LUX VERITAS

Escrituras y Manuscritos

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¿Quién es el rico que se salva? (Clemente) · Capítulo 8

  1. 1A quien desea vivir la vida verdadera se le manda, primero, conocer a Aquel 'a quien nadie conoce, a menos que el Hijo lo revele'. Después debe conocer la grandeza del Salvador que viene tras él y la novedad de la gracia; pues, según el apóstol, 'la ley fue dada por Moisés; la gracia y la verdad vinieron por Jesucristo'. Los dones concedidos por medio de un siervo fiel no se igualan a los otorgados por el verdadero Hijo. Si la ley de Moisés hubiera bastado para dar la vida eterna, habría sido inútil que el propio Salvador viniera y padeciera por nosotros, recorriendo toda la vida humana desde Su nacimiento hasta la cruz; e inútil que quien había guardado desde joven todos los mandamientos de la ley se arrodillara y suplicara a otro la inmortalidad. Él no solo había cumplido la ley, sino que había empezado a hacerlo desde su primera juventud. Pues ¿qué hay de grande o especialmente ilustre en una vejez que no produce faltas? Pero si alguien, en medio de los impulsos y el ardor de la juventud, muestra un juicio maduro que supera sus años, ese es un campeón admirable y distinguido, notablemente anciano en el espíritu.
  2. 2No obstante, ese hombre, siendo así, está plenamente persuadido de que nada le falta en cuanto a la justicia, pero de que carece por completo de vida. Por eso la pide a Aquel que solo puede concederla. Respecto de la ley muestra confianza, pero dirige su súplica al Hijo de Dios. Es conducido de fe en fe. Zarandeado peligrosamente y anclado en un refugio inseguro de la ley, se dirige al Salvador para encontrar puerto.