LUX VERITAS

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Martirio de Policarpo · Capítulo 2

  1. 1Bienaventurados, por tanto, y generosos son todos los martirios que han acontecido conforme a la voluntad de Dios (porque nos es menester ser sumamente devotos y atribuir a Dios la soberanía sobre todas las cosas).
  2. 2Porque ¿quién no admirará su nobleza, su paciente constancia y su fidelidad al Maestro? Viendo que, tan desgarrados por los azotes que la íntima estructura de su carne quedaba descubierta hasta las venas y arterias interiores, sobrellevaban todo pacientemente, de suerte que los mismos presentes tenían compasión y lloraban; mas ellos alcanzaron tal extremo de entereza que ninguno profirió queja ni gemido, manifestando a todos que en aquella hora los mártires de Cristo martirizados estaban fuera de la carne, o más bien que el Señor estaba a su lado conversando con ellos.
  3. 3Y atendiendo a la gracia de Cristo menospreciaban los suplicios de este siglo, granjeándose al precio de una hora la redención del suplicio eterno. Y el fuego de sus inhumanos verdugos les era frío: porque ponían sus miras en huir del fuego eterno e inapagable, y con los ojos del corazón contemplaban los bienes guardados para los que perseveran pacientemente, cosas que ni ojo vio, ni oído oyó, ni subieron a corazón de hombre, mas que les fueron mostradas por el Señor, por cuanto ya no eran simples hombres, sino semejantes a ángeles.
  4. 4Y de igual manera también aquellos que fueron condenados a las bestias fieras padecieron espantosos castigos, haciéndoseles acostar sobre agudas conchas y siendo atormentados con otros muchos y variados suplicios, para que el tirano, si posible fuera, los indujera a la apostasía por medio de la persistencia de las penas: pues muchas asechanzas maquinó el diablo contra ellos.