Prescripción contra los herejes · Capítulo 33
- 1Estas son, supongo, las diferentes clases de doctrinas falsas que, según nos informan los propios apóstoles, existían en sus días. Sin embargo, entre tantas perversiones de la verdad, no hallamos una escuela que suscitara controversia acerca de Dios como Creador de todas las cosas. Nadie se atrevió a suponer un segundo dios. Se dudó más fácilmente del Hijo que del Padre, hasta que Marción introdujo, además del Creador, otro dios, solamente de bondad. Apeles hizo del Creador un ángel glorioso indefinido, perteneciente al Dios superior, y afirmó que él, dios de la Ley y de Israel, era fuego. Valentín difundió sus Eones e hizo remontar al pecado de uno de ellos la producción de Dios, el Creador.
- 2A nadie, evidentemente, aparte de ellos y antes que a ellos, se le reveló la verdad sobre la naturaleza divina; y obtuvieron ese honor especial y ese favor mayor del diablo, sin duda, porque este quería rivalizar con Dios también en esto, logrando con el veneno de sus doctrinas hacer lo que el Señor dijo que era imposible: volver ‘a los discípulos superiores al Maestro’. Que toda la multitud
- 3de las herejías elija, por tanto, la época en que debía aparecer, siempre que el momento se considere irrelevante; reconozca también que no pertenece a la verdad y que las que no existían
- 4en tiempo de los apóstoles no podían tener relación alguna con ellos. Si hubieran existido entonces, sus nombres serían conocidos para que también fueran reprimidas. Las herejías que sí existían en los días de los apóstoles son condenadas incluso al mencionarlas. Si las que entonces existían en forma rudimentaria son hoy las mismas, solo que más elaboradas, esa circunstancia ya las condena. Pero si surgieron después en forma diferente y solo adoptaron algunos de aquellos principios, comparten la condena de las antiguas por concordar con sus enseñanzas, además de aplicárseles la definición ya mencionada de su fecha tardía, que encontramos desde el principio.
- 5Aunque no participaran de ninguna doctrina condenada, ya estarían juzgadas por la simple cuestión del tiempo y serían tanto más espurias por no haber sido siquiera mencionadas por los apóstoles. De ahí nuestra certeza aún mayor de que eran esas las herejías anunciadas entonces como futuras.