4 Macabeos · Capítulo 10
- 1Mientras todos se admiraban de su firmeza de ánimo, los guardas trajeron al segundo hijo en edad y, sujetándolo con garras afiladas de hierro, lo ataron a los instrumentos de tortura y a la catapulta.
- 2Pero, cuando oyeron su noble resolución al responder a la pregunta de si prefería comer a ser torturado, aquellas fieras semejantes a panteras le desgarraron los tendones con garras de hierro, arrancaron toda la carne de sus mejillas y le quitaron la piel de la cabeza.
- 3Pero él, soportando firmemente aquella agonía, dijo: ¡Cuán dulce es toda forma de muerte por causa de la justicia de nuestros padres!
- 4Y dijo al tirano: Oh más cruel de los tiranos, ¿no te parece que en este momento tú mismo sufres tormentos peores que los míos, al ver la arrogante intención de tu tiranía vencida por mi perseverancia en favor de la justicia?
- 5Pues en medio del dolor me sostienen las alegrías que vienen de la virtud, mientras tú te atormentas al gloriarte en tu impiedad; tampoco escaparás, oh tirano abominable, a las penas de la ira divina.
- 6Y después de que afrontó valerosamente su muerte gloriosa, trajeron al tercer hijo, a quien muchos rogaron con insistencia que probara la carne y así se salvara.
- 7Pero él respondió en alta voz: ¿Ignoráis que el mismo padre me engendró a mí y a mis hermanos muertos, que la misma madre nos dio a luz y que fui criado en las mismas enseñanzas?
- 8«No reniego del noble vínculo de la hermandad».
- 9Por tanto, si tenéis algún instrumento de tormento, aplicadlo a este cuerpo mío; pues a mi alma no podéis llegar, aunque queráis.
- 10Mas ellos se enfurecieron en gran manera por las osadas palabras de aquel hombre, y descoyuntaron sus manos y sus pies con sus máquinas de tormento, y dislocaron sus miembros de sus junturas, y los descoyuntaron; y torcieron sus dedos, y sus brazos, y sus piernas, y las coyunturas de sus codos.
- 11Y como de ningún modo pudieron ahogar su espíritu, le arrancaron la piel, llevándose con ella las puntas de los dedos, le desgarraron el cuero cabelludo a la manera de los escitas y enseguida lo llevaron a la rueda.
- 12Y en ella le torcieron la columna hasta que vio su propia carne colgando en tiras y grandes borbotones de sangre brotando de sus entrañas.
- 13Y al borde de la muerte dijo: Nosotros, oh tirano abominable, sufrimos así por nuestra educación y nuestra virtud, que provienen de Dios; pero tú, por tu impiedad y tu crueldad, soportarás tormentos sin fin.