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Tránsito de María · Capítulo 1

  1. 11. El Tránsito de María: Primera Forma Latina: Sobre el Tránsito de la Bienaventurada Virgen María.
  2. 22. En aquel tiempo, antes de que el Señor llegase a su Pasión, entre las muchas palabras que la Madre pedía al Hijo, comenzó a preguntarle acerca de su propia partida, dirigiéndose a Él de esta suerte: —Oh amado Hijo, ruego a tu santidad, que cuando mi alma saliere de mi cuerpo, me des aviso al tercer día antes; y tú, Hijo amado, con tus ángeles, la recibas.
  3. 33. Entonces Él acogió la oración de su amada madre y le dijo: Oh palacio y templo del Dios vivo, oh madre bendita, oh reina de todos los santos, y bendita sobre todas las mujeres; antes de que me llevases en tu vientre, yo siempre te guardé e hice que fueses sustentada a diario con mi manjar angelical, como bien sabes: ¿cómo podré desampararte, después de haberme llevado y criado, y haberme hecho descender huyendo a Egipto, y soportado tantas fatigas por mí? Sabe, pues, que mis ángeles siempre te guardaron y te guardarán hasta tu partida.
  4. 44. Mas después que yo padeciere por los hombres, como está escrito, y resucitare al tercer día, y pasados cuarenta días subiere al cielo, cuando me vieres venir a ti con ángeles y arcángeles, con santos y con vírgenes, y con mis discípulos, ten por cierto que tu alma será separada del cuerpo, y yo la llevaré al cielo, donde nunca más tendrá tribulación ni angustia.
  5. 55. Entonces ella se gozó y se glorió, y besó las rodillas de su Hijo, y bendijo al Creador del cielo y de la tierra, que le concedió tal don por medio de Jesucristo, su Hijo.
  6. 66. En el segundo año, pues, después de la ascensión de Nuestro Señor Jesucristo, la Santísima Virgen María perseveraba siempre en oración de día y de noche.
  7. 77. Y al tercer día antes de expirar, un ángel del Señor se acercó a ella, y la saludó, diciendo: ¡Dios te salve, María, llena eres de gracia! el Señor es contigo.
  8. 88. Y ella respondió, diciendo: Gracias a Dios.
  9. 99. De nuevo él le dijo: Recibe esta palma que el Señor te prometió.
  10. 1010. Y ella, dando gracias a Dios, con gran gozo recibió de mano del ángel la palma que le fue enviada.
  11. 1111. El ángel del Señor le dijo: Tu asunción será después de tres días.
  12. 1212. Y ella respondió: Gracias a Dios.
  13. 1313. Entonces ella llamó a José, de la ciudad de Arimatea, y a los otros discípulos del Señor; y hallándose congregados tanto parientes como conocidos, anunció su partida a cuantos estaban presentes.
  14. 1414. Entonces la bienaventurada María se lavó, se vistió como reina y esperó la venida de su Hijo, como Él le había prometido.
  15. 1515. Y pidió a todos sus parientes que estuviesen junto a ella y le diesen consuelo.
  16. 1616. Y tenía consigo tres doncellas, Séfora, Abigea y Zaël; mas los discípulos de nuestro Señor Jesucristo estaban ya esparcidos por el mundo entero para predicar al pueblo de Dios.
  17. 1717. Entonces, a la hora tercera, hubo grandes truenos, lluvias, relámpagos, tribulaciones y un terremoto, mientras la reina María permanecía en su aposento.
  18. 1818. Juan, el evangelista y apóstol, fue repentinamente traído de Éfeso, y entró en el aposento de la bienaventurada María, y la saludó, diciéndole: ¡Dios te salve, María, llena eres de gracia! el Señor es contigo.
  19. 1919. Y ella respondió: Gracias a Dios.
  20. 2020. Y levantándose, besó a San Juan.
  21. 2121. Y la bienaventurada María le dijo: Oh hijo mío amado, ¿por qué me desamparaste en tal sazón, y no atendiste a los mandatos de tu Maestro, de cuidar de mí, como Él te encomendó pendiente de la cruz? Y él pidió perdón de rodillas.
  22. 2222. Entonces la bienaventurada María le dio su bendición y le besó de nuevo.
  23. 2323. Y cuando ella se disponía a preguntarle de dónde venía y con qué motivo había venido a Jerusalén, he aquí que todos los discípulos del Señor, excepto Tomás, llamado Dídimo, fueron llevados por una nube a la puerta de la estancia de la bienaventurada María.
  24. 2424. Se levantaron y entraron, saludaron a la reina con estas palabras y la honraron: ¡Dios te salve, María, llena eres de gracia! el Señor es contigo.
