LUX VERITAS

Escrituras y Manuscritos

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Apología de Arístides · Capítulo 15

  1. 1Mas los Cristianos, oh Rey, habiendo andado y buscado, hallaron la verdad; y según aprendimos de sus escritos, se han acercado a la verdad y al genuino conocimiento más que el resto de las naciones. Porque conocen y confían en Dios, Criador del cielo y de la tierra, en quien y de quien proceden todas las cosas, a quien no hay otro dios por compañero, de quien recibieron mandamientos que grabaron en sus mentes y guardan en esperanza y expectación del siglo venidero. Por lo cual no cometen adulterio ni fornicación, no dan falso testimonio, no defraudan el depósito ajeno, ni codician lo ajeno. Honran a padre y madre y hacen bien a sus prójimos; y cuando son jueces, juzgan rectamente. No adoran ídolos hechos a semejanza de hombre; y cuanto no quieren que otros les hagan, a otros no hacen; y de los manjares consagrados a los ídolos no comen, porque son limpios.
  2. 2Y a sus opresores apaciguan y hacen de ellos sus amigos; hacen bien a sus enemigos; y sus mujeres, oh Rey, son puras como vírgenes, y sus doncellas son recatadas; y sus varones se guardan de toda unión ilícita y de toda impureza, en la esperanza del galardón venidero en el otro mundo. Además, si alguno de ellos tiene siervos o siervas o hijos, por el amor que les tienen los persuaden a hacerse cristianos, y habiéndolo hecho, los llaman hermanos sin distinción. No adoran dioses extraños y andan en toda modestia y alegría. Mentira no se halla entre ellos; y se aman unos a otros, y de las viudas no apartan su estima; y libran al huérfano de quien le trata con dureza. Y el que tiene, da al que no tiene, sin jactancia.
  3. 3Y cuando ven a un forastero, lo acogen en sus casas y se gozan con él como con un verdadero hermano; porque no los llaman hermanos según la carne, sino hermanos según el espíritu y en Dios. Y siempre que alguno de sus pobres pasa de este mundo, cada uno de ellos conforme a sus fuerzas le socorre y diligentemente atiende a su sepultura. Y si oyen que alguno de su número está preso o afligido por causa del nombre de su Mesías, todos solícitamente asisten a su necesidad, y si es posible redimirlo, le ponen en libertad. Y si hay entre ellos alguno pobre y necesitado, y no tienen comida sobrante, ayunan dos o tres días a fin de suplir al necesitado su falta de sustento. Guardan los preceptos de su Mesías con mucho recelo, viviendo justa y sobriamente según el Señor su Dios les mandó. Cada mañana y a cada hora dan gracias y alaban a Dios por sus misericordias para con ellos; y por su comida y bebida le rinden acciones de gracias. Y si algún justo entre ellos pasa de este mundo, se regocijan y dan gracias a Dios, y acompañan su cuerpo como si partiese de un lugar a otro cercano. Y cuando les nace un hijo, dan gracias a Dios; y si aconteciere que muriere en la niñez, tanto más dan gracias a Dios, como por quien pasó por el mundo sin pecados. Y además, si ven que alguno de ellos muere en su impiedad o en sus pecados, por éste lloran amargamente y se entristecen como por quien va al encuentro de su perdición.