Hechos de Jantipa y Políxena · Capítulo 37
- 1Y uno de los siervos, que los oyó, contó todo al prefecto; este, lleno de ira, condenó a ambos a ser arrojados a las fieras.
- 2Cuando los arrojaron a la arena, soltaron contra ellos a una leona feroz, que corrió y abrazó los pies de Políxena y le lamió las plantas.
- 3Entonces el prefecto y toda la ciudad, al ver este espectáculo temible y maravilloso, alabaron y glorificaron al Dios misericordioso, diciendo: En verdad existes, y aquel a quien Políxena nombra es el único Dios, pues los dioses de los gentiles son obra de manos humanas, incapaces de salvar o ayudar a nadie.
- 4Que perezcan ahora ellos y sus creadores.
- 5Y el prefecto llevó enseguida a su hijo y a Políxena al palacio y escuchó de ellos, en orden y sin omitir nada, la fe y la religión en Cristo; él y todos los de la ciudad creyeron, y hubo gran alegría y glorificación de Dios.
- 6Y Políxena dijo al prefecto: Cobra ánimo, señor mío, pues pronto vendrá el hombre de Dios, que te enseñará, exhortará, instruirá e iluminará perfectamente en el conocimiento de Cristo.
- 7Ella, sin embargo, se preparó con toda prisa para partir hacia España.