¿Quién es el rico que se salva? (Clemente) · Capítulo 15
- 1Diría, entonces, lo siguiente. Algunas cosas están dentro del alma y otras fuera de ella; si el alma las usa bien, también ellas son consideradas buenas, y, si las usa mal, malas. Quien nos manda apartar las posesiones, ¿rechaza las cosas cuya eliminación deja subsistir las pasiones, o más bien aquellas cuya eliminación vuelve provechosa incluso la riqueza? Si, por tanto, quien se deshace de la riqueza terrena todavía puede ser rico en pasiones, aun sin la materia que las alimentaba — pues su disposición produce sus propios efectos, estrangula la razón, la oprime y la inflama con sus deseos innatos —, de nada le sirve ser pobre de bolsa y rico en pasiones. No ha arrojado lo que debía, sino lo que es indiferente; se ha privado de lo útil y, por carecer de los medios exteriores, ha prendido fuego al combustible innato del mal. Debemos, pues, renunciar a las posesiones nocivas, no a las que pueden ser útiles cuando se sabe emplearlas rectamente. Lo administrado con sabiduría, sobriedad y piedad aprovecha; lo nocivo debe desecharse. Pero las cosas exteriores no dañan por sí mismas. Así, el Señor introduce el uso de las cosas exteriores y nos manda apartar, no los medios de subsistencia, sino lo que los usa mal: las enfermedades y pasiones del alma.