Prescripción contra los herejes · Capítulo 3
- 1Recordemos más bien las palabras del Señor y las cartas de los apóstoles;
- 2pues ambos nos anunciaron de antemano que habría herejías y nos advirtieron previamente que debíamos evitarlas; y, así como su existencia no nos alarma, tampoco debemos sorprendernos de que sean capaces de hacer aquello por lo cual hay que rehuirlas. El Señor nos enseña que muchos ‘lobos rapaces vendrán vestidos de ovejas’. Ahora bien, ¿qué son esas vestiduras de oveja sino la apariencia exterior de la profesión cristiana? ¿Quiénes son los lobos rapaces sino las ideas y los espíritus engañosos que se ocultan para devastar el rebaño de Cristo? ¿Quiénes son los falsos profetas sino quienes hacen predicciones engañosas del futuro? ¿Quiénes son los falsos apóstoles sino los predicadores de un evangelio espurio? ¿Y quiénes son los anticristos, ahora y siempre, sino los hombres que se rebelan contra Cristo?
- 3Las herejías, en el presente, no desgarrarán menos a la Iglesia al pervertir la doctrina de lo que el Anticristo la perseguirá aquel día con la crueldad de sus ataques; salvo que la persecución produce incluso mártires, mientras que la herejía solo produce apóstatas. Por ello, ‘es necesario que haya herejías para que se manifiesten los aprobados’: tanto los que permanecieron firmes bajo la persecución como los que no se desviaron hacia la herejía. Pues el apóstol no quiere decir que se consideren aprobados los que cambian su profesión de fe por la herejía, aunque ellos interpreten sus palabras al revés, a su favor, cuando dice en otro pasaje: ‘Examinadlo todo; conservad lo bueno’; como si, después de examinarlo todo erróneamente, alguien no pudiera escoger resueltamente, por error, alguna cosa mala.