¿Quién es el rico que se salva? (Clemente) · Capítulo 14
- 1Las riquezas, por tanto, que también benefician a nuestros prójimos no deben desecharse. Son posesiones porque son poseídas y bienes porque son útiles y provistos por Dios para el uso de los hombres. Están al alcance de nuestra mano y bajo nuestro poder como materia e instrumentos para el buen uso de quien sabe manejar el instrumento. Si lo empleas hábilmente, sirve a tu habilidad; si careces de habilidad, sufre las consecuencias de tu falta, aunque él mismo no tiene culpa. La riqueza es un instrumento así. ¿Sabes usarla rectamente? Sirve a la justicia. ¿Alguien la usa mal? Se convierte, por el contrario, en servidora de la injusticia. Su naturaleza es servir, no gobernar. Por tanto, no se debe culpar a aquello que en sí mismo no es bueno ni malo y está libre de culpa, sino a lo que tiene el poder de usarlo bien o mal porque posee la facultad de elegir libremente. Eso es la mente y el juicio humanos, que poseen libertad y autodeterminación en el trato de lo que les ha sido confiado. Que nadie, pues, destruya la riqueza en lugar de las pasiones del alma, incompatibles con su mejor uso; así, al hacerse virtuoso y bueno, podrá usar bien esos bienes. La renuncia y venta de todas las posesiones deben, por tanto, entenderse como referidas a las pasiones del alma.