Prescripción contra los herejes · Capítulo 10
- 1Hay impunidad en el error si no hay falta, aunque errar sea ya, por sí mismo, una falta. Repito: un hombre vaga impunemente cuando no abandona deliberadamente cosa alguna. Pero si he creído en lo que debía creer y después pienso que hay algo nuevo que buscar, evidentemente espero encontrar otra cosa, aunque de ningún modo debería albergar tal
- 2expectativa, a menos que nunca hubiera creído de verdad, pese a parecer creyente, o hubiera dejado de creer. Si así abandono mi fe, resulto ser su negador. Lo digo de una vez por todas: solo busca quien nunca poseyó o quien perdió aquello que busca. La anciana del Evangelio había perdido una de sus diez monedas de plata y por eso la buscó; al encontrarla dejó de buscar. El vecino carecía de pan y por eso llamó a la puerta; en cuanto se le abrió y recibió el pan, dejó de llamar. La viuda siguió pidiendo audiencia al juez porque no era recibida; cuando se oyó su causa, guardó silencio. Por tanto, hay un límite para buscar, llamar y pedir.
- 3‘Porque a todo el que pide’, dice él, ‘se le dará; al que llama, se le abrirá; y el que busca encontrará.’ Fuera quien siempre busca porque nunca encuentra: busca donde nada puede hallarse. Fuera quien siempre llama porque nunca le abrirán: llama donde nadie puede abrir. Fuera quien siempre pide porque nunca será escuchado: pide a quien no oye.