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Escrituras y Manuscritos

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Hechos de Pedro · Capítulo 11

  1. 1Y hablando Pedro de esta manera y abrazando a Marcelo, volvióse Pedro hacia la multitud que estaba junto a él, y vio allí a uno que se reía, en el cual había un espíritu muy maligno. Y Pedro le dijo: Quienquiera que seas que te reíste, manifiéstate abiertamente ante todos los que están presentes. Y oyendo esto, el mancebo corrió al patio de la casa, y clamó a gran voz, y arremetió contra la pared, diciendo: Pedro, grande contienda hay entre Simón y el perro que enviaste; porque Simón dice al perro: Di que no estoy aquí. Al cual el perro dice más de lo que tú le encomendaste; y cuando hubiere cumplido el misterio que le mandaste, morirá a tus pies. Mas Pedro dijo: Y tú también, demonio, quienquiera que seas, en el nombre de nuestro Señor Jesucristo, sal de ese mancebo y no le dañes en nada: muéstrate a todos los que aquí están. Y cuando el mancebo lo oyó, corrió hacia afuera y asió una gran estatua de mármol que estaba puesta en el patio de la casa, y la quebrantó en pedazos con sus pies. Y era una estatua de César. Viendo esto Marcelo, se hirió la frente y dijo a Pedro: Gran crimen se ha cometido; porque si esto fuere hecho notorio a César por algún entremetido, nos afligirá con duros castigos. Y Pedro le dijo: No te veo el mismo que eras hace un momento, pues dijiste que estabas presto a gastar toda tu hacienda por salvar tu alma. Mas si de veras te arrepientes, creyendo en Cristo de todo tu corazón, toma en tus manos del agua que corre, y ora al Señor, y en su nombre rocíala sobre los pedazos quebrantados de la estatua, y quedará entera como antes. Y Marcelo, no dudando nada, sino creyendo de todo su corazón, antes de tomar el agua alzó las manos y dijo: Creo en ti, oh Señor Jesucristo; pues ahora soy probado por tu apóstol Pedro si creo rectamente en tu santo nombre. Por tanto tomo agua en mis manos, y en tu nombre rocío estas piedras para que la estatua se torne entera como antes. Si, pues, Señor, es tu voluntad que yo continúe en el cuerpo y nada padezca de mano de César, quede esta piedra entera como antes. Y roció el agua sobre las piedras, y la estatua quedó entera, de lo cual Pedro se regocijó de que Marcelo no hubiese dudado al pedir al Señor, y Marcelo fue ensalzado en espíritu porque semejante señal hubiese sido obrada primeramente por sus manos; y creyó por tanto de todo su corazón en el nombre de Jesucristo el Hijo de Dios, por quien todas las cosas imposibles son hechas posibles.