Evangelio del Pseudo-Mateo · Capítulo 40
- 11. Rogaron por tercera vez los judíos a María y a José que buscasen a otro preceptor para que aprendiese las letras.
- 22. Y temiendo la multitud, la soberbia de los jefes y las intimidaciones de los sacerdotes, lleváronlo de nuevo a la escuela, bien sabedores de que nada podía aprender de los hombres, por poseer toda ciencia cabal de parte de Dios.
- 33. Y entrando Jesús en el aula movido por el Espíritu Santo, tomó el rollo sagrado de manos del maestro que enseñaba la ley, y en presencia y a oídos de todos comenzó a proclamar, no lo que en aquel texto yacía, sino palabras inspiradas por el Espíritu del Dios vivo, a semejanza de torrente inagotable que brota de perenne manantial de aguas vivas.
- 44. Y con tanta majestad predicaba las grandezas del Dios vivo, que el maestro mismo cayó postrado en tierra y le adoró reverente.
- 55. Y los corazones de cuantos estaban presentes escuchándole se sobrecogieron de profundísimo asombro.
- 66. Llegada la nueva a oídos de José acudió azorado, temiendo que el nuevo maestro hubiese perecido también.
- 77. Mas viéndole el preceptor exclamó: No me trajiste a un discípulo, sino a un maestro soberano; ¿quién podrá resistir a sus palabras? Cumplióse así el dicho del salmista: El río de Dios está lleno de aguas abundantes: preparaste grano para ellos, pues así la provees.