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Martirio de Policarpo · Capítulo 17

  1. 1Mas el Maligno, envidioso y celoso, enemigo del linaje de los justos, al ver la grandeza de su martirio y su conducta intachable desde la juventud, y que estaba coronado con la corona de la inmortalidad habiendo ganado un premio incuestionable, procuró que ni aun su pobre cuerpo nos fuese entregado, aunque muchos deseaban hacerlo y tocar su santa carne.
  2. 2Sugirió, pues, a Nicetes, padre de Herodes y hermano de Alce, que suplicase al magistrado que no entregase el cuerpo, 'no sea', decían ellos, 'que dejando al Crucificado comiencen a rendir culto a este'. Y decían esto por sugestión y vigilancia de los judíos, que acechaban cuando íbamos a retirarlo de las cenizas; ignorando que jamás podremos desamparar a Cristo, que padeció por la salvación de todo el orbe de los redimidos, el Inocente por los pecadores, ni tributar adoración a ningún otro.
  3. 3Porque a Él le adoramos como a Hijo de Dios; mas a los mártires amamos merecidamente como a discípulos e imitadores del Señor, a causa de su entrañable afecto a su Rey y Maestro; de los cuales ojalá seamos también nosotros hechos partícipes y condiscípulos.