LUX VERITAS

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Hechos de Pedro · Capítulo 17

  1. 1Mas creedme vosotros, varones hermanos, que yo eché a este Simón fuera de Judea, donde hizo muchos males con sus encantamientos mágicos, hospedándose en Judea con una cierta mujer llamada Eúbula, la cual era de estado honorable en este mundo, teniendo provisión de oro y perlas de no pequeño precio. Allí entró Simón a hurtadillas con otros dos semejantes a él, y ninguno de la servidumbre vio a aquellos dos, sino a Simón solo; y por medio de un hechizo se llevaron todo el oro de la mujer y desaparecieron. Mas Eúbula, cuando supo lo que se había hecho, comenzó a atormentar a los de su casa, diciendo: Tomasteis ocasión por causa de este varón de Dios y me despojasteis, viéndole entrar a mí para honrar a una simple mujer; mas su nombre es como el nombre del Señor.
  2. 2Y habiendo ayunado yo por tres días y orado para que este asunto fuese manifestado, vi en visión a Itálico y a Ántulo, a quienes yo había instruido en el nombre del Señor, y a un muchacho desnudo y encadenado que me daba un pan de trigo y me decía: Pedro, resiste aún dos días y verás las maravillas de Dios. En cuanto a todo lo que se ha perdido de la casa de Eúbula, Simón ha usado de arte mágica y ha causado una ilusión, y con otros dos lo ha hurtado; a los cuales verás al tercer día, a la hora novena, a la puerta que conduce a Neápolis, vendiendo a un platero por nombre Agripino un sátiro joven de oro del peso de dos libras, que tiene en sí una piedra preciosa. Mas para ti no hay necesidad de que lo toques, para que no te contamines; antes bien, vayan contigo algunos de los siervos de la matrona, y tú les mostrarás la tienda del platero y te apartarás de ellos. Porque por razón de este asunto creerán muchos en el nombre del Señor, y todo lo que estos hombres por sus maquinaciones y maldad muchas veces han hurtado será públicamente manifestado. Oyendo yo esto, fui a Eúbula y la hallé sentada con los vestidos rotos y los cabellos desgreñados, llorando; a la cual dije: Eúbula, levántate de tu luto, y compone tu rostro, y ordena tus cabellos, y ponte vestiduras que te convengan, y ora al Señor Jesucristo que juzga a cada alma; porque él es el invisible Hijo de Dios, por el cual debes ser salva, si tan solo te arrepintieres de todo tu corazón de tus pecados pasados; y recibe poder de él; porque he aquí que por mí el Señor te dice: Hallarás todo cuanto has perdido. Y después que lo hayas recibido, ten cuidado de que él te halle, para que renuncies a este presente siglo y busques el refrigerio eterno. Escucha, pues, esto: hagan guardia algunos de los tuyos a la puerta que conduce a Neápolis pasado mañana, como a la hora novena, y verán a dos jóvenes que llevan un sátiro joven de oro del peso de dos libras, engastado con pedrería, como una visión me ha mostrado; la cual cosa ofrecerán en venta a un cierto Agripino, de la familia de la piedad y de la fe que es en el Señor Jesucristo; por quien se te mostrará que debes creer en el Dios vivo y no en Simón el mago, el inconstante diablo, que ha deseado que permanezcas en dolor y que tu inocente servidumbre sea atormentada; el cual con palabras lisonjeras y fingidas razones solamente te ha engañado, y solo de boca hablaba de piedad, estando del todo poseído de impiedad. Porque cuando pensabas celebrar una fiesta, y levantaste tu ídolo y lo cubriste de velo y pusiste todas tus alhajas sobre una mesa, él metió a dos jóvenes a quienes ninguno de los tuyos vio, por un encantamiento mágico, y hurtaron tus adornos y no fueron vistos más. Mas su artificio no ha tenido éxito; porque mi Dios me lo ha manifestado, a fin de que no seas engañada, ni perezcas en el infierno por aquellos pecados que cometiste impíamente y contra Dios, el cual es lleno de toda verdad y justo juez de vivos y muertos; y ninguna otra esperanza de vida hay para los hombres sino por medio de él, por quien aquellas cosas que perdiste te son restituidas; y ahora gana tu propia alma.
  3. 3Mas ella se postró delante de mis pies, diciendo: ¡Oh hombre, quién eres tú, no lo sé; mas a aquel recibí como a siervo de Dios, y cuanto me pedía para dar a los pobres, di mucho por sus manos, y además de eso mucho di a él. ¿Qué daño le hice yo, para que tramase todo esto contra mi casa? A quien Pedro dijo: No se ha de poner fe en palabras, sino en hechos y obras; mas conviene que prosigamos en lo que hemos comenzado. Así que la dejé y me fui con dos mayordomos de Eúbula y vine a Agripino y le dije: Mira que tomes nota de estos hombres; porque mañana vendrán a ti dos jóvenes, deseando venderte un sátiro joven de oro engastado de piedras preciosas, que pertenece a la señora de estos; y tú lo tomarás como para mirarlo, y alabarás la obra del artífice, y luego, cuando estos entraren, Dios pondrá a prueba lo demás. Y al día siguiente vinieron los mayordomos de la matrona como a la hora novena, y asimismo aquellos jóvenes, queriendo vender a Agripino el sátiro joven de oro. Y habiendo sido ellos prendidos al punto, fue anunciado a la matrona, y ella, angustiada de espíritu, vino al procurador, y a gran voz declaró todo lo que le había acontecido. Y cuando Pompeyo el procurador la vio en angustia de espíritu, ella que jamás había salido fuera, al punto se levantó del tribunal y fue al pretorio, y mandó traer a aquellos hombres y que fuesen torturados; y mientras eran atormentados confesaron que lo hacían al servicio de Simón, el cual, dijeron ellos, nos persuadió a ello con dinero. Y habiendo sido torturados por largo tiempo, confesaron que todo cuanto Eúbula había perdido estaba guardado debajo de la tierra en una cueva al otro lado de la puerta, y muchas otras cosas además. Y cuando Pompeyo oyó esto, se levantó para ir a la puerta con aquellos dos hombres, atado cada uno de ellos con dos cadenas. Y he aquí que Simón entraba por la puerta, buscándolos porque tardaban mucho. Y vio venir una gran multitud, y a aquellos dos atados con cadenas; y entendió y se dio a la fuga, y no apareció más en Judea hasta el día de hoy. Mas Eúbula, habiendo recobrado todos sus bienes, los dio para el servicio de los pobres, y creyó en el Señor Jesucristo y fue consolada; y menospreció y renunció a este mundo, y dio a las viudas y a los huérfanos, y vistió a los pobres. Y después de mucho tiempo recibió su descanso. Ahora bien, estas cosas, hermanos muy amados, se hicieron en Judea, por las cuales el que es llamado ángel de Satanás fue echado de allí.