  25. 2525. Y ella con presteza se levantó con solicitud, se inclinó, los besó y dio gracias a Dios.
  26. 2626. Estos son los nombres de los discípulos del Señor que fueron llevados allí en la nube: Juan el evangelista, y Jacobo su hermano, Pedro y Pablo, Andrés, Felipe, Lucas, Bernabé, Bartolomé y Mateo, Matías, llamado Justo, Simón el cananita, Judas y su hermano, Nicodemo y Maximiano, y muchos otros que no pueden contarse.
  27. 2727. Entonces la bienaventurada María dijo a sus hermanos: ¿Qué es esto, que todos vosotros habéis venido a Jerusalén? Pedro, respondiendo, le dijo: Nosotros teníamos necesidad de preguntarte esto a ti, ¿y tú nos preguntas a nosotros? Ciertamente, a mi parecer, ninguno de nosotros sabe por qué hemos venido hoy aquí con tanta ligereza.
  28. 2828. Yo estaba en Antioquía y ahora me hallo aquí.
  29. 2929. Todos manifestaron claramente el lugar donde habían estado aquel día.
  30. 3030. Y todos ellos se maravillaban de hallarse allí al oír estas cosas.
  31. 3131. La bienaventurada María les dijo: Rogué a mi Hijo, antes de que padeciese la pasión, que Él e vosotros estuvieseis presentes en mi muerte; y Él me concedió este don.
  32. 3232. De donde podéis entender que mi partida será mañana.
  33. 3333. Velad y orad conmigo, para que cuando el Señor viniere a recibir mi alma, os halle velando.
  34. 3434. Entonces todos prometieron que velarían.
  35. 3535. Y velaron y oraron toda la noche, con salmos y cánticos, y con grandes luminarias.
  36. 3636. Y venido el día del Señor, a la hora tercera, así como el Espíritu Santo descendió sobre los apóstoles en una nube, así Cristo descendió con multitud de ángeles, y recibió el alma de su amada madre.
  37. 3737. Pues hubo tal resplandor y olor de suavidad, y ángeles cantando cánticos de cantares, donde el Señor dice: Como lirio entre las espinas, así es mi amada entre las doncellas, que cuantos estaban allí presentes cayeron sobre sus rostros en tierra, a la manera que cayeron los apóstoles cuando Cristo se transfiguró delante de ellos en el monte Tabor, y por espacio de hora y media nadie pudo levantarse.
  38. 3838. Mas cuando la luz se disipó, y juntamente con la misma luz, el alma de la bienaventurada virgen María fue alzada al cielo con salmos, himnos y cánticos de cantares.
  39. 3939. Y al subir la nube, toda la tierra tembló, y en un momento todos los moradores de Jerusalén vieron manifiestamente la partida de Santa María.
  40. 4040. Y en aquella misma hora entró Satanás en ellos, y comenzaron a deliberar qué harían con su cuerpo.
  41. 4141. Y tomaron armas para quemar su cuerpo y matar a los apóstoles, diciendo que de ella salieron las dispersiones de Israel a causa de sus pecados y la congregación de los gentiles.
  42. 4242. Mas quedaron ciegos, topando con sus cabezas en los muros y chocando unos contra otros.
  43. 4343. Entonces los apóstoles, confortados con tanta claridad, se levantaron y, entonando salmos, llevaron el santo cuerpo desde el monte Sión hasta el valle de Josafat.
  44. 4444. Mas yendo por medio del camino, he aquí que un cierto judío, de nombre Rubén, quiso arrojar a tierra el sagrado lecho con el cuerpo de la bienaventurada María.
  45. 4545. Mas sus manos se le secaron hasta los codos; y quisiese o no, descendió hasta el valle de Josafat, llorando y gimiendo porque sus manos habían quedado pegadas al féretro y no podía apartarlas de él.
  46. 4646. Y comenzó a rogar a los apóstoles que por sus oraciones pudiese ser salvo y hecho cristiano.
  47. 4747. Entonces los apóstoles, doblando las rodillas, pidieron al Señor que lo desatase.
  48. 4848. Y él, quedando sano en aquella misma hora, dando gracias a Dios y besando los pies de la reina de todos los santos y apóstoles, fue bautizado en aquel mismo lugar, y comenzó a predicar el nombre de nuestro Dios Jesucristo.
  49. 4949. Entonces los apóstoles con gran honra depositaron el cuerpo en el sepulcro, llorando y cantando con gran amor y dulzura.
  50. 5050. Y de repente resplandeció alrededor de ellos una luz del cielo, y cayeron en tierra, y el santo cuerpo fue llevado por los ángeles al cielo.
