Pistis Sofía · Capítulo 107
Y cuando el Salvador hubo dicho esto, Juan continuó: Señor mío, ten paciencia conmigo si te pregunto y no te enojes, pues pregunto acerca de todo con seguridad y certeza para saber cómo hemos de proclamarlo a los hombres del mundo.
2Y el Salvador respondió y dijo a Juan: Pregunta todo lo que desees preguntar, y te lo revelaré cara a cara, abiertamente, sin semejanzas y con certeza.
3Y Juan respondió: Señor mío, si salimos a proclamarlo y llegamos a una ciudad o aldea, y sus habitantes salen a nuestro encuentro sin que sepamos quiénes son, nos reciben con gran engaño y fingimiento y nos llevan a su casa para poner a prueba los misterios del Reino de la Luz, y fingen sumisión hasta que pensamos que anhelan a Dios y les damos los misterios del Reino de la Luz; y si luego sabemos que no hicieron lo que es digno del misterio, que fingieron y nos engañaron, y que exhibieron los misterios región por región para ponernos a prueba a nosotros y a nuestros misterios, ¿qué les sucederá?
4Y el Salvador respondió y dijo a Juan: Si llegáis a una ciudad o aldea, entráis en una casa y os reciben, dadles un misterio. Si son dignos, ganaréis sus almas y heredarán el Reino de la Luz; pero si no son dignos y os engañan, y exhiben los misterios para poneros a prueba a vosotros y a los misterios, invocad el primer misterio del Primer Misterio, que se apiada de todos, y decid: Oh Misterio que dimos a estas almas impías e inicuas, que no hicieron lo que era digno de ti sino que hicieron espectáculo de nosotros, haz volver a nosotros el misterio y hazlos extraños para siempre al misterio de tu reino. Sacudid el polvo de vuestros pies como testimonio contra ellos y decid: Sean vuestras almas como el polvo de vuestra casa. Y en verdad os digo: En esa misma hora volverán a vosotros todos los misterios que les disteis, y les serán quitadas todas las palabras y los misterios de la región hasta la cual recibieron figuras.
5Acerca de tales hombres os hablé antes mediante una semejanza: Cuando entréis en una casa y os reciban, decidles: La paz sea con vosotros. Si son dignos, vuestra paz vendrá sobre ellos; si no lo son, volverá a vosotros. Es decir: Si esos hombres hacen lo que es digno de los misterios y anhelan sinceramente a Dios, dadles los misterios del Reino de la Luz; pero si fingen y os engañan sin que lo sepáis, y después de recibir los misterios los exhiben y os ponen a prueba a vosotros y a los misterios, realizad el primer misterio del Primer Misterio; os devolverá todos los misterios que les hayáis dado y los hará extraños a los misterios de la Luz para siempre.
6Y desde ese momento tales hombres no serán devueltos al mundo; en verdad os digo: Su morada estará en medio de las fauces del dragón de las tinieblas exteriores. Si más adelante se arrepienten, renuncian al mundo entero, a toda su materia y a todos sus pecados, y se someten por completo a los misterios de la Luz, ningún misterio podrá escucharlos ni perdonarles los pecados, salvo ese mismo misterio del Inefable, que se apiada de todos y perdona a cada uno sus pecados.
Palabras de este capítulo
Lo que estas palabras decían en el original — y dónde más aparecen.
- JatatחַטָּאתPecado como errar el blanco: la flecha que pasa lejos de lo que debía acertar.
- YeshuáיְשׁוּעָהSalvación como rescate concreto: ser sacado del aprieto, del enemigo, de la enfermedad.
- NéfeshנֶפֶשׁAlma en el sentido de garganta, aliento, vida entera, no de espíritu suelto del cuerpo.
- EmetאֱמֶתVerdad como solidez: aquello en lo que uno puede apoyarse sin caer.
Texto en inglés: Pistis Sophia (London: J. M. Watkins), G. R. S. Mead, 1921 (dominio público). Portugués y español: traducción de Lux Veritas a partir de esta edición.
Fuente: Pistis Sophia (London: J. M. Watkins), G. R. S. Mead (1921) · dominio público