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Testamento de Jacob · Capítulo 3

  1. 1Alzó los ojos hacia el resplandor del ángel que hablaba con él, el cual tenía apariencia y rostro semejante a su padre Isaac: temió y se turbó en gran manera.
  2. 2El ángel le dijo: “No temas, Jacob: yo soy el ángel que ha estado contigo desde tu juventud. Yo te escogí para recibir la bendición de tu padre Isaac y la de tu madre Rebeca.
  3. 3Yo fui quien te libró de Labán cuando te perseguía; yo te bendije a ti, y a todas tus mujeres, y a tus hijos, y a todo tu ganado. Yo fui también quien te guardó de Esaú. Yo fui asimismo quien te hizo descender a la tierra de Egipto, Israel; y te multipliqué por todas partes.
  4. 4Bienaventurado tu padre Abraham, porque fue hecho amigo del Dios Altísimo a causa de su hospitalidad. Bienaventurado tu padre Isaac, que te engendró, pues su sacrificio fue perfecto y agradable a Dios.
  5. 5Bienaventurado tú también, Jacob, porque viste a Dios cara a cara y contemplaste el ejército de los ángeles del Dios Altísimo. Viste la escalera asentada en la tierra y cuya cúspide tocaba el cielo. Viste asimismo al Señor puesto en lo alto con poder sobremanera grande para ser expresado en palabras. Clamaste diciendo: ‘Esta es casa de Dios y esta es puerta del cielo.’ Bienaventurado tú, pues hallaste fortaleza con Dios y venciste con los hombres.
  6. 6Ahora, pues, no te congojes, amado de Dios. Bienaventurado tú, Israel, y bienaventurados todos tus descendientes, porque serán llamados patriarcas hasta el fin de este siglo; pues vosotros sois mi pueblo y vosotros sois la raíz de los siervos de Dios.
  7. 7Bendita toda nación que imitare tu pureza, y tus virtudes, y tu rectitud, y tus buenas obras. Bienaventurado el varón que te honrare en tu solemnidad conmemorativa. Bienaventurado el que hiciere obra de caridad en tu nombre, o diere a un hombre un vaso de agua fría, o trajere una ofrenda perfecta en tu memoria, o en cualquier lugar en tu nombre, o recibiere a un extranjero, o visitare a un enfermo, o consolare a un huérfano, o vistiere al desnudo en tu nombre.
  8. 8No le faltará bien alguno en este mundo; y en el mundo venidero tendrá la vida eterna. Y asimismo, quienquiera que escribiere la historia de tu vida con su trabajo, o quien hiciere copia de ella con sus manos, o quien la leyere atentamente, y quien la oyere con fe y ánimo dispuesto, y quienquiera que imitare tu tenor de vida —todos sus pecados le serán perdonados, y le serán perdonados de gracia en el reino de los cielos.
  9. 9Levántate, pues, ahora, porque trocarás aflicción y congoja por el reposo eterno, y serás llevado a un descanso que nunca cesa, a un reposo sin fin, a una luz que jamás se pone, y al gozo inefable y a la bienaventuranza espiritual.
  10. 10Ahora, pues, da tus mandamientos a tus hijos, y la paz sea contigo; pues estoy a punto de partir a Aquel que me envió.”