LUX VERITAS

Escrituras y Manuscritos

← Descenso a los Infiernos

Descenso a los Infiernos · Capítulo 12

Después de esto, yendo Pilato al templo de los judíos, congregó a todos los principales sacerdotes, y letrados, y escribas, y maestros de la ley, y entró con ellos en el santuario del templo, y mandó que se cerraran todas las puertas, y les dijo: Hemos oído que tenéis una cierta gran colección de libros en este templo: por tanto os pido que sea presentada delante de nosotros.

2Y habiendo cuatro ministros traído aquella colección de libros, adornada de oro y piedras preciosas, Pilato dijo a todos: Os conjuro por el Dios de vuestros padres, que os mandó edificar este templo en el lugar de Su santuario, que no me ocultéis la verdad.

3Todos vosotros sabéis lo que está escrito en esa colección de libros; pero decid ahora si habéis hallado en las Escrituras que aquel Jesús a quien crucificasteis habría de ser el Hijo de Dios que había de venir para la salvación del género humano, y en cuántas revoluciones de los tiempos debía venir.

4Declaradme si Le crucificasteis en ignorancia de esto, o sabiéndolo.

5Siendo así conjurados, Anás y Caifás ordenaron a todos los demás que estaban con ellos que salieran del santuario; y ellos mismos cerraron todas las puertas del templo y del santuario, y dijeron a Pilato: Hemos sido conjurados por ti, oh buen juez, por la edificación de este templo, a darte la verdad y una relación clara de este asunto.

6Después de haber crucificado a Jesús, no sabiendo que Él era el Hijo de Dios, pensando que hacía milagros por medio de algún encantamiento, celebramos una gran asamblea en este templo.

7Y confiriendo entre nosotros acerca de las señales de los milagros que Jesús había hecho, hallamos muchos testigos de nuestra nación que dijeron haber visto a Jesús vivo después de haber padecido la muerte, y que Él había subido a lo alto de los cielos.

8Y hemos visto a dos testigos, a quienes Jesús resucitó de entre los muertos, los cuales nos contaron muchas cosas admirables que Jesús hizo entre los muertos, las cuales tenemos por escrito en nuestras manos.

9Y es nuestra costumbre, cada año ante nuestra asamblea, abrir aquella santa colección de libros y escudriñar el testimonio de Dios.

10Y hemos hallado en el primer libro de los Setenta, donde el arcángel Miguel habló al tercer hijo de Adán, el primer hombre, acerca de cinco mil quinientos años en los cuales el Cristo, el amadísimo Hijo de Dios, habría de venir de los cielos; y sobre esto hemos considerado que tal vez Él fuera el Dios de Israel que dijo a Moisés: Hazte el arca del testimonio, de dos codos y medio de longitud, de un codo y medio de anchura y de un codo y medio de altura.

11En estos cinco codos y medio hemos entendido y reconocido, por la estructura del arca de la antigua alianza, que en cinco mil quinientos años Jesucristo vendría en el arca del cuerpo; y hemos hallado que Él es el Dios de Israel, el Hijo de Dios.

12Porque, después de Su pasión, nosotros, los principales sacerdotes, maravillados ante los prodigios ocurridos por causa de Él, abrimos esta colección de libros, escudriñando todas las generaciones hasta la generación de José, y calculando que María, la madre de Cristo, era de la simiente de David; y hemos hallado que desde el tiempo en que Dios hizo el cielo y la tierra y al primer hombre hasta el diluvio pasaron dos mil doscientos doce años; y desde el diluvio hasta la edificación de la torre, quinientos treinta y un años; y desde la edificación de la torre hasta Abraham, seiscientos seis años; y desde Abraham hasta la llegada de los hijos de Israel desde Egipto, cuatrocientos setenta años; desde la salida de los hijos de Israel de Egipto hasta la edificación del templo, quinientos once años; y desde la edificación del templo hasta la destrucción del mismo templo, cuatrocientos sesenta y cuatro años.

13Hasta aquí hemos hallado en el libro de Esdras.

14Después de indagar, hallamos que desde el incendio del templo hasta el advenimiento de Cristo y Su nacimiento transcurrieron seiscientos treinta y seis años, los cuales suman cinco mil quinientos años, según hemos hallado escrito en el libro que el arcángel Miguel predijo a Set, el tercer hijo de Adán, que en cinco mil quinientos años vendría Cristo, el Hijo de Dios.

15Hasta el presente no lo hemos dicho a nadie, para que no hubiera disensión en nuestras sinagogas.

16Y ahora tú nos has conjurado, oh buen juez, por este santo libro de los testimonios de Dios, y nosotros te lo manifestamos.

17Y ahora nosotros te conjuramos, por tu vida y seguridad, que a nadie en Jerusalén reveles estas palabras.

Palabras de este capítulo

Lo que estas palabras decían en el original — y dónde más aparecen.

Texto en inglés: Ante-Nicene Fathers, vol. 8, The Gospel of Nicodemus, Part II: The Descent of Christ into Hell (Buffalo: Christian Literature Publishing Co.), Alexander Walker, 1886 (dominio público). Portugués y español: traducción de Lux Veritas a partir de esta edición.

Fuente: Ante-Nicene Fathers, vol. 8, The Gospel of Nicodemus, Part II: The Descent of Christ into Hell (Buffalo: Christian Literature Publishing Co.), Alexander Walker (1886) · dominio público