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Sabiduría de Ahicar · Capítulo 2

  1. 11. Así él le enseñó, diciendo: '¡Oh hijo mío! escucha mi discurso y sigue mis consejos y acuérdate de lo que digo.
  2. 22. ¡Oh hijo mío! si oyes una palabra, déjala morir en tu corazón y no la reveles a otro, no sea que se vuelva brasa viva y queme tu lengua y cause dolor en tu cuerpo, y recibas reproche y seas avergonzado delante de Dios y de los hombres.
  3. 33. ¡Oh hijo mío! si has oído una noticia, no la divulgues; y si has visto algo, no lo cuentes.
  4. 44. ¡Oh hijo mío! haz que tu elocuencia sea grata al que oye y no te apresures en dar una respuesta.
  5. 55. ¡Oh hijo mío! cuando oigas algo, no lo ocultes.
  6. 66. ¡Oh hijo mío! no desates un nudo sellado, ni lo desates, y no selles un nudo aflojado.
  7. 77. ¡Oh hijo mío! no codicies la hermosura exterior, pues mengua y desaparece, mas el recuerdo honroso dura para siempre.
  8. 88. ¡Oh hijo mío! no dejes que una mujer insensata te engañe con sus palabras, para que no mueras la más miserable de las muertes, y ella te enrede en la red hasta que quedes preso.
  9. 99. ¡Oh hijo mío! no desees mujer ataviada con vestidos y ungüentos, que sea vil e insensata en su alma. ¡Ay de ti si le concedes algo de lo tuyo, o confías a ella lo que está en tus manos y ella te induce al pecado, y Dios se enoja contigo!
  10. 1010. ¡Oh hijo mío! no seáis como el almendro, porque produce hojas antes que todos los árboles, y frutos comestibles después de todos ellos, sino sed como la morera, que produce frutos comestibles antes que todos los árboles, y hojas después de todos ellos.
  11. 1111. ¡Oh hijo mío! inclina tu cabeza y suaviza tu voz, sé cortés y camina en la senda recta y no seas necio. Y no alces la voz cuando te rías, pues si fuera a grandes voces que se construyera una casa, el asno construiría muchas casas cada día; y si fuera por fuerza que se moviera el arado, el arado jamás se quitaría de debajo de los hombros de los camellos.
  12. 1212. ¡Oh hijo mío! mejor es remover piedras con un hombre sabio que beber vino con un hombre disoluto.
  13. 1313. ¡Oh hijo mío! derrama tu vino sobre las tumbas de los justos y no bebas con gente ignorante y despreciable.
  14. 1414. ¡Oh hijo mío! aférrate a los hombres sabios que temen a Dios y sé como ellos, y no te acerques a los ignorantes, para que no te vuelvas como ellos y aprendas sus caminos.
  15. 1515. ¡Oh hijo mío! cuando tengas un compañero o amigo, pruébalo y después hazlo compañero y amigo; y no lo elogies sin juicio; y no eches a perder tu conversación con un hombre falto de sabiduría.
  16. 1616. ¡Oh hijo mío! mientras tengas calzado en tu pie, anda con él sobre las espinas, y allana el camino para tu hijo, y para tu casa y tus hijos, y asegura tu nave antes de que se haga a la mar y a sus olas y se hunda y no pueda ser salvada.
  17. 1717. ¡Oh hijo mío! si el rico come una culebra, dicen: 'Es por su sabiduría', y si la come un pobre, la gente dice: 'Es por su hambre'.
  18. 1818. ¡Oh hijo mío! conténtate con el pan de cada día y con tus bienes, y no codicies lo que es ajeno.
  19. 1919. ¡Oh hijo mío! no seas allegado al necio, no comas pan con él y no te alegres con las calamidades de tu prójimo. Si tu enemigo te hace algún mal, muéstrale bondad.
  20. 2020. ¡Oh hijo mío! al hombre que teme a Dios, témelo y hónralo.
  21. 2121. ¡Oh hijo mío! el ignorante cae y tropieza, y el sabio, aunque tropiece, no se conmueve, y aunque caiga se levanta rápidamente, y si está enfermo, puede gobernar su vida. Mas en cuanto al ignorante y estúpido, para su enfermedad no hay remedio.
  22. 2222. ¡Oh hijo mío! si un hombre que es inferior a ti se te acerca, sal a su encuentro y ponte en pie, y si él no puede recompensarte, tu Señor te recompensará por él.
  23. 2323. ¡Oh hijo mío! no escatimes castigar a tu hijo, pues corregir a tu hijo es como estiércol para el jardín, y como atar la boca de una bolsa, y como atar animales, y como cerrar una puerta.
