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Hechos de Tomás · Capítulo 14

  1. 1Y después de estas cosas, Judas partió para ser restituido a la cárcel; y Tercia, con Migdonia y Marcia, marcharon también con él. Y el apóstol Tomás les dijo, hallándose presente la multitud de los creyentes: Hijas, hermanas y consiervas que habéis creído en mi Señor y Dios, ministras de mi Jesús, escuchadme en este día: pues os entrego mi palabra, y ya no hablaré más con vosotras en esta carne ni en este mundo; porque subo a mi Señor y Dios Jesucristo, a Aquel que me vendió, a aquel Señor que se humilló hasta mi bajeza y me ensalzó a la grandeza eterna, que se dignó hacerme su siervo en verdad y firmeza; hacia Él parto, sabiendo que el tiempo está cumplido y el día señalado se aproxima para recibir mi galardón de manos de mi Señor y Dios; porque mi Retribuidor es justo y me conoce, sabiendo cómo he de recibir mi recompensa; pues no es avaro ni envidioso, sino opulentísimo en sus dones, y no engaña en lo que otorga, pues confía en sus bienes que jamás menguan.
  2. 2Yo no soy Jesús, sino su siervo; no soy el Cristo, sino su ministro; no soy el Hijo de Dios, mas ruego para ser hallado digno de Dios. Perseverad en la fe de Cristo; continuad firmes en la esperanza del Hijo de Dios; no desmayéis en la tribulación, ni vacile vuestro ánimo si me veis escarnecido o encerrado en la cárcel; pues cumplo su voluntad. Porque si yo no hubiese querido morir, bien sé en Cristo que para ello tenía potestad; mas esto que los hombres llaman muerte no es muerte, sino una liberación del cuerpo; por lo cual recibo con gozo esta liberación de la carne, para partir y contemplar a Aquel que es hermoso y lleno de misericordia, Aquel que es digno de ser amado; pues soporté mucha fatiga en su servicio y trabajé por la gracia que vino sobre mí, la cual jamás se apartará de mí. No entre, pues, Satanás con engaño en vuestros corazones para arrebatar vuestros pensamientos; no tenga lugar alguno en vosotras, porque poderoso es Aquel a quien habéis recibido. Aguardad la venida de Cristo, porque Él vendrá y os recibirá; y este es Aquel a quien contemplaréis cuando venga.
  3. 3Habiendo concluido el apóstol estas exhortaciones, entraron en la casa, y el apóstol Tomás dijo: Salvador, que padeciste tantas cosas por nosotros, permanezcan estas puertas como estaban, y pónganse sellos sobre ellas. Y despidiéndose de ellos, fue para ser custodiado en la cárcel; y todos lloraban y estaban tristes, pues sabían que Misdeo le daría muerte.
  4. 4Y halló el apóstol a los carceleros disputando entre sí y diciendo: ¿En qué hemos pecado contra este hechicero? Pues por sus artes mágicas abrió las puertas y quiso que todos los presos huyesen; mas vayamos y hagámoslo saber al rey, e informémosle acerca de su mujer y de su hijo. Y discutiendo ellos así, Tomás guardaba silencio. Levantáronse, pues, de madrugada y acudieron al rey, diciéndole: Señor nuestro y rey, quita de aquí a ese mago y haz que sea encerrado en otro lugar, pues no podemos custodiarlo; porque si tu buena fortuna no hubiese guardado la prisión, todos los reos habrían escapado, pues ya por segunda vez hallamos las puertas abiertas; y además tu esposa, oh rey, tu hijo y los demás no se apartan de él. Y el rey, oyendo esto, fue allá y halló intactos los sellos puestos sobre las puertas; y examinando las cerraduras, dijo a los guardas: ¿Por qué mentís? Pues los sellos están enteros. ¿Cómo decís que Tercia y Migdonia entran a verle en la cárcel? Respondieron los guardas: Te hemos dicho la verdad.
  5. 5Y Misdeo fue a la cárcel, tomó asiento en el tribunal, mandó traer al apóstol Tomás, le despojó de sus ropas, le ciñó con un cinturón y le puso en su presencia. Y dijo Misdeo: ¿Eres siervo o varón libre? Respondió Judas: Siervo soy de un solo Señor, sobre quien tú no tienes poder alguno; mas no soy esclavo tuyo. Dijo Misdeo: ¿Cómo huiste y viniste a parar a esta tierra? Respondió Judas: Mi Señor me vendió acá para que salvase a muchos y por tus manos partiese de este mundo. Dijo Misdeo: ¿Quién es tu Señor, cuál es su nombre y de qué tierra procede? Dijo Judas: Mi Señor está en los cielos y en la tierra; Él es Señor y Gobernador de todo, y su nombre es Jesucristo. Dijo Misdeo: No tuve prisa en destruirte, sino que tuve paciencia contigo; mas has multiplicado tus hechicerías, y tus obras se divulgan por toda la comarca; pero obraré contigo de tal suerte que tus magias fenezcan juntamente contigo, y nuestra tierra quede limpia de ellas. Respondió Judas: Estas cosas que llamas hechicerías jamás perecerán de este mundo, sino que subsistirán por los siglos de los siglos.
