4 Macabeos · Capítulo 9
- 1Y así, apenas acabó el tirano de exhortarlos a comer carne impura, todos a una voz y como con una sola alma le dijeron:
- 2¿Por qué tardas, oh tirano? Estamos dispuestos a morir antes que transgredir los mandamientos de nuestros padres.
- 3Pues avergonzaríamos también a nuestros antepasados si no anduviésemos en obediencia a la Ley y no tomásemos a Moisés por consejero.
- 4Oh tirano que nos aconsejas transgredir la Ley, no te compadezcas de nosotros, por odio, más de lo que nosotros mismos nos compadecemos.
- 5Pues estimamos tu misericordia, que nos concede la vida a cambio de quebrantar la Ley, cosa más difícil de soportar que la muerte misma.
- 6Quieres aterrorizarnos con amenazas de morir bajo tortura, como si hace poco nada hubieses aprendido de Eleazar.
- 7Pero si los ancianos de los hebreos soportaron las torturas por causa de la justicia, aun hasta morir, con mayor razón moriremos nosotros, los jóvenes, despreciando los tormentos con que nos obligas y sobre los cuales triunfó también nuestro anciano maestro.
- 8Ponnos, pues, a prueba, oh tirano. Y si nos quitas la vida por causa de la justicia, no pienses que nos perjudicas con tus torturas.
- 9Pues por este maltrato y nuestra perseverancia ante él ganaremos el premio de la virtud; pero tú, por asesinarnos cruelmente, sufrirás a manos de la justicia divina tormento suficiente en el fuego para siempre.
- 10Estas palabras de los jóvenes redoblaron la ira del tirano, no solo por su desobediencia, sino también por lo que él consideraba ingratitud.
- 11Así, por orden suya, los azotadores trajeron al mayor de ellos, le quitaron la vestidura y le ataron las manos y los brazos a ambos lados con correas.
- 12Pero, tras azotarlo hasta cansarse sin lograr nada, lo echaron sobre la rueda.
- 13Y en ella estiraron al noble joven hasta que sus huesos se salieron de sus articulaciones. Conforme cedía una coyuntura tras otra, denunció al tirano con estas palabras:
- 14Oh tirano abominable, enemigo de la justicia celestial y sanguinario, me atormentas de esta manera no por homicidio ni por impiedad, sino por defender la Ley de Dios.
- 15Y cuando los guardas le dijeron: «Consiente en comer, para que seas librado de tus tormentos», él les dijo: «Vuestro método, oh miserables verdugos, no es bastante fuerte para llevar cautiva mi Razón. Cortad mis miembros, y quemad mi carne, y descoyuntad mis coyunturas; a través de todos los tormentos os mostraré que, en favor de la virtud, sólo los hijos de los hebreos son invencibles».
- 16Mientras así hablaba, le pusieron además brasas ardientes encima y, aumentando la tortura, lo tensaron aún más en la rueda.
- 17Toda la rueda quedó manchada con su sangre; las brasas amontonadas se apagaban con los líquidos que caían de su cuerpo, y la carne desgarrada giraba alrededor de los ejes de la máquina.
- 18Y aunque su cuerpo ya se deshacía, aquel joven de gran alma, como verdadero hijo de Abraham, no gimió en absoluto; antes bien, como si por el fuego pasara a la incorruptibilidad, soportó noblemente el tormento, diciendo:
- 19Seguid mi ejemplo, oh hermanos. No me abandonéis para siempre ni reneguéis de nuestra hermandad en la nobleza de alma.
- 20Librad una guerra santa y honrosa por la justicia, para que la justa Providencia, que veló por nuestros padres, tenga misericordia de su pueblo y se vengue del tirano maldito.
- 21Y con estas palabras el santo joven entregó el espíritu.