1 Adán y Eva · Capítulo 60
- 1Entonces, en el día octogésimo nono, vino Satanás a la cueva, vestido de un manto de luz y ceñido con un cinto resplandeciente.
- 2En sus manos llevaba un báculo de luz, y parecía muy imponente; mas su rostro era apacible y sus palabras dulces.
- 3Así se transfiguró para engañar a Adán y Eva, y hacerlos salir de la cueva antes que hubiesen cumplido los cuarenta días.
- 4Porque decía entre sí: Ahora que hayan cumplido los cuarenta días de ayuno y oración, Dios los restituirá a su primer estado; mas si no lo hiciere, con todo les será propicio; y aun si no tuviere misericordia de ellos, ¿no les dará acaso algo del huerto para consolarlos, como ya dos veces antes?
- 5Acercóse entonces Satanás a la cueva con esta hermosa apariencia, y dijo:
- 6¡Oh Adán! levántate, ponte en pie, tú y Eva, y venid conmigo a una tierra buena; y no temáis. Yo soy carne y huesos como vosotros; y al principio fui una criatura que Dios crió.
- 7Y aconteció que cuando Él me crió, me puso en un huerto al norte, en el confín del mundo.
- 8Y díjome: ¡Quédate aquí! Y permanecí allí conforme a su Palabra, ni traspasé su mandamiento.
- 9Hizo luego caer sobre mí un profundo sueño, y te sacó a ti, ¡oh Adán!, de mi costado, mas no te dejó permanecer conmigo.
- 10Pero tomóte Dios en su divina mano, y te puso en un huerto al oriente.
- 11Entonces me afligí por causa tuya, porque habiéndote tomado Dios de mi costado, no te permitió estar conmigo.
- 12Mas Dios me dijo: No te congojes por Adán, a quien saqué de tu costado; ningún mal le vendrá.
- 13Porque ahora he sacado de su costado una ayuda idónea para él; y dándole gozo con haberlo hecho así.
- 14Dijo luego Satanás: Yo no sabía cómo estabais en esta cueva, ni nada de esta prueba que os ha sobrevenido, hasta que Dios me dijo: He aquí, Adán ha transgredido, aquel a quien tomé de tu costado, y Eva también, a quien saqué del de él; y los he arrojado del huerto; los he hecho morar en tierra de tristeza y miseria, porque pecaron contra Mí y obedecieron a Satanás. Y mira, están padeciendo hasta este día, el octogésimo.
- 15Díjome entonces Dios: Levántate, ve a ellos, y hazlos venir a tu lugar, y no permitas que Satanás se acerque a ellos y los aflija. Porque están ahora en gran miseria, y yacen desmayados por el hambre.
- 16Díjome además: Cuando los hayas recibido contigo, dales a comer del fruto del Árbol de la Vida, y dales a beber del agua de paz; y vístelos de una vestidura de luz, y restitúyelos a su primer estado de gracia, y no los dejes en miseria, porque de ti procedieron. Mas no te angusties por ellos, ni te arrepientas de lo que les ha sobrevenido.
- 17Mas cuando oí esto, pesóme; y mi corazón no pudo sufrirlo con paciencia por