Evangelio de Nicodemo · Capítulo 14
Ahora bien, cierto sacerdote llamado Finees, y Adas, un maestro, y Ageo, un levita, descendieron de Galilea a Jerusalén y dijeron a los jefes de la sinagoga y a los sacerdotes y levitas: Vimos a Jesús y a Sus discípulos sentados en el monte que se llama Mamilch, y Él dijo a Sus discípulos: Id por todo el mundo y predicad a toda criatura (a toda la creación): el que creyere y fuere bautizado será salvo, pero el que no creyere será condenado. [Y estas señales seguirán a los que creyeren: en mi nombre echarán fuera demonios, hablarán nuevas lenguas, tomarán serpientes, y si bebieren cosa mortífera, no les hará daño: pondrán las manos sobre los enfermos y sanarán.] Y mientras Jesús aún hablaba a Sus discípulos, Lo vimos elevado al cielo.
2Los ancianos y los sacerdotes y levitas dicen: Dad gloria al Dios de Israel y haced confesión a Él: ¿oísteis en verdad y visteis aquellas cosas que nos habéis dicho? Los que las contaron dicen: Vive el Señor Dios de nuestros padres Abraham, Isaac y Jacob, oímos estas cosas y Lo vimos elevado al cielo. Los ancianos y los sacerdotes y los levitas les dicen: ¿Vinisteis para esto, para decírnoslo, o vinisteis a cumplir vuestros votos a Dios? Y dicen: A cumplir nuestros votos a Dios. Los ancianos y los principales sacerdotes y los levitas les dicen: Si vinisteis a cumplir vuestros votos a Dios, ¿con qué propósito es este cuento vano que habéis charlado delante de todo el pueblo? Finees, el sacerdote, y Adas, el maestro, y Ageo, el levita, dicen a los jefes de la sinagoga y a los sacerdotes y levitas: Si estas palabras que habéis dicho y visto son pecado, he aquí que estamos delante de vosotros: haced con nosotros como pareciere bien a vuestros ojos. Y tomaron el libro de la ley y los conjuraron a que no dijeran más a hombre alguno estas palabras: y les dieron de comer y de beber, y los pusieron fuera de la ciudad: además les dieron dinero, y tres hombres para que fueran con ellos, y los pusieron en camino hasta Galilea, y partieron en paz.
3Ahora bien, cuando estos hombres partieron a Galilea, los principales sacerdotes y los jefes de la sinagoga y los ancianos se reunieron en la sinagoga, y cerraron la puerta, y se lamentaron con gran lamentación, diciendo: ¿Qué señal es esta que ha acontecido en Israel? Pero Amlas y Caifás dijeron: ¿Por qué estáis turbados? ¿por qué lloráis? ¿No sabéis que los discípulos de él dieron mucho oro a los que guardaban el sepulcro y les enseñaron a decir que un ángel descendió y removió la piedra de la puerta del sepulcro? Pero los sacerdotes y los ancianos dijeron: Sea así, que los discípulos de él hurtaron su cuerpo; pero ¿cómo entró su alma en su cuerpo, y cómo permanece él en Galilea? Pero no pudieron responder a estas cosas, y a duras penas dijeron al fin: No nos es lícito creer a los incircuncisos.
Palabras de este capítulo
Lo que estas palabras decían en el original — y dónde más aparecen.
- JatatחַטָּאתPecado como errar el blanco: la flecha que pasa lejos de lo que debía acertar.
- KavodכָּבוֹדGloria como peso: lo que tiene densidad real, no brillo.
- YeshuáיְשׁוּעָהSalvación como rescate concreto: ser sacado del aprieto, del enemigo, de la enfermedad.
- NéfeshנֶפֶשׁAlma en el sentido de garganta, aliento, vida entera, no de espíritu suelto del cuerpo.
Texto en inglés: The Apocryphal New Testament, Gospel of Nicodemus (Oxford: Clarendon Press, 1924), M. R. James, 1924 (dominio público). Portugués y español: traducción de Lux Veritas a partir de esta edición.
Fuente: The Apocryphal New Testament, Gospel of Nicodemus (Oxford: Clarendon Press, 1924), M. R. James (1924) · dominio público