2 Clemente · Capítulo 20
- 1Y no nos disgustemos ni nos indignemos, siendo necios, cuando alguien nos amonesta y nos convierte de la injusticia a la justicia.
- 2Pues a veces, cuando hacemos el mal, no lo percibimos a causa de la doblez de ánimo y de la incredulidad presentes en nuestros corazones.
- 3Y somos oscurecidos en nuestro entendimiento por nuestros vanos deseos.
- 4Practiquemos la justicia, por tanto, para que al final seamos salvos.
- 5Bienaventurados los que obedecen estas ordenanzas. Aunque sufran un breve tiempo en este mundo, cosecharán el fruto inmortal de la resurrección.
- 6El hombre piadoso no se entristezca si es afligido en los tiempos presentes.
- 7Un tiempo bendito le espera. Aquel, viviendo nuevamente arriba con los padres, se regocijará por una eternidad sin pesares.
- 8Al único Dios invisible, Padre de la verdad, que nos envió al Salvador y autor de la inmortalidad, por quien también nos manifestó la verdad y la vida celestial, a él sea la gloria por los siglos de los siglos. Amén.