; y desde entonces temo a mi esposa a causa de ese Jesús resplandeciente.
  52. 5252. Decidme, pues, sacerdotes, ¿qué debo hacer?
  53. 5353. Y ellos le respondieron: Oh procónsul, ya no podemos llamarnos sacerdotes, porque desde que los aprisionaste, a causa de sus oraciones el templo se conmueve desde sus cimientos y amenaza ruina.
  54. 5454. Mandó entonces el procónsul sacar a Felipe y a los suyos del templo y llevarlos al tribunal, diciendo al sayón: Despojad a Felipe, a Bartolomé y a Mariamme de sus ropas, y buscad con diligencia si llevan amuletos mágicos.
  55. 5555. Habiendo despojado primero a Felipe y luego a Bartolomé, se acercaron a Mariamme diciendo: Desnudémosla también a ella para que todos vean su vergüenza, pues anda con varones engañando a las mujeres.
  56. 5656. Y el procónsul mandó pregonar por la ciudad que concurriesen hombres y mujeres para presenciar su afrenta, acusándola de fornicación con aquellos forasteros.
  57. 5757. Y ordenó que colgasen a Felipe boca abajo de un árbol frente al templo, taladrándole los tobillos y los talones con garfios de hierro; y a Bartolomé lo mandó suspender frente a él, clavando sus manos en la pared de la puerta del templo.
  58. 5858. Y mirándose el uno al otro, tanto Felipe como Bartolomé sonrieron; pues estaban como si no padeciesen dolor alguno, teniendo sus tormentos por coronas de gloria.
  59. 5959. Y cuando intentaron despojar a Mariamme, he aquí que al instante mudó su aspecto ante todos, y una nube de fuego la envolvió en derredor; de modo que ninguno podía mirarla y todos huyeron espantados.
  60. 6060. Y Felipe habló a Bartolomé en lengua hebrea diciendo: ¿Dónde está nuestro hermano Juan? Porque he aquí que yo salgo ya de este cuerpo; ¿y quién orará por nosotros? Pues pusieron manos sacrílegas sobre nuestra hermana Mariamme y prendieron fuego a la casa de Estaquis por habernos hospedado.
  61. 6161. ¿Quieres, pues, Bartolomé, que descienda fuego del cielo y los consuma? Y mientras Felipe hablaba así, he aquí que Juan entró en la ciudad como un transeúnte, y preguntaba: ¿Quiénes son estos varones y por qué los atormentan? Y los ciudadanos le dijeron: Extraño debes de ser si ignoras a estos que han destruido a nuestros dioses y matado a las serpientes; y resucitaron muertos que nos anuncian castigos, y amenazan con hacer descender fuego del cielo para abrasar nuestra ciudad.
  62. 6262. Dijo entonces Juan: Llevadme y mostrádmelos.
  63. 6363. Condujeron, pues, a Juan hacia donde estaba Felipe; y había allí gran concurrencia con el procónsul y los sacerdotes.
  64. 6464. Y viéndole Felipe, dijo a Bartolomé en hebreo: Hermano, ha llegado Juan, el que estaba en Baruc, donde mana el agua viva.
  65. 6565. Y vio Juan a Felipe colgado boca abajo por los pies y los talones, y a Bartolomé fijado en el muro del templo; y les dijo: El misterio de Aquel que fue colgado entre el cielo y la tierra sea con vosotros.
  66. 6666. Y dirigiéndose a los moradores de la ciudad, exclamó: Hombres de Ofiorima Hierápolis, grande es vuestra ignorancia por cuanto camináis en tinieblas.
  67. 6767. El aliento del dragón os cegó de tres maneras: en el cuerpo, en el alma y en el espíritu, hallándoos heridos por el destructor.
  68. 6868. Mirad toda la creación, en los cielos, en la tierra y en las aguas: la serpiente ninguna semejanza tiene con lo celestial, sino que es criatura maldita y reprobada por Dios; por eso es tortuosa y en ella no hay vida, sino furor, tinieblas, fuego y veneno.
  69. 6969. ¿Por qué, pues, atormentáis a estos varones que os anunciaron que la serpiente es vuestra enemiga? Mas oyendo los moradores estas palabras, alzaron sus manos contra Juan diciendo: Te creíamos conciudadano, mas eres su cómplice.