  24. 2424. ¡Oh hijo mío! aparta a tu hijo de la maldad, y enséñale buenas costumbres antes de que se rebele contra ti y te acarree desprecio entre el pueblo y bajes la cabeza en las calles y en las asambleas y seas castigado por la maldad de sus malas obras.
  25. 2525. ¡Oh hijo mío! procura para ti un buey gordo con buen lomo, y un asno grande con cascos, y no compres buey de cuernos grandes, ni hagas amistad con hombre astuto, ni tengas siervo pendenciero, ni criada ladrona, porque todo cuanto les confíes lo arruinarán.
  26. 2626. ¡Oh hijo mío! no dejes que tus padres te maldigan, no sea que el Señor se agrade de ellos; pues fue dicho: “Aquel que desprecia a su padre o a su madre, muera de muerte (quiero decir, la muerte del pecado); y aquel que honra a sus padres prolongará sus días y su vida y verá todo bien”.
  27. 2727. ¡Oh hijo mío! no andes por el camino sin armas, pues no sabes cuándo el enemigo podrá encontrarte, para que estés preparado para él.
  28. 2828. ¡Oh hijo mío! no seas como un árbol desnudo y sin hojas que no crece, sino sé como un árbol cubierto de hojas y ramas; pues el hombre que no tiene mujer ni hijos es desdichado en el mundo y es aborrecido, como un árbol sin hojas y sin fruto.
  29. 2929. ¡Oh hijo mío! sé como un árbol frutal junto al camino, cuyo fruto es comido por todos los caminantes, y los animales del desierto descansan a su sombra y comen de sus hojas.
  30. 3030. ¡Oh hijo mío! toda oveja que se desvía de su camino y de sus compañeras se convierte en presa para el lobo.
  31. 3131. ¡Oh hijo mío! no digas: “Mi señor es un necio y yo soy sabio”, y no repitas palabras de ignorancia e insensatez, para que no seas despreciado por él.
  32. 3232. ¡Oh hijo mío! no seas de aquellos siervos a quienes sus señores dicen: “Apártate de nosotros”, sino sé de aquellos a quienes dicen: “Acércate y está junto a nosotros”.
  33. 3333. ¡Oh hijo mío! no halagues a tu siervo en presencia de su compañero, pues no sabes cuál de ellos será de mayor provecho para ti al final.
  34. 3434. ¡Oh hijo mío! teme a tu Señor que te creó, para que Él no guarde silencio ante ti.
  35. 3535. ¡Oh hijo mío! haz justa tu palabra y endulza tu lengua; y no permitas que tu prójimo pise tu pie, no sea que después pise tu pecho.
  36. 3636. ¡Oh hijo mío! si hieres a un sabio con una palabra de sabiduría, quedará oculta en su pecho como un sutil sentimiento de vergüenza; pero si hieres al ignorante con una vara, no entenderá ni escuchará.
  37. 3737. ¡Oh hijo mío! si envías a un sabio para tus asuntos, no le des muchas órdenes, pues él hará tu negocio como deseas; y si envías a un necio, no le des órdenes, sino ve tú mismo y haz tu negocio, pues si le mandas, no hará lo que deseas. Si te enviaren a un negocio, apresúrate en cumplirlo con prontitud.
  38. 3838. ¡Oh hijo mío! no hagas enemigo a un hombre más fuerte que tú, pues tomará tu medida y se vengará de ti.
  39. 3939. ¡Oh hijo mío! pon a prueba a tu hijo y a tu siervo, antes de entregarles tus bienes, para que no se los lleven; pues aquel que tiene la mano llena es llamado sabio, aunque sea torpe e ignorante, y el que tiene la mano vacía es llamado pobre e ignorante, aun siendo príncipe de los sabios.
  40. 4040. ¡Oh hijo mío! comí coloquíntida y tragué áloe y no hallé nada más amargo que la pobreza y la escasez.
  41. 4141. ¡Oh hijo mío! enseña a tu hijo la sobriedad y el hambre, para que se conduzca bien en el gobierno de su casa.
  42. 4242. ¡Oh hijo mío! no enseñes al ignorante el lenguaje de los sabios, pues le será pesada carga.
  43. 4343. ¡Oh hijo mío! no exhibas tu condición a tu amigo, para que no seas menospreciado por él.
  44. 4444. ¡Oh hijo mío! la ceguera del corazón es más grave que la ceguera de los ojos, pues la ceguera de los ojos puede ser guiada poco a poco, pero la ceguera del corazón no halla guía, y se aparta del camino recto y sigue por senda torcida.
  45. 4545. ¡Oh hijo mío! mejor es el tropiezo del pie que el tropiezo de la lengua.
