José y Asenat · Capítulo 8
- 11. Subió por tanto su madre a la estancia alta y condujo a Aseneth ante José, y Pentefres le dijo: Besa a tu hermano, porque él también es casto como tú lo eres hoy, y aborrece a toda mujer extraña como tú aborreces a todo varón extraño.
- 22. Y dijo Aseneth a José: Salve, señor mío, bendito del Dios Altísimo. Y José le respondió: El Dios que da vida a todas las cosas te bendiga, doncella. Dijo entonces Pentefres a su hija Aseneth: Acércate y besa a tu hermano.
- 33. Y cuando Aseneth se aproximó para besar a José, José extendió su mano diestra y la posó en su pecho entre sus dos pechos (pues sus pechos eran ya prominentes como bellas manzanas), y exclamó José: No conviene al varón piadoso que adora a Dios, que bendice con sus labios al Dios viviente, y come el bendito pan de vida, y bebe el bendito cáliz de la inmortalidad, y es ungido con el óleo bendito de incorrupción, besar a una mujer extraña, que ensalza con su boca a ídolos mudos e insensibles, y come de su mesa el pan del estrangulamiento, y bebe de sus libaciones el cálice del error, y es ungida con el ungüento de la perdición; mas el varón que sirve a Dios besará a su madre, y a la hermana nacida de las entrañas de su madre, y a la hermana salida de su misma tribu, y a la esposa legítima que comparte su estrado, las cuales bendicen con su boca al Dios vivo; empero besar a mujer forastera e idólatra es abominación a los ojos del Señor Dios.
- 44. Y cuando Aseneth escuchó estas palabras de boca de José, quedó sumida en suma congoja y suspiró amargamente; y mirando con fijeza a José con ojos desorbitados, bañáronse sus ojos de copioso llanto.
- 55. Y José, al verla llorar de aquel modo, sintió viva conmiseración por ella, por cuanto era tierno de corazón, benigno y temeroso del Señor. Extendió por tanto su mano derecha sobre la cabeza de ella y oró diciendo: Señor Dios de mi padre Israel, Altísimo y Dios omnipotente, que das vida a todas las cosas y llamas de las tinieblas a la luz, del extravío a la verdad y de la muerte a la vida: bendice tú asimismo a esta doncella, vivifícala y renuévala mediante tu Espíritu Santo, y concédele comer el pan de tu vida y beber el cálice de tu bendición, y cuéntala en medio de tu pueblo predilecto que escogiste antes de que fuesen formadas todas las cosas, y permítele entrar en tu descanso que aparejaste para tus elegidos, y more en tu vida sempiterna por los siglos de los siglos.