LUX VERITAS

Escrituras y Manuscritos

← Apología de Arístides

Apología de Arístides · Capítulo 16

  1. 1Tal es, oh Rey, el mandamiento de la ley de los Cristianos, y tal es su manera de vivir. Como hombres que conocen a Dios, pídenle peticiones que a Él le conviene otorgar y a ellos recibir. Y así emplean todo el discurso de su vida. Y por cuanto conocen las piedades de Dios para con ellos, ¡he aquí que por su causa las cosas gloriosas que hay en el mundo resplandecen a la vista! Y verdaderamente son ellos los que hallaron la verdad cuando anduvieron y la buscaron; y de lo que consideramos, aprendimos que ellos solos se allegan al conocimiento de la verdad. Y no pregonan a oídos de la multitud las buenas obras que hacen, sino que se guardan de que nadie las note; y ocultan su dádiva tal como quien halla un tesoro y lo esconde. Y se esfuerzan por ser justos como quienes esperan contemplar a su Mesías y recibir de Él con gran gloria las promesas hechas acerca de ellos. Y en cuanto a sus palabras y preceptos, oh Rey, y su jactancia en su culto, y la esperanza de alcanzar según la obra de cada uno de ellos el galardón que aguardan en otro mundo, podéis aprender de estas cosas por medio de sus escritos. Bástannos haber informado sucintamente a Vuestra Majestad acerca de la conducta y la verdad de los Cristianos. Porque grande en verdad y maravillosa es su doctrina para quien quisiere escudriñarla y meditar en ella. Y a la verdad éste es un pueblo nuevo, y hay algo de divino en medio de ellos.
  2. 2Tomad, pues, sus escritos y leed en ellos, y ¡he aquí que hallaréis que no he propuesto estas cosas por mi propia autoridad, ni he hablado así como su defensor; mas habiendo leído en sus escritos, quedé plenamente persuadido de estas cosas, como también de las que han de venir! Y por esta causa me vi constreñido a declarar la verdad a cuantos por ella se preocupan y buscan el siglo venidero. Y para mí no hay duda alguna de que la tierra subsiste por la súplica de los Cristianos. Mas el resto de las naciones yerra y causa error, revolcándose delante de los elementos del mundo, por cuanto más allá de éstos su mirada mental no puede pasar. Y andan a tientas como en tinieblas porque no quieren reconocer la verdad; y a semejanza de borrachos se tambalean, tropiezan unos contra otros y caen.