Hechos de Juan · Capítulo 9
Permaneció, pues, Juan con los hermanos, regocijándose en el Señor. Y al día siguiente, siendo el día del Señor, y estando todos los hermanos reunidos, comenzó a decirles: Hermanos, consiervos, coherederos y partícipes conmigo en el reino del Señor: conocéis al Señor, cuántas obras poderosas os ha otorgado por mi medio, cuántas maravillas, sanidades, señales, cuán grandes dones espirituales, enseñanzas, gobiernos, refrigerios, ministerios, conocimientos, glorias, gracias, dones, creencias, comuniones, todo cuanto habéis visto que os ha sido dado por él delante de vuestros ojos, aunque no visto por estos ojos carnales ni oído por estos oídos. Sed, pues, afirmados en él, acordándoos de él en cada obra vuestra, conociendo el misterio de la dispensación que se ha cumplido para con los hombres, por cuál causa el Señor la consumó. Él os ruega por mí, hermanos, y os suplica, deseando permanecer sin tristeza, sin afrenta, sin conspiración contra sí, sin azotes; porque él conoce aun el ultraje que viene de vosotros, conoce aun la deshonra, conoce aun la conspiración, conoce aun el castigo, de parte de aquellos que no escuchan sus mandamientos.
2No se contriste, pues, nuestro buen Dios, el compasivo, el misericordioso, el santo, el puro, el inmaculado, el inmaterial, el único, el solo, el inmutable, el simple, el sin engaño, el no airado, a saber, nuestro Dios Jesucristo, que está sobre todo nombre que podamos pronunciar o concebir, y más exaltado. Regocíjese él con nosotros porque andamos rectamente; alégrese porque vivimos con pureza; sea refrigerado porque nuestra conversación es sobria. Esté él sin afán porque vivimos con templanza; complázcase porque nos comunicamos los unos a los otros; sonría porque somos castos; esté gozoso porque le amamos. Estas cosas os hablo ahora, hermanos, porque me apresuro hacia la obra puesta delante de mí, y ya estoy siendo perfeccionado por el Señor. Porque ¿qué otra cosa podría tener que deciros? Tenéis la prenda de nuestro Dios, tenéis las arras de su bondad, tenéis su presencia que no puede ser evitada. Si, pues, no pecareis más, él os perdona lo que hicisteis en ignorancia; mas si habiéndole conocido y habiendo recibido de su misericordia, os volviereis de nuevo a semejantes obras, tanto lo que antes hicisteis os será imputado, cuanto no tendréis parte ni misericordia delante de él.
3Y habiéndoles dicho esto, oró de esta manera: Oh Jesús, que tejiste esta corona con tu telar, que juntaste estas muchas flores en la flor inmarcesible de tu rostro, que sembraste en ellos estas palabras: tú, único amparador de tus siervos y médico que sanas gratuitamente; único bienhechor y que a ninguno desprecias, único misericordioso y amador de los hombres, único salvador y justo, único que todo lo contemplas, que estás en todos y en todo lugar presente, conteniendo todas las cosas y llenando todas las cosas: Cristo Jesús, Dios, Señor, que con tus dones y tu misericordia cobijas a los que en ti confían, que conoces manifiestamente los lazos y los asaltos de aquel que en todo lugar es nuestro adversario, los cuales trama contra nosotros: socorre tú solo, oh Señor, a tus siervos por tu visitación. Así sea, Señor.
4Y pidió pan, y dio gracias de este modo: ¿Qué alabanza, o qué ofrenda, o qué hacimiento de gracias habremos de nombrar al partir este pan, sino a ti solo, oh Señor Jesús? Glorificamos tu nombre pronunciado por el Padre; glorificamos tu nombre manifestado por el Hijo; glorificamos tu entrada por la Puerta. Glorificamos la resurrección mostrada a nosotros por ti. Glorificamos tu camino; glorificamos tu simiente, el Verbo, la gracia, la fe, la sal, la perla inefable, el tesoro, el arado, la red, la grandeza, la diadema, a aquel que por nosotros fue llamado Hijo del hombre, que nos dio la verdad, el reposo, el conocimiento, el poder, el mandamiento, la confianza, la esperanza, el amor, la libertad, el refugio en ti. Porque tú, Señor, eres la sola raíz de la inmortalidad, y la fuente de la incorrupción, y la sede de los siglos: llamado con todos estos nombres por nosotros ahora, para que invocándote por ellos demos a conocer tu grandeza, que al presente nos es invisible, mas visible únicamente a los limpios, siendo retratada en tu sola humanidad.
5Y partió el pan y dio a todos nosotros, orando sobre cada uno de los hermanos para que fuese digno de la gracia del Señor y de la santísima eucaristía. Y tomó parte también él mismo de igual manera, y dijo: Haya también para mí una porción con vosotros; y: La paz sea con vosotros, amados míos.
