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Evangelio del Pseudo-Mateo · Capítulo 7

  1. 11. Y María era tenida en admiración por todo el pueblo de Israel; y siendo apenas de tres años, andaba con paso tan reposado, hablaba con tal gravedad y empleaba su tiempo tan asiduamente en las alabanzas de Dios, que todos quedaban atónitos y maravillados mirándola; pues no parecía párvula, sino persona crecida de edad madura.
  2. 22. Era tan continua en su oración, y su aspecto resplandecía tan hermoso y glorioso, que apenas había quien pudiese fijar la mirada en su rostro.
  3. 33. Ocupábase sin descanso en labores de lana, de modo que en tan tiernos años ejecutaba cuanto las ancianas peritas no alcanzaban a realizar.
  4. 44. Y este fue el orden de vida que ella se impuso: desde el amanecer hasta la hora tercia velaba en oración; desde la tercia hasta la nona trabajaba en hilar y tejer; y desde la nona en adelante tornaba a derramar su alma en súplicas.
  5. 55. Y no cesaba de orar hasta que se le manifestaba el ángel del Señor, de cuyas manos solía recibir su diario sustento; adelantando de continuo en la perfección de Dios.
  6. 66. Y reposando las otras vírgenes ancianas de sus alabanzas, ella no reposaba en manera alguna; de suerte que en los cánticos y vigilias del Señor ninguna se hallaba antes que ella, ninguna más docta en la divina ley, más humilde en mansedumbre, más graciosa en el cantar, ni más cabal en toda virtud.
  7. 77. Mostrábase firme, constante, inmutable, y avanzaba cada día hacia mayor excelencia.
  8. 88. Nadie la vio airada jamás, ni oyó de sus labios palabra descomedida.
  9. 99. Todo su hablar rebosaba de gracia celestial, de suerte que se reconocía que Dios moraba en su boca.
  10. 1010. Hallábase siempre solícita en la oración y en escudriñar la ley, guardándose con gran cuidado de pecar por alguna palabra contra sus compañeras.
  11. 1111. Temía en gran manera que en su risa o en el tono de su hablar hubiese falta alguna, o que, gozosa en su ánimo, mostrase altivez o agravio a sus semejantes.
  12. 1212. Bendecía a Dios sin intermisión; y a fin de no interrumpir su alabanza aun en el saludar, a cualquiera que la saludaba respondía por vía de salutación: Gracias a Dios.
  13. 1313. Y de ella provino la santa costumbre de decir: Gracias a Dios, al saludarse los fieles.
  14. 1414. Ella se sustentaba únicamente con el manjar que recibía de continuo de mano del ángel; y las raciones que le suministraban los sacerdotes las repartía a los necesitados.
  15. 1515. Los santos ángeles de Dios eran vistos platicando frecuentemente con ella, asistiéndola con prontitud y reverencia.
  16. 1616. Y si algún enfermo lograba tocarla, al punto quedaba sano y volvía salvo a su casa.