Evangelio de Nicodemo · Capítulo 20
Y mientras todos los santos se alegraban, he aquí que Satanás, el príncipe y jefe de la muerte, dijo al Infierno: Prepárate para recibir a Jesús, que se jacta de ser el Hijo de Dios, siendo un hombre que teme a la muerte, y dice: Mi alma está triste hasta la muerte. Y ha sido muy enemigo mío, haciéndome gran daño, y a muchos que yo había hecho ciegos, cojos, mudos, leprosos y endemoniados, él los sanó con una palabra: y a algunos que yo te traje muertos, él los quitó de ti.
2El Infierno respondió y dijo a Satanás, el príncipe: ¿Quién es él, que es tan poderoso, si es un hombre que teme a la muerte? porque todos los poderosos de la tierra son mantenidos en sujeción por mi poder, aun aquellos que me trajiste subyugados por tu poder. Si, pues, tú eres poderoso, ¿qué clase de hombre es este Jesús que, aunque teme a la muerte, resiste tu poder? Si él es tan poderoso en su humanidad, en verdad te digo que es todopoderoso en su divinidad, y ningún hombre puede resistir su poder. Y cuando dice que teme a la muerte, quiere enredarte, y ay de ti por los siglos eternos. Pero Satanás, el príncipe del Tártaro, dijo: ¿Por qué dudas y temes recibir a este Jesús, que es tu adversario y el mío? Porque yo lo tenté, y he incitado a mi antiguo pueblo, los judíos, con envidia e ira contra él. He afilado una lanza para traspasarlo, he mezclado hiel y vinagre para darle de beber, y he preparado una cruz para crucificarlo y clavos para traspasarlo: y su muerte está cercana, para que yo lo traiga a ti, para ser sujeto a ti y a mí.
3El Infierno respondió y dijo: Me has dicho que es él quien me ha quitado hombres muertos. Porque hay muchos que, mientras vivían sobre la tierra, me quitaron hombres muertos, sin embargo no por su propio poder, sino por oración a Dios, y su Dios todopoderoso me los quitó. ¿Quién es este Jesús que, por su propia palabra, sin oración, ha arrancado de mí a hombres muertos? Quizá es él quien, por la palabra de su mandato, restituyó a la vida a Lázaro, que estaba muerto desde hacía cuatro días y hedía y estaba corrompido, a quien yo mantenía aquí muerto. Satanás, el príncipe de la muerte, respondió y dijo: Es ese mismo Jesús. Cuando el Infierno oyó eso, le dijo: Te conjuro por tu fuerza y la mía que no lo traigas a mí. Porque en aquel tiempo, cuando oí el mandato de su palabra, temblé y fui tomado de miedo, y todos mis ministros conmigo se turbaron. Ni pudimos retener a Lázaro, sino que él, como un águila sacudiéndose, saltó fuera con toda agilidad y presteza, y partió de nosotros, y también la tierra que contenía el cuerpo muerto de Lázaro inmediatamente lo devolvió vivo. Por eso ahora sé que aquel hombre que fue capaz de hacer estas cosas es un Dios fuerte en el mando y poderoso en la humanidad, y que es el salvador de la humanidad. Y si lo traes a mí, él libertará a todos los que aquí están encerrados en la dura prisión y atados en las cadenas de sus pecados, que no se pueden quebrar, y los llevará a la vida de su divinidad para siempre.
Palabras de este capítulo
Lo que estas palabras decían en el original — y dónde más aparecen.
- JatatחַטָּאתPecado como errar el blanco: la flecha que pasa lejos de lo que debía acertar.
- KadoshקָדוֹשׁSanto es lo apartado para un solo uso, no lo moralmente mejor.
- YeshuáיְשׁוּעָהSalvación como rescate concreto: ser sacado del aprieto, del enemigo, de la enfermedad.
- NéfeshנֶפֶשׁAlma en el sentido de garganta, aliento, vida entera, no de espíritu suelto del cuerpo.
Texto en inglés: The Apocryphal New Testament, Gospel of Nicodemus (Oxford: Clarendon Press, 1924), M. R. James, 1924 (dominio público). Portugués y español: traducción de Lux Veritas a partir de esta edición.
Fuente: The Apocryphal New Testament, Gospel of Nicodemus (Oxford: Clarendon Press, 1924), M. R. James (1924) · dominio público