Evangelio del Pseudo-Mateo · Capítulo 32
- 11. Por segunda vez dijo el maestro Zaqueo, doctor de la ley, a José y a María: Entregadme al muchacho, y yo lo llevaré al maestro Leví para que le enseñe las primeras letras y lo instruya.
- 22. Entonces José y María, acariciando con ruegos a Jesús, lleváronlo a la escuela para que aprendiese las letras del anciano maestro Leví.
- 33. Y apenas entró en el aula, guardó absoluto silencio.
- 44. Pronunció entonces el maestro Leví una letra ante Jesús, y comenzando por la primera letra, Álef, díjole: Responde.
- 55. Mas Jesús guardó silencio sin responder nada.
- 66. Airóse entonces el preceptor Leví, y asiendo una vara de estoraque le asestó un golpe en la cabeza.
- 77. Y dijo Jesús al maestro Leví: ¿Por qué me golpeas? Has de saber en verdad que Aquel a quien hieres puede enseñar al que le hiere mucho más de lo que puede aprender de él.
- 88. Porque yo puedo enseñarte con verdad el cabal sentido de las letras que pronuncias.
- 99. Mas ciegos son cuantos hablan y escuchan, semejantes a bronce que resuena o címbalo que retiñe, desprovistos de comprensión de lo que su sonido representa.
- 1010. Y volviéndose Jesús a Zaqueo, dijo: Cada letra desde Álef hasta Tau es conocida por su disposición y figura.
- 1111. Declara primero tú qué misterio encierra Tau, y yo te manifestaré lo que es Álef.
- 1212. Y añadió Jesús: Los hipócritas que no comprenden el principio de Álef, ¿cómo pretenden explicar la letra postrera? Declárame tú primero Álef, y entonces te daré crédito cuando pronuncies Bet.
- 1313. Y comenzó Jesús a inquirir por cada letra una por una: Diga el letrado qué significa la primera letra, y por qué razón tiene tantos ángulos, trazos agudos, intermedios, prolongados, erguidos y curvados.
- 1414. Y oyendo esto Leví, quedó anonadado ante semejante sabiduría de los nombres y figuras de las letras.
- 1515. Y comenzó a clamar a oídos de todos: ¿Debe vivir sobre la tierra semejante párvulo? ¡Digno fuera de ser suspendido en una cruz!
- 1616. Pues bien puede apagar las llamas del fuego y burlar cualquier género de tormento.
- 1717. Juzgo que este niño existía antes del diluvio y fue engendrado con anterioridad a los siglos.
- 1818. ¿Qué seno lo concibió, o qué madre lo alumbró, o qué pechos le dieron leche? Huyo de su presencia; soy incapaz de resistir a las sentencias de su boca, y mi corazón desfallece oyéndole hablar.
- 1919. No creo que hombre terrenal alguno alcance a comprender su lenguaje, si Dios mismo no asiste con él.
- 2020. ¡Miserable de mí, que por mi propia mano me expuse a ser objeto de confusión y desdoro!
- 2121. Pues juzgando admitir a un discípulo ignorante, hallé para mi asombro a mi soberano maestro.
- 2222. ¿Qué diré? No puedo sostener el peso de sus palabras; forzoso me será partir de esta comarca, pues no alcanzo a penetrarlas.
- 2323. Un anciano docto como yo ha sido vencido por un párvulo, pues no hallo principio ni término en cuanto pronuncia.
- 2424. Porque ciertamente no es empresa humana hallar su principio ni su fin.
- 2525. Os declaro con entera verdad, sin engaño alguno, que a mi juicio el porte de este niño, sus profundas palabras y el alcance de sus razones nada tienen en común con los hombres mortales.
- 2626. No alcanzo a discernir si es una divinidad o si un excelso ángel del Señor habla por su boca.
- 2727. De dónde proceda, cuál sea su linaje celestial o quién haya de ser, yo ciertamente lo ignoro.
- 2828. Sonriéndose entonces Jesús con semblante bondadoso, exclamó con voz imperiosa ante toda la muchedumbre de Israel que escuchaba: Fructifiquen los estériles, recobren la vista los ciegos, caminen rectos los cojos, disfruten los menesterosos de los bienes de salvación y revivan los difuntos, a fin de que retornen a su pristino ser y permanezcan en Aquel que es raíz de vida y dulzura perpetua.
- 2929. Y al pronunciar tales mandatos el infante Jesús, al instante quedaron libres de sus plagas y sanos cuantos padecían enfermedades perniciosas.
- 3030. Y nadie osó desde entonces replicar cosa alguna en su presencia.