Sobre la resurrección (Atenágoras) · Capítulo 3
- 1Además, que su poder basta para resucitar los cuerpos muertos lo demuestra la creación de esos mismos cuerpos. Pues si, cuando no existían, formó en su primera constitución los cuerpos humanos y sus elementos originarios, cuando se disuelvan, de cualquier modo que suceda, los resucitará con igual facilidad; pues esto también le es igualmente posible. Y el argumento no se ve perjudicado si algunos suponen que los primeros principios proceden de la materia, o que al menos los cuerpos humanos se derivan de los elementos como materiales primordiales, o de la semilla.
- 2Pues el poder que pudo dar forma a lo que ellos consideran materia informe, adornarla, cuando estaba privada de forma y orden, con formas numerosas y diversas, reunir en una sola las distintas porciones de los elementos, dividir en muchas la semilla que era una y simple, organizar lo desorganizado y dar vida a lo que carecía de ella, ese mismo poder puede reunir lo disuelto, levantar lo postrado, devolver la vida a los muertos y llevar lo corruptible a un estado de incorrupción.
- 3Al mismo Ser, al mismo poder y a la misma destreza corresponderá separar aquello que fue despedazado y distribuido entre una multitud de animales de toda especie, que suelen acudir a tales cuerpos y saciar en ellos su apetito; separar esto, digo, y volver a unirlo a los miembros y partes de miembros que le corresponden, ya haya pasado a uno de esos animales o a muchos, o de estos a otros, o, tras disolverse junto con ellos, haya regresado a los elementos originales, en los que se descompuso según una ley natural. Esta cuestión parece haber desconcertado en gran medida incluso a algunos de los admirados por su sabiduría, quienes, no sé por qué, juzgan dignas de seria atención las dudas planteadas por la multitud.