  70. 7070. Morirás juntamente con ellos; pues los sacerdotes pensaban mezclar tu sangre con vino para darla a la víbora.
  71. 7171. Mas al intentar los sayones prender a Juan, se les secaron los brazos al instante.
  72. 7272. Y dijo Juan a Felipe: En ninguna manera devolvamos mal por mal.
  73. 7373. Mas Felipe respondió a Juan: ¿Dónde está ahora la paciencia que se me pide? No toleraré más semejante ultraje, sino que cumpliré mi amenaza y los destruiré a todos.
  74. 7474. Mas Juan, Bartolomé y Mariamme le contenían diciendo: Nuestro Maestro fue azotado, escarnecido y crucificado, bebió hiel y vinagre, y oró diciendo: Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen.
  75. 7575. Y nos enseñó diciendo: Aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón.
  76. 7676. Seamos nosotros también pacientes.
  77. 7777. Mas Felipe dijo: Apartaos y no me detengáis; no soportaré que me hayan colgado boca abajo traspasando mis talones con garfios de hierro.
  78. 7878. Y tú, amado Juan, ¡cuánto les hablaste sin ser escuchado! Dejadme, pues, que lance maldición sobre ellos y perezcan todos.
  79. 7979. Y comenzó a maldecirlos, invocando y clamando en lengua hebrea: Abalo, aremun, iduthael, tharseleon, nachoth, aidunaph, teletoloi; esto es: Oh Padre de Cristo, el único y Todopoderoso Dios; oh Dios, a quien todas las edades temen, Juez poderoso e imparcial, cuyo nombre está en tu majestad Sabaoth, bendito seas por siempre: delante de ti tiemblan los dominios y las potestades de los celestiales, y las amenazas ardientes de los querubines vivientes; el Rey, santo en majestad, cuyo nombre descendió sobre las fieras del desierto, y fueron amansadas, y te alabaron con voz racional; que miras hacia nosotros y prontamente atiendes nuestras súplicas; quien nos conoció antes de ser formados; el Soberano de todas las cosas: ahora, yo te ruego, abra el gran abismo su boca; trague la profunda sima a estos impíos, que rehúsan recibir la palabra de la verdad en esta ciudad.
  80. 8080. ¡Cúmplase, Señor de los ejércitos!
  81. 8181. Y al punto se abrió la tierra con estruendo, y fueron tragados el tribunal con el procónsul, todo el templo pagano, la víbora idolátrica y cerca de siete mil varones con multitud de sacerdotes, salvo el sitio donde estaban los apóstoles, el cual permaneció inconmovible.
  82. 8282. Y sepultado el procónsul en la sima, subían clamores desde lo profundo diciendo: Ten piedad de nosotros, oh Dios de estos santos apóstoles, pues ahora conocemos el castigo de los que no confesaron al Crucificado; he aquí que su cruz nos alumbra.
  83. 8383. ¡Oh Jesucristo, apiádate de nosotros, que descendemos vivos al sepulcro por haber maltratado a tus siervos!
  84. 8484. Y resonó una voz celestial diciendo: Hallaréis misericordia al pie de la cruz luminosa.
  85. 8585. Y quedaron libres Estaquis con toda su familia, la mujer del procónsul con cincuenta creyentes, y cien doncellas consagradas que por su pureza no sufrieron daño, selladas con la señal de Cristo.
  86. 8686. Entonces el Señor, habiéndose aparecido a Felipe, le dijo: Oh Felipe, ¿no oíste: No pagarás mal por mal? ¿Y por qué infligiste semejante destrucción? Oh Felipe, el que pone su mano en el arado y mira hacia atrás, ¿acaso endereza bien su surco? ¿O quién entrega su lámpara a otra persona y se queda sentado en las tinieblas? ¿O quién abandona su propia morada y habita por sí mismo sobre un muladar? ¿Y quién, desprendiéndose de su propia ropa en tiempo de invierno, anda desnudo? ¿O qué enemigo se alegra con el gozo de aquel que lo aborrece? ¿Y qué soldado marcha a la guerra sin llevar armadura completa? ¿Y qué siervo que cumplió el mandato de su señor no será elogiado? ¿Y quién en el hipódromo, habiendo corrido noblemente, no recibe el premio? ¿Y quién que lavó sus vestiduras las vuelve a contaminar voluntariamente? He aquí que mi cámara nupcial está aparejada; mas bienaventurado aquel que fuere hallado en ella llevando la vestidura resplandeciente: ese es el que recibe la corona sobre su cabeza.