6Después de esto dijo a Vero: Toma contigo a dos hombres, con cestos y palas, y sígueme. Y Vero sin tardanza hizo como le fue mandado por Juan el siervo de Dios. El bienaventurado Juan, pues, salió de la casa y anduvo fuera de las puertas de la ciudad, habiendo dicho a la mayor parte que se apartase de él. Y cuando llegó al sepulcro de cierto hermano nuestro, dijo a los jóvenes: Cavad, hijos míos. Y cavaron, y él les instaba aún más, diciendo: Sea la zanja más profunda. Y mientras cavaban, hablábales la palabra de Dios y exhortaba a los que habían salido con él de la casa, edificándolos y perfeccionándolos en la grandeza de Dios, y orando sobre cada uno de nosotros. Y cuando los jóvenes hubieron acabado la fosa como él deseaba, no sabiendo nosotros nada de ello, quitóse los vestidos de que estaba revestido y los puso como por lecho en el fondo de la fosa; y puesto en pie sólo en su túnica interior, extendió sus manos hacia lo alto y oró así:
7Oh tú que nos escogiste para el apostolado de los gentiles; oh Dios que nos enviaste al mundo; que te revelaste por la ley y por los profetas; que nunca reposaste, sino que siempre desde la fundación del mundo salvaste a los que podían ser salvados; que te diste a conocer por toda la naturaleza; que te proclamaste aun entre las bestias; que hiciste el alma desolada y salvaje mansa y sosegada; que te diste a ti mismo a ella cuando estaba sedienta de tus palabras; que acudiste a ella con presteza cuando estaba muriendo; que te mostraste a ella como ley cuando se hundía en la iniquidad; que te manifestaste a ella cuando había sido vencida por Satanás; que venciste a su adversario cuando ella huyó a ti; que le diste tu mano y la levantaste de las cosas del Hades; que no la dejaste andar según la carne; que le mostraste su propio enemigo; que has hecho para ella un claro conocimiento hacia ti: oh Dios, Jesús, Padre de los que están sobre los cielos, Señor de los que están en los cielos, ley de los que están en el éter, curso de los que están en el aire, guardador de los que están en la tierra, temor de los que están debajo de la tierra, gracia de los que son tuyos: recibe también el alma de tu Juan, la cual por ventura es tenida por digna por ti.
8Oh tú que me has guardado hasta esta hora para ti mismo e intacto por unión con mujer; que cuando en mi juventud deseé casarme me apareciste y me dijiste: Juan, tengo necesidad de ti; que preparaste para mí también una enfermedad en el cuerpo; que cuando por tercera vez quise casarme en seguida me lo impediste, y luego a la hora tercera del día me dijiste en el mar: Juan, si no fueses mío, te habría permitido casarte; que por dos años me cegaste los ojos y me concediste gemir y suplicarte; que en el tercer año abriste los ojos de mi mente y me diste también mis ojos visibles; que cuando vi con claridad ordenaste que me fuese penoso mirar a mujer; que me salvaste de la fantasía temporal y me guiaste a lo que permanece para siempre; que me libraste de la torpe locura que mora en la carne; que me quitaste de la amarga muerte y me afirmaste sólo en ti; que enfrenaste la secreta enfermedad de mi alma y cortaste el hecho manifiesto; que afligiste y desterraste al que levantaba tumulto en mí; que hiciste inmaculado mi amor por ti; que hiciste perfecta e inquebrantable mi unión contigo; que me diste fe indubitable en ti; que ordenaste y esclareciste mi inclinación hacia ti; tú que das a cada hombre el debido galardón de sus obras, que pusiste en mi alma no tener posesión alguna sino a ti solo: porque ¿qué hay más precioso que tú? Ahora, pues, Señor, visto que he cumplido la dispensación que me fue confiada, tenme por digno de tu reposo, y concédeme aquel fin en ti que es salvación inefable e indecible.
9Y al venir yo a ti, vuélvase atrás el fuego, sean vencidas las tinieblas, quede el abismo sin fuerzas, apáguese el horno, extíngase la Gehena. Sigan los ángeles, teman los demonios, sean quebrantados los príncipes, caigan las potestades; permanezcan firmes los lugares de la diestra, no queden los de la siniestra. Sea enfrenado el diablo, sea escarnecido Satanás, consúmase su ira, sosiéguese su locura, sea avergonzada su venganza, sea doloroso su asalto, sean heridos sus hijos y arrancadas todas sus raíces. Y concédeme cumplir el viaje hacia ti sin sufrir insolencia ni provocación, y recibir lo que has prometido a los que viven con pureza y te han amado a ti solo.
10Y habiéndose sellado en cada parte de su cuerpo, se puso en pie y dijo: «Tú estás conmigo, oh Señor Jesucristo»; y se acostó en la fosa donde había tendido sus ropas; y habiéndonos dicho: «La paz sea con vosotros, hermanos», entregó su espíritu regocijándose.
Palabras de este capítulo
Lo que estas palabras decían en el original — y dónde más aparecen.
- Gehenaגֵּי־הִנֹּםEl valle al sur de Jerusalén que se volvió imagen del juicio final.
- JésedחֶסֶדLa lealtad amorosa de quien no abandona; traducida como misericordia, benignidad o bondad.
- GraciaχάριςFavor dado a quien no hizo nada para merecerlo y no puede devolverlo.
- EmunáאֱמוּנָהFe como firmeza y fidelidad, no como opinión sobre algo incierto.
Texto en inglés: The Apocryphal New Testament, The Acts of John (Clarendon Press, 1924), M. R. James, 1924 (dominio público). Portugués y español: traducción de Lux Veritas a partir de esta edición.
Fuente: The Apocryphal New Testament, The Acts of John (Clarendon Press, 1924), M. R. James (1924) · dominio público