Prescripción contra los herejes · Capítulo 9
- 1El sentido de estas palabras comprende tres puntos: el objeto, el tiempo y el límite. El objeto indica qué debes buscar; el tiempo, cuándo debes buscar; el límite, durante cuánto tiempo. Lo que tienes ‘que buscar’ es aquello que Cristo enseñó y, naturalmente, debes seguir buscando mientras no lo encuentres: hasta encontrarlo. Pero lo encontraste cuando creíste. Pues no habrías creído si no hubieras encontrado, así como no habrías buscado sino con intención de encontrar. Por tanto, buscaste para encontrar y encontraste para creer. Al creer, pusiste fin a toda demora adicional en la búsqueda y el hallazgo. El propio fruto de tu búsqueda fijó para ti ese límite.
- 2Ese límite lo estableció para ti quien no quiere que creas en nada más que lo enseñado por él ni, por consiguiente, que lo busques. Pero si, porque muchos otros han enseñado tantas cosas, estamos obligados a seguir buscando mientras podamos encontrar algo, tendremos que buscar para siempre y nunca creer en cosa alguna. Pues ¿dónde terminará la búsqueda? ¿Dónde comenzará la firmeza de la fe? ¿Dónde se completará el hallazgo? ¿Será con Marción? Pero también Valentín nos propone la máxima:
- 3‘Buscad y encontraréis.’ ¿Será entonces con Valentín? Pues bien, Apeles también me atacará con la misma cita; Ebión, Simón y todos los demás, uno tras otro, no tienen otro argumento para atraerme y llevarme a su partido. Así, no encontraré reposo en ninguna parte y seguiré oyendo el desafío ‘Buscad y encontraréis’, como si nunca hubiera encontrado lo que Cristo enseñó, aquello que debe buscarse y en lo que necesariamente se debe creer.