  87. 8787. He aquí la cena dispuesta; dichoso el que acude presto al llamamiento de Aquel que le convidó.
  88. 8888. La mies es abundante; bienaventurado el obrero fiel.
  89. 8989. Mirad los lirios del campo; el buen labrador es el primero en gozar de sus frutos.
  90. 9090. ¿Y cómo te hiciste tan despiadado, oh Felipe, habiendo maldecido con ira a tus enemigos? Felipe le dice: ¿Por qué estás airado conmigo, Señor, por haber maldecido a mis enemigos? ¿Por qué causa no los quebrantas, puesto que todavía están vivos en el abismo? ¿Acaso no sabes, Señor, que por tu causa vine a esta ciudad y en tu nombre perseguí todos los extravíos de los ídolos y a todos los demonios? Los dragones y las serpientes quedaron deshechos.
  91. 9191. Y por cuanto no recibieron tu luz, los condené y descendieron vivos al abismo.
  92. 9292. Mas el Salvador le dijo: Por cuanto me desobedeciste y pagaste mal por mal sin guardar mi mandato, aunque acabarás gloriosamente tu carrera y mis ángeles te guiarán al paraíso, quedarás fuera de sus puertas durante cuarenta días ante la espada encendida, gimiendo por haberte vengado de tus perseguidores.
  93. 9393. Cumplidos los cuarenta días, enviaré a mi arcángel Miguel para que aparte la espada y te introduzca en el reposo de los justos, y adores la majestad de mi Padre celestial.
  94. 9494. Con todo, la gloria de tu martirio resplandecerá en mi cruz.
  95. 9595. Y Bartolomé irá a Licaonia, donde también será crucificado; y Mariamme reposará a orillas del río Jordán.
  96. 9696. Mas yo resucitaré a estos que cayeron en la sima, pues mi espíritu está en ellos; y viéndote a ti, creerán en Aquel que te envió.
  97. 9797. Y extendiendo el Señor su diestra, trazó en el aire una cruz resplandeciente que descendía hasta el fondo del abismo como una escala de luz.
  98. 9898. Y toda la multitud sepultada subió por la escala de la cruz luminosa; mas en el fondo quedaron el procónsul y la víbora idolátrica.
  99. 9999. Y subiendo la muchedumbre y viendo a Felipe colgado boca abajo, lloraron amargamente confesando su pecado.
  100. 100100. Y contemplaron a Bartolomé y a Mariamme con sus vestiduras puras.
  101. 101101. Y he aquí que el Señor subió a los cielos a la vista de Felipe, de Bartolomé, de Mariamme, de Estaquis y de todo el pueblo que antes era incrédulo; y en reverente silencio glorificaron todos a Dios con gran temor y temblor.
  102. 102102. Y clamaban todos diciendo: Uno solo es el Dios que estos varones proclaman; uno solo es Dios, que los envió para nuestra salvación.
  103. 103103. Arrepintámonos, pues, sinceramente de nuestro extravío, reconociéndonos indignos de la vida eterna.
  104. 104104. Ahora creemos con certidumbre, habiendo visto los portentos del Salvador que nos sacó de la sima.
  105. 105105. Y postrándose ante Felipe, le suplicaban diciendo: No descargues sobre nosotros nuevo castigo ni nos devuelvas al abismo.
  106. 106106. Y oraban fervorosamente para hacerse dignos de la misericordia de Cristo.
  107. 107107. Y Felipe, aún suspendido del madero, les habló diciendo: Escuchad y comprended la grandeza de mi Dios; contemplad cómo la ciudad fue perdonada por amor a la casa que me hospedó; y cómo su bondad os libró del abismo, debiendo yo purgar cuarenta días fuera del paraíso por haberme encendido en ira contra vosotros.
