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Hechos de Pedro · Capítulo 5

  1. 1Y mientras oraban y ayunaban, Dios ya estaba enseñando a Pedro en Jerusalén de lo que había de acontecer. Porque habiéndose cumplido los doce años que el Señor Cristo le había mandado, le mostró una visión de esta manera, diciéndole: Pedro, aquel Simón el mago a quien echaste de Judea, convenciéndole, se te ha anticipado otra vez en Roma. Y esto sabrás en breve; porque a todos los que creían en mí Satanás los ha hecho caer por su sutileza y operación, cuyo Poder Simón aprueba ser. Mas no te detengas: sal de mañana, y allí hallarás una nave lista, haciéndose a la vela para Italia, y dentro de pocos días te mostraré mi gracia, en la cual no hay mezquindad alguna. Pedro entonces, amonestado por la visión, refirióla a los hermanos sin tardanza, diciendo: Esme necesario subir a Roma para pelear contra el enemigo y adversario del Señor y de nuestros hermanos.
  2. 2Y descendió a Cesarea y se embarcó prestamente en la nave, cuya escala ya estaba alzada, no tomando consigo provisión alguna. Mas el patrón de la nave, cuyo nombre era Teón, miró a Pedro y dijo: Todo cuanto tenemos es tuyo. Porque ¿qué gracia tenemos, si recibimos a un hombre semejante a nosotros que está en caso incierto, y no compartimos todo lo que tenemos contigo? Mas solamente tengamos una próspera navegación. Pero Pedro, dándole gracias por lo que ofrecía, ayunó mientras estaba en la nave, triste de ánimo y consolándose de nuevo por cuanto Dios le tuvo por digno de ser ministro en su servicio.
  3. 3Y pasados unos pocos días, el patrón de la nave se levantó a la hora de su comida y rogó a Pedro que comiese con él, y le dijo: ¡Oh tú, quienquiera que seas! No te conozco, mas según conjeturo, te tengo por siervo de Dios. Porque rigiendo yo mi nave a la medianoche, oí la voz de un hombre del cielo que me decía: ¡Teón, Teón! Y dos veces me llamó por mi nombre y me dijo: Entre los que navegan contigo, sea Pedro muy honrado por ti, porque por él tú y los demás seréis preservados sanos sin daño alguno, después de un viaje tal como no esperas. Y Pedro creyó que Dios se dignaría mostrar su providencia en el mar a los que estaban en la nave, y desde entonces comenzó Pedro a manifestar a Teón las maravillas de Dios, y cómo el Señor le había escogido de entre los apóstoles, y por qué causa navegaba a Italia; y diariamente le comunicaba la palabra de Dios. Y considerándole, percibió por su andar que era de un mismo sentir en la fe y digno ministro.
  4. 4Y habiendo bonanza sobre la nave en el Adria, Teón lo mostró a Pedro, diciéndole: Si me tienes por digno a quien puedas bautizar con el sello del Señor, tienes ocasión. Porque todos los que estaban en la nave se habían dormido, estando embriagados. Y descendió Pedro por una cuerda y bautizó a Teón en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo; y él subió del agua gozándose con gran gozo, y Pedro también se alegró porque Dios había tenido a Teón por digno de su nombre. Y aconteció que, habiendo sido bautizado Teón, apareció en el mismo lugar un mancebo resplandeciente y hermoso, diciéndoles: Paz sea a vosotros. E inmediatamente Pedro y Teón subieron y entraron en la cámara; y tomó Pedro pan y dio gracias al Señor que le había tenido por digno de su santo ministerio, y por haberse aparecido a ellos el mancebo, diciendo: Paz sea a vosotros. Y dijo: Tú, el óptimo y solo santo, tú eres el que se nos ha aparecido, ¡oh Dios Jesucristo!, y en tu nombre ha sido este hombre ahora lavado y sellado con tu santo sello. Por tanto en tu nombre le administro tu eucaristía, para que sea tu siervo perfecto e irrepreensible para siempre.
  5. 5Y mientras banqueteaban y se regocijaban en el Señor, súbitamente vino un viento, no vehemente sino templado, a la proa de la nave, y no cesó por seis días y otras tantas noches, hasta que llegaron a Puteoli.