  6. 6Habiendo hablado el apóstol estas razones, Misdeo meditaba sobre el modo de darle muerte; pues temía a la muchedumbre que le reverenciaba, por cuanto muchos nobles y hombres de autoridad habían creído en él. Tomóle, pues, y salió fuera de la ciudad; y soldados armados le acompañaban. Y el pueblo pensaba que el rey deseaba aprender algo de él, y se detuvo a observar. Y cuando hubieron caminado cosa de una milla, le entregó a cuatro soldados y a un oficial, ordenándoles que le subiesen al monte y allí le atravesasen con lanzas hasta quitarle la vida, volviendo luego a la ciudad. Y habiendo mandado así a los soldados, él mismo regresó a la ciudad.
  7. 7Mas las gentes corrían tras Tomás, deseando librarle de la muerte. E iban dos soldados a la derecha del apóstol y dos a su izquierda, llevando lanzas, y el oficial le tomaba de la mano y le conducía. Y dijo el apóstol Tomás: ¡Oh misterios de Cristo, ocultos hasta esta hora! ¡Cuán copiosamente se difunde la misericordia de tu bondad! He aquí que cuatro soldados son los que me rodean, pues de cuatro elementos fui compuesto; y uno solo es el que me guía, pues de un solo espíritu fui formado. Mas ahora he llegado a mi galardón, y a Aquel que me envió regreso. Y volviéndose a la multitud que le seguía, dijo: No lloréis por mí, hermanos míos, sino orad por vosotros mismos, para que alcancéis misericordia de parte de Dios. Y dijo a los soldados: Caminad delante de mí, y apresurémonos al lugar señalado.
  8. 8Y habiendo subido al monte, al paraje donde había de ser muerto, dijo a los que le custodiaban y a los demás: Hermanos, escuchadme por esta postrera vez; pues ahora entrego mi espíritu y parto hacia mi Señor. Y dijo a Vazan: Tú, hijo del rey terrenal Misdeo y ministro de nuestro Señor Jesucristo, da a los siervos de Misdeo su salario para que me permitan apartarme a orar. Y Vazan persuadió a los soldados para que le dejasen hacer oración.
  9. 9Y el bienaventurado Tomás se puso en oración, y arrodillándose, se levantó luego, extendió sus manos hacia el cielo y oró diciendo: Señor mío y Dios mío, Esperanza y Confianza mía, que me guiaste en todos mis caminos y me revelaste tus misterios; tú que descendiste para la salvación del mundo y padeciste sufrimiento por causa nuestra: recibe ahora mi espíritu y guarda mi alma en tus manos, para que el príncipe de las tinieblas no tenga potestad alguna sobre mí. Y preserva tu Iglesia que plantaste en esta comarca, y sea tu santo nombre glorificado en ella por los siglos de los siglos.
  10. 10Y habiendo orado de este modo, dijo a los soldados: Venid acá y cumplid los mandamientos de aquel que os envió. Y vinieron los cuatro y le atravesaron con sus lanzas, y cayó en tierra y entregó el espíritu. Y todos los hermanos lloraron; y trajeron hermosas vestiduras y muchos lienzos de fino lino, y le sepultaron en el sepulcro real donde descansaban los antiguos reyes.
  11. 11Mas Sífor y Vazan no quisieron bajar a la ciudad, sino que permanecieron sentados junto a él durante todo aquel día. Y el apóstol Tomás se les apareció y les dijo: ¿Por qué estáis sentados aquí? Yo no estoy aquí, sino que he subido a los cielos y he recibido lo que esperé. Levantaos, pues, descended a donde están los hermanos y tened buen ánimo, porque el Señor está con vosotros. Y ellos se levantaron y bajaron a donde estaban los hermanos, y los consolaron. Y el Señor obraba con ellos, y muchos eran añadidos a la fe.
  12. 12Aconteció, pues, pasado mucho tiempo, que uno de los hijos del rey Misdeo fue poseído por un espíritu maligno y por ningún medio podía ser sanado. Y pensó Misdeo abrir el sepulcro del santo apóstol para tomar uno de sus huesos y atarlo a su hijo, a fin de que sanase. Mas cuando fue a abrir el sepulcro, no halló el cuerpo del santo apóstolo; pues uno de los hermanos lo había hurtado y llevado al Occidente (o a Mesopotamia). Y tomó el rey un poco del polvo de aquel lugar donde habían reposado los huesos del apóstol, y lo ató a su hijo, diciendo: Yo creo en ti, Jesús, ahora que Tomás me ha dejado. Y al punto el demonio salió de su hijo, y él fue sanado. Y el rey Misdeo también creyó y se sometió a Sífor y a Vazan, y con toda su casa creyó en el Señor Jesucristo, a quien sea la gloria por los siglos de los siglos. Amén.