  108. 108108. Pues en esto falté a su precepto, no devolviendo bien por mal.
  109. 109109. Mas os digo: apartaos en adelante de toda iniquidad para que seáis dignos de la gracia del Señor.
  110. 110110. Y corrieron algunos de los creyentes para desatar a Felipe y quitarle los garfios de hierro de sus tobillos.
  111. 111111. Mas Felipe les dijo: No os acerquéis, hijos míos, pues este ha de ser el término de mi vida terrenal.
  112. 112112. Oídme, vosotros que fuisteis iluminados en el Señor: vine a esta ciudad no por afán terrenal, sino para entregar mi vida según estaba dispuesto.
  113. 113113. No os entristezcáis viéndome colgado boca abajo; pues llevo la semejanza del primer hombre que cayó en la tierra y fue restaurado por el madero de la cruz.
  114. 114114. Ahora cumplo lo ordenado; pues el Señor me dijo: Quien no hiciere de lo bajo alto y de lo siniestro diestro, no entrará en mi reino.
  115. 115115. No seáis, por tanto, semejantes a la condición antigua, pues todo el mundo ha sido mudado, y toda alma que habita en un cuerpo terrenal suele olvidarse de las cosas celestiales; mas no desatendamos la posesión de la gloria celestial por buscar aquello exterior, que es el cuerpo carnal y la casa de servidumbre.
  116. 116116. Sed firmes en la fe y perdonaos mutuamente vuestras ofensas.
  117. 117117. He aquí que llevo seis días colgado y reconozco mi falta ante el recto Juez por haber cedido a la indignación.
  118. 118118. Mas ahora subo a lo alto; gozaos en el Señor porque dejo esta morada terrenal, libre ya de las asechanzas del dragón que atormenta a las almas culpables.
  119. 119119. Y Felipe, mirando hacia las multitudes, dijo: Oh vosotros que subisteis de entre los muertos del abismo y de la profundidad de la sima, guiándoos a lo alto la cruz luminosa por la bondad del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo: Él, siendo Dios, se hizo hombre, habiendo tomado carne de la Virgen María, permaneciendo inmortal aun en la carne; y habiendo muerto, resucitó a los muertos, teniendo compasión de la humanidad y quitando el aguijón de la muerte y del pecado.
  120. 120120. Siendo grande se humilló por nosotros para ensalzar a los humildes y conducirlos a su gloria.
  121. 121121. Él es la suma dulzura; y habiendo probado hiel y vinagre, transformó en deleite celestial la amargura de nuestras almas.
  122. 122122. Permaneced, pues, asidos a él y no le dejéis, porque él es nuestra vida eterna.
  123. 123123. Y concluida esta exhortación, dijo: Desatad a Bartolomé; y subiendo los hermanos, lo libraron.
  124. 124124. Y desatado este, le dijo Felipe: Hermano Bartolomé, tú sabes que el Señor nos unió en esta misión juntamente con nuestra hermana Mariamme; mas tu martirio está señalado en Licaonia, y Mariamme entregará su cuerpo junto a las riberas del Jordán.
  125. 125125. Te encomiendo, pues, que cuando yo parta edifiques una iglesia en este sitio, y que el leopardo y el cabrito moren en ella por señal para los creyentes, sustentados por Nicanora hasta su fin, debiendo ser sepultados junto al atrio sagrado.
  126. 126126. Y reposará la paz en casa de Estaquis, así como Cristo bendijo a esta ciudad.
  127. 127127. Y las doncellas consagradas perseverarán en aquella morada sirviendo a los enfermos de dos en dos, guardándose de trato vano con mancebos para no dar ocasión al tentador.
  128. 128128. Guárdense de caer como cayó Eva en el principio.
  129. 129129. Tú, pues, Bartolomé, vela por ellos, encomendando estas ordenanzas a Estaquis, a quien constituirás por obispo.
  130. 130130. No confiéis el ministerio episcopal a varón bisoño, para que el Evangelio no sea vituperado; y que el maestro confirme con obras sus palabras.
  131. 131131. Yo parto para el Señor; tomad mi cuerpo y preparadlo para la sepultura envuelto en lienzos de papiro, sin usar lino, pues el lino correspondió al cuerpo inmaculado de mi Maestro.
