Hechos de Pedro · Capítulo 10
- 1Mas viendo esto Marcelo, salió a la puerta y se postró a los pies de Pedro, y dijo: Pedro, abrazo tus pies, santo siervo del santo Dios; he pecado en gran manera, mas no me demandes mis pecados, si mora en ti la verdadera fe de Cristo, a quien predicas, si te acuerdas de sus mandamientos de a nadie aborrecer y a nadie tratar con desabrimiento, según aprendí de tu coapóstol Pablo; no traigas a la memoria mis faltas, sino ruega por mí al Señor, el santo Hijo de Dios, a quien he provocado a ira —porque he perseguido a sus siervos—, para que no sea yo entregado con los pecados de Simón al fuego eterno; el cual de tal suerte me persuadió, que le erigí una estatua con esta inscripción: A Simón el nuevo Dios. Si supiera, oh Pedro, que podrías ser ganado con dinero, te daría toda mi hacienda, sí, la daría y la menospreciaría, con tal de ganar mi alma. Si tuviera hijos, los tendría en nada, sólo con que pudiera creer en el Dios vivo. Pero confieso que no me habría engañado si no hubiese afirmado ser el poder de Dios; con todo, te diré, oh Pedro clementísimo: no era yo digno de oírte, siervo de Dios, ni estaba afirmado en la fe de Dios que es en Cristo; por tanto, fui hecho tropezar. Ruégote, pues, que no tomes a mal lo que voy a decir: que Cristo nuestro Señor, a quien predicas en verdad, dijo a tus coapóstoles en tu presencia: Si tuviereis fe como un grano de mostaza, diréis a este monte: Pásate de aquí allá, y luego se pasará. Mas este Simón decía que tú, Pedro, estabas falto de fe cuando dudaste en las aguas. Y he oído que Cristo dijo también esto: Los que están conmigo no me han entendido. Si, pues, vosotros, sobre quienes él puso las manos, a los cuales también escogió, dudasteis, yo, por tanto, teniendo este testimonio, me arrepiento y me acojo a tus oraciones. Recibe mi alma, habiéndome apartado de nuestro Señor y de su promesa. Mas creo que él tendrá misericordia de mí que me arrepiento; porque fiel es el Todopoderoso para perdonarme mis pecados.
- 2Mas Pedro dijo a gran voz: A ti, Señor nuestro, sea la gloria y el esplendor, oh Dios Todopoderoso, Padre de nuestro Señor Jesucristo. A ti sea la alabanza, la gloria y la honra, por los siglos de los siglos. Amén. Por cuanto ahora plenamente nos has confortado y afirmado en ti a la vista de todos, santo Señor, confirma tú a Marcelo, y envía tu paz sobre él y sobre su casa en este día; y todo lo que está perdido o fuera del camino, sólo tú lo puedes volver a traer; rogámoste, Señor, Pastor de las ovejas que una vez estuvieron dispersas, mas ahora serán recogidas en una por ti. Así también recibe tú a Marcelo como a uno de tus corderos, y no consientas que más ande errante en el engaño o en la ignorancia. Sí, Señor, recibe al que con angustia y lágrimas te ruega.