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Evangelio del Pseudo-Mateo · Capítulo 14

  1. 11. Aconteció poco después que se promulgó un edicto de César Augusto para empadronar a todo el orbe habitado, acudiendo cada cual a empadronarse a su propia ciudad natal.
  2. 22. Este primer censo fue ejecutado siendo Cirenio gobernador de la provincia de Siria.
  3. 33. Forzoso era, por tanto, que José subiese a empadronarse con la bienaventurada María en Belén, por cuanto pertenecían a ella, siendo del linaje de Judá y de la casa y parentela de David.
  4. 44. Y yendo en camino José y la bienaventurada María en dirección a Belén, dijo María a José: Contemplo dos pueblos delante de mis ojos, el uno lamentándose y el otro lleno de alborozo.
  5. 55. Respondióle José: Sosiégate sobre tu cabalgadura, y no pronuncies palabras superfluas.
  6. 66. Apareció entonces ante ellos un hermoso mancebo vestido de ropas resplandecientes, el cual dijo a José: ¿Por qué juzgaste superfluo lo que María pronunció tocante a los dos pueblos? Ciertamente ha contemplado al pueblo de los judíos lamentándose por haberse desviado de su Dios; y a la muchedumbre de los gentiles regocijándose con gran júbilo por haber sido allegados al Señor, conforme a lo prometido a nuestros antiguos padres Abraham, Isaac y Jacob: pues cercano está el cumplimiento de que en la simiente santa de Abraham sean benditas todas las familias de la tierra.
  7. 77. Y habiendo dicho esto, mandó el ángel detener la bestia, por cuanto se acercaba la hora del alumbramiento; y mandó a la bienaventurada María que descendiese del asno y entrase en una gruta subterránea donde jamás penetraba la luz exterior, hallándose siempre envuelta en tinieblas.
  8. 88. Y al entrar en ella la bienaventurada María, comenzó aquel recinto a resplandecer con tanta claridad como si fuese el mediodía.
  9. 99. La celestial luz divina resplandeció allí tan vivamente, que ni de día ni de noche escaseó el fulgor mientras la bienaventurada doncella permaneció en aquel lugar.
  10. 1010. Y allí dio a luz un hijo varón, y coros de ángeles lo rodearon solemnemente en su sagrado nacimiento.
  11. 1111. Y apenas nació, asentóse sobre sus plantas, y los santos ángeles lo adoraron entonando: ¡Gloria a Dios en las alturas, y en la tierra paz a los hombres de buena voluntad!
  12. 1212. Hallándose ya cercano el divino parto, había salido José presuroso en busca de comadronas.
  13. 1313. Y habiéndolas hallado, regresó a la cueva y contempló junto a María al infante recién nacido.
  14. 1414. Dijo entonces José a la bienaventurada María: He traído a dos parteras, Zelomí y Salomé, las cuales aguardan afuera a la entrada de la cueva, no osando penetrar a causa del resplandor excesivo.
  15. 1515. Al oírlo la bienaventurada María sonrió dulcemente; y díjole José: No te sonrías, sino permite prudentemente que te asistan, por si menester hubieres de su auxilio para tu descanso.
  16. 1616. Mandóles ella entonces que entrasen.
  17. 1717. Y entrando Zelomí, quedándose Salomé a la puerta, dijo Zelomí a María: Permíteme que te examine con mis manos.
  18. 1818. Y consintiéndolo María, la comadrona prorrumpió en grandes clamores, exclamando: ¡Señor Dios Omnipotente, ten misericordia de nosotros! Jamás se vio ni oyó que mujer alguna tuviese pechos rebosantes de leche y que el nacimiento de un infante manifestase que su madre persevera enteramente virgen.
  19. 1919. Ni hubo derramamiento alguno de sangre en su parto, ni dolor alguno al dar a luz tan soberano fruto.
  20. 2020. Virgen concibió, virgen parió y virgen permanece para siempre.
  21. 2121. Oyendo esto Salomé, dijo: Déjame tocarte también a mí, para cerciorarme si Zelomí ha dicho la pura verdad.
  22. 2222. Y consintió la bienaventurada doncella en que la tocase.
  23. 2323. Mas al retirar la mano de tocarla, quedóse instantáneamente seca y marchita; y traspasada de atroz dolor se puso a llorar amargamente angustiada en gran manera, clamando: ¡Oh Señor Dios!, bien sabes que siempre te temí y que sin salario curé de balde a todos los afligidos; nada exigí de la viuda ni del huérfano, y jamás despedí vacíos a los necesitados.
  24. 2424. Y he aquí desdichada soy por mi temeraria incredulidad, habiendo osado tentar sin razón a tu sierva incontaminada.
  25. 2525. Y mientras clamaba así, presentóse a su lado un mancebo resplandeciente, diciéndole: Acércate al infante, adórale y tócalo con tu mano lisiada, y Él te sanará por completo; porque Él es el Salvador de todo el mundo y de cuantos en Él ponen su esperanza.
  26. 2626. Corrió ella presurosa hacia el infante, adoróle y tocó el borde de los pañales que le envolvían; y al instante sanó perfectamente su mano lisiada.
  27. 2727. Y saliendo fuera prorrumpió en alabanzas proclamando las maravillas que había presenciado, los tormentos pasados y la sanidad recibida; creyendo muchos por el testimonio de sus labios.
  28. 2828. Asimismo varios pastores afirmaban haber visto a medianoche huestes de ángeles cantando loores solemnes al Dios altísimo, diciendo: Ha nacido el Salvador de todos, que es Cristo el Señor, por quien la redención torna a resplandecer en Israel.
  29. 2929. Y una estrella magnífica, de magnitud jamás vista desde la creación del mundo, resplandeció sobre la gruta desde el atardecer hasta la aurora.
  30. 3030. Y los sabios que estaban en Jerusalén declaraban que aquel astro señalaba ciertamente el nacimiento de Cristo, quien había de restablecer la divina promesa no solo para Israel, mas para todas las naciones del orbe.