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Hechos de Pedro · Capítulo 6

  1. 1Y habiendo arribado a Puteoli, Teón saltó de la nave y fue al mesón donde solía posar, para prepararse a recibir a Pedro. Y aquel con quien se hospedaba era uno llamado Aristón, el cual siempre temía al Señor, y por causa del Nombre Teón se confiaba a él y con él trataba. Y cuando llegó al mesón y vio a Aristón, Teón le dijo: Dios, que te ha tenido por digno de servirle, ha comunicado su gracia también a mí por medio de su santo siervo Pedro, que ahora ha navegado conmigo desde Judea, habiendo recibido mandato de nuestro Señor de venir a Italia. Y oyendo esto, Aristón se echó al cuello de Teón, le abrazó y le rogó que le llevase a la nave y le mostrase a Pedro. Porque decía Aristón que, desde que Pablo partió para España, no había varón alguno entre los hermanos con quien pudiera consolarse; y, además, cierto judío llamado Simón había irrumpido en la ciudad, y con sus encantos de hechicería y su maldad ha hecho defeccionar a toda la hermandad acá y allá, de modo que yo también hui de Roma, aguardando la venida de Pedro; porque Pablo nos había hablado de él, y yo también he visto muchas cosas en visión. Ahora, pues, creo en mi Señor que él reedificará su ministerio, porque todo este engaño será desarraigado de entre sus siervos; pues fiel es nuestro Señor Jesucristo, que es poderoso para restaurar nuestras mentes. Y cuando Teón oyó estas cosas de Aristón, que lloraba, su espíritu se engrandeció aún más y quedó más fortalecido, por cuanto entendió que había creído en el Dios vivo.
  2. 2Y cuando llegaron juntos a la nave, Pedro los miró y sonrió, lleno del Espíritu; de tal manera que Aristón, postrándose sobre su rostro a los pies de Pedro, dijo así: Hermano y señor, que tienes parte en los santos misterios y muestras el camino recto que es en el Señor Jesucristo nuestro Dios, el cual por ti nos ha manifestado su venida: hemos perdido a todos los que Pablo nos había encomendado, por obra de Satanás; mas ahora confío en el Señor, que te ha mandado venir a nosotros, enviándote como su mensajero, que nos ha tenido por dignos de ver sus grandes y maravillosas obras por medio de ti. Ruégote, pues, que te apresures a la ciudad; porque dejé a los hermanos que han tropezado, a los cuales vi caer en la tentación del diablo, y hui acá, diciéndoles: Hermanos, estad firmes en la fe, porque es necesario que dentro de estos dos meses la misericordia de nuestro Señor os traiga a su siervo. Porque yo había visto una visión, al mismo Pablo, diciéndome: Aristón, huye tú de la ciudad. Y cuando lo oí, creí sin tardanza y partí en el Señor, aunque tenía flaqueza en mi carne, y vine acá; y día tras día me hallaba a la orilla del mar, preguntando a los marineros: ¿Ha navegado Pedro con vosotros? Mas ahora, por la abundancia de la gracia de Dios, te ruego: subamos a Roma sin tardanza, no sea que la enseñanza de este hombre inicuo prevalezca aún más. Y diciendo Aristón esto con lágrimas, Pedro le dio la mano y le levantó de la tierra, y gimiendo también Pedro, dijo con lágrimas: Se nos ha anticipado aquel que tienta a todo el mundo por medio de sus ángeles; pero aquel que tiene poder para salvar a sus siervos de toda tentación apagará sus engaños y lo pondrá debajo de los pies de aquellos que han creído en Cristo, a quien predicamos.
  3. 3Y al entrar ellos por la puerta, Teón rogaba a Pedro, diciendo: En ningún día descansaste en tan larga travesía marítima; y ahora, ante tan áspero viaje, ¿partirás en seguida desde la nave? Detente y recobra tus fuerzas, y así partirás; pues desde aquí a Roma, sobre calzada de pedernal, temo que seas maltratado por las sacudidas. Mas respondiendo Pedro, les dijo: ¿Y si aconteciera que una piedra de molino me fuese atada, y asimismo al enemigo de nuestro Señor, tal como mi Señor nos dijo acerca de cualquiera que ofendiese a uno de los hermanos, y yo fuese anegado en el mar? Empero pudiera ser no sólo una piedra de molino, sino algo muy peor, a saber: que yo, siendo enemigo de este perseguidor de sus siervos, muriese lejos de los que han creído en el Señor Jesucristo. Y por ninguna exhortación pudo prevalecer Teón para persuadirle a que permaneciese allí ni un solo día.
  4. 4Mas el mismo Teón entregó cuanto había en la nave para que se vendiese por el precio que le pareció bueno, y siguió a Pedro hasta Roma; a quien Aristón llevó a la morada del presbítero Narciso.