  46. 4646. ¡Oh hijo mío! mejor es el amigo que está cerca que el hermano ilustre que está lejos.
  47. 4747. ¡Oh hijo mío! la hermosura se desvanece, pero la doctrina dura, y el mundo mengua y se vuelve vano, mas el buen nombre no se desvanece ni mengua.
  48. 4848. ¡Oh hijo mío! para el hombre que no tiene descanso, mejor le fuera la muerte que su vida; y mejor es el son del llanto que el son del canto; pues la tristeza y el llanto, si el temor de Dios está en ellos, son mejores que el sonido de canto y alegría.
  49. 4949. ¡Oh hijo mío! mejor es una pata de rana en tu mano que un ganso en la olla de tu prójimo; y mejor es una oveja que está cerca de ti que un buey que está lejos; y mejor es un gorrión en tu mano que mil gorriones volando; y la pobreza que recoge es mejor que la dispersión de muchas provisiones; y mejor es zorra viva que león muerto; y una libra de lana es mejor que una libra de riquezas, quiero decir, de oro y plata; porque el oro y la plata están escondidos y cubiertos en la tierra, y no se ven; mas la lana está en los mercados y se ve, y es adorno para quien la viste.
  50. 5050. ¡Oh hijo mío! una pequeña hacienda bien tenida es mejor que una gran riqueza dispersa.
  51. 5151. ¡Oh hijo mío! un perro vivo es mejor que un pobre muerto.
  52. 5252. ¡Oh hijo mío! un pobre que hace lo recto es mejor que un rico que está muerto en pecados.
  53. 5353. ¡Oh hijo mío! guarda una palabra en tu corazón, y te valdrá de mucho, y guárdate de revelar el secreto de tu amigo.
  54. 5454. ¡Oh hijo mío! no dejes salir palabra alguna de tu boca hasta que te hayas aconsejado con tu corazón. Y no te pongas en medio de hombres en pleito, porque de una mala palabra nace una riña, y de una riña nace la guerra, y de la guerra nacen los golpes, y serás forzado a testificar; huye, pues, de allí y descansa.
  55. 5555. ¡Oh hijo mío! no resistas a un hombre más fuerte que tú, mas procura tener un espíritu paciente, sufrimiento y conducta recta, pues no hay nada más excelente que esto.
  56. 5656. ¡Oh hijo mío! no aborrezcas a tu primer amigo, pues el segundo puede no durar.
  57. 5757. ¡Oh hijo mío! visita al pobre en su aflicción, y habla de él en presencia del Sultán, y pon diligencia en librarlo de la boca del león.
  58. 5858. ¡Oh hijo mío! no te alegres por la muerte de tu enemigo, pues después de un tiempo serás su vecino, y a quien se burle de ti respétalo y hónralo y anticípate a saludarle.
  59. 5959. ¡Oh hijo mío! si el agua se detuviera en el cielo, y un cuervo negro se volviera blanco, y la mirra se volviera dulce como miel, entonces los ignorantes y los necios podrían comprender y hacerse sabios.
  60. 6060. ¡Oh hijo mío! si deseas ser sabio, refrena tu lengua de mentir, y tu mano de hurtar, y tus ojos de mirar el mal; entonces serás llamado sabio.
  61. 6161. ¡Oh hijo mío! deja que el hombre sabio te castigue con vara, mas no permitas que el necio te unja con bálsamo suave. Sé humilde en tu juventud y serás honrado en tu vejez.
  62. 6262. ¡Oh hijo mío! no resistas a hombre alguno en los días de su poder, ni al río en los días de su creciente.
  63. 6363. ¡Oh hijo mío! no te apresures en tomar esposa, pues si todo va bien, ella dirá: 'Señor mío, provéeme'; y si todo va mal, reprochará a quien fue causa de ello.
  64. 6464. ¡Oh hijo mío! quien es noble en el vestir, lo es también en el hablar; y el que es mezquino en el vestir, lo es también en el hablar.
  65. 6565. ¡Oh hijo mío! si cometiste un hurto, hazlo saber al sultán y dale una parte, para que seas librado de él, pues de otro modo sufrirás amargura.
  66. 6666. ¡Oh hijo mío! haz amistad con el hombre cuya mano está satisfecha y llena, y no hagas amistad con el hombre cuya mano está cerrada y hambrienta.
  67. 6767. Cuatro cosas hay en las cuales ni el rey ni su ejército pueden estar seguros: la opresión del visir, el mal gobierno, la perversión de la voluntad y la tiranía sobre el súbdito; y cuatro cosas que no pueden ocultarse: el prudente, y el necio, y el rico, y el pobre.