  51. 5151. Entonces el bienaventurado Tomás fue repentinamente trasladado al Monte de los Olivos, y vio el cuerpo bendito subir al cielo, y comenzó a clamar y decir: ¡Oh madre santa, madre bendita, madre inmaculada, si he hallado gracia porque te veo, alegra a tu siervo con tu compasión, porque vas al cielo!
  52. 5252. Entonces el ceñidor con que los apóstoles habían ceñido el cuerpo santísimo le fue arrojado desde el cielo al bienaventurado Tomás.
  53. 5353. Y tomándolo, besándolo y dando gracias a Dios, volvió al valle de Josafat.
  54. 5454. Halló a todos los apóstoles y a otra gran multitud hiriéndose el pecho a causa del resplandor que habían contemplado.
  55. 5555. Y viéndose y besándose, el bienaventurado Pedro le dijo: Verdaderamente siempre fuiste obstinado e incrédulo, pues por tu incredulidad no plugo a Dios que estuvieses con nosotros en la sepultura de la madre del Salvador.
  56. 5656. Y él, hiriéndose el pecho, dijo: Sé y creo firmemente que siempre he sido hombre perverso e incrédulo; por tanto, os pido perdón a todos por mi dureza e incredulidad.
  57. 5757. Y todos oraron por él.
  58. 5858. Entonces el bienaventurado Tomás dijo: ¿Dónde pusisteis su cuerpo? Y le señalaron con el dedo el sepulcro.
  59. 5959. Y él dijo: El cuerpo que se llama santísimo no está allí.
  60. 6060. Entonces el bienaventurado Pedro le dijo: Ya en otra ocasión no quisiste creer en la resurrección de nuestro Maestro y Señor por nuestra palabra, sino que habías de tocarle con los dedos y verle; ¿cómo creerás ahora por nosotros que el santo cuerpo está aquí? Mas él perseveraba diciendo: No está aquí.
  61. 6161. Entonces, como airados, fueron al sepulcro, que era nuevo, cavado en la peña, y quitaron la piedra; mas no hallaron el cuerpo, y no sabían qué decir, habiendo sido convencidos por las palabras de Tomás.
  62. 6262. Entonces el bienaventurado Tomás les refirió cómo estaba cantando alabanzas en la India —llevaba aún sus ornamentos sacerdotales.
  63. 6363. Y fue arrebatado al Monte de los Olivos, y vio el santísimo cuerpo de la bienaventurada María subir al cielo, y le rogó que le diese una bendición.
  64. 6464. Ella oyó su plegaria y le arrojó el ceñidor que traía consigo.
  65. 6565. Y los apóstoles, viendo el ceñidor que le habían puesto, glorificando a Dios, pidieron todos perdón al bienaventurado Tomás, por la bendición que la bienaventurada María le había otorgado, y porque había visto el cuerpo santísimo subir al cielo.
  66. 6666. Y el bienaventurado Tomás les dio su bendición y dijo: ¡He aquí cuán bueno y cuán suave es que los hermanos habiten juntos en armonía! Y la misma nube que los había traído los restituyó a cada uno a su lugar, a la manera que Felipe cuando bautizó al eunuco, como se lee en los Hechos de los Apóstoles; y como el profeta Habacuc llevó comida a Daniel, que estaba en el foso de los leones, y con presteza volvió a Judea.
  67. 6767. Y así también los apóstoles volvieron con ligereza adonde se hallaban primeramente, a predicar al pueblo de Dios.
  68. 6868. Ni es maravilla que Él haya obrado tales prodigios, Aquel que entró en la virgen y salió de ella permaneciendo su vientre sellado; Quien, estando las puertas cerradas, entró a sus discípulos; que hizo a los sordos oír, resucitó a los muertos, limpió leprosos, dio vista a los ciegos e hizo otras muchas maravillas.
  69. 6969. Creer esto no es cosa dudosa.
  70. 7070. Yo soy José que puso el cuerpo del Señor en mi sepulcro y le vio resucitar; y que, antes y después de la ascensión del Señor, siempre custodié su templo santísimo, la bienaventurada y siempre virgen María, y guardé por escrito y en mi corazón las cosas que salieron de la boca de Dios, y cómo cuanto se ha dicho fue cumplido por providencia de Dios.
  71. 7171. Y manifesté a todos, judíos y gentiles, lo que vi con mis ojos y oí con mis oídos; y mientras viva no cesaré de declararlo.
  72. 7272. Y a ella, cuya asunción es hoy venerada y honrada en todo el mundo, suplicamos asiduamente que se acuerde de nosotros delante de su piadoso Hijo en el cielo, a quien sea alabanza y gloria por los siglos sin fin. Amén.