  132. 132132. Y habiendo preparado mi cuerpo para la sepultura entre aquellas hojas de papel, atadlo fuertemente con juncos de papiro y enterradlo en la iglesia; y orad por mí durante cuarenta días, para que el Señor me perdone la transgresión en que caí al tomar venganza contra aquellos que me hicieron mal.
  133. 133133. Y sabe, Bartolomé, que donde cayere mi sangre brotará una vid fructífera que dará racimos abundantes; y exprimiendo su fruto en el cáliz, ofreceréis la santa oblación al tercer día entonando el amén.
  134. 134134. Y habiendo dicho estas cosas, oró Felipe de esta manera: Oh Señor Jesucristo, Padre de los siglos, Rey de la luz, que nos hiciste sabios en tu sabiduría, y nos diste tu entendimiento, y nos concediste el consejo de tu benignidad, que en ningún momento nos desamparaste; tú eres Aquel que quita las dolencias de los que corren a ti buscando refugio; tú eres el Hijo del Dios viviente, que nos diste la presencia de tu sabiduría, mostrándonos señales y prodigios, y haciendo volver a los que se extraviaron; tú que coronas a los que vencen al adversario, oh Justo e ilustre Juez.
  135. 135135. Ven ahora, Jesús amado, y concédeme la corona inmortal de la victoria sobre las potestades adversas, y no me detengan las tinieblas del abismo al cruzar el fuego purificador.
  136. 136136. Oh mi Señor Jesucristo, no permitas que el enemigo halle ocasión alguna para acusarme ante tu recto tribunal: antes bien revísteme con tu manto glorioso y con tu sello de luz que eternamente resplandece, hasta que yo haya traspasado todas las potestades del mundo y al dragón perverso que acecha contra nosotros.
  137. 137137. Ahora, pues, mi Señor Jesucristo, hazme salir a tu glorioso encuentro en los aires, habiéndome perdonado la represalia con que castigué a mis enemigos; transforma la figura de mi cuerpo terrenal en gloria celestial como la de los ángeles, y concédeme reposo en tu bienaventuranza; y hazme recibir de ti la promesa que hiciste a tus santos siervos por toda la eternidad.
  138. 138138. Y diciendo esto, entregó su espíritu en presencia de la multitud, que prorrumpía en llanto diciendo: En paz descansó el alma de este santo varón.
  139. 139139. Y todos respondieron amén.
  140. 140140. Y Bartolomé y Mariamme recogieron su cuerpo y lo sepultaron devotamente según él les había ordenado.
  141. 141141. Y resonó una voz del cielo que decía: Felipe el apóstol ha sido coronado con diadema incorruptible por Jesucristo, Juez supremo de la lid.
  142. 142142. Y todo el pueblo aclamó: ¡Amén!
  143. 143143. Y al tercer día brotó una hermosa vid donde había caído la sangre de san Felipe.
  144. 144144. Y perseveraron en oración durante cuarenta días ofreciendo súplicas sin cesar.
  145. 145145. Y levantaron allí la iglesia santa, ordenando a Estaquis por obispo de la congregación.
  146. 146146. Y Nicanora con todos los fieles alababa continuamente a Dios por los portentos acontecidos.
  147. 147147. Y toda la ciudad creyó firmemente en el nombre de Jesús.
  148. 148148. Y Bartolomé encomendó a Estaquis que bautizase a los creyentes en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.
  149. 149149. Y pasados los cuarenta días, el Salvador se apareció bajo la figura de Felipe y dijo a Bartolomé y a Mariamme: Amados hermanos míos, el paraíso me ha sido abierto y he entrado en el gozo del Señor.
  150. 150150. Id a los lugares señalados; porque la simiente plantada en esta ciudad dará fruto abundante.
  151. 151151. Despidiéndose, pues, con bendición de todos los hermanos, partieron de la ciudad de Ofiorima Hierápolis de Asia: Bartolomé hacia Licaonia y Mariamme hacia el Jordán; y Estaquis permaneció apacentando la iglesia en Cristo Jesús Señor nuestro, a quien sea la gloria y el poder por siempre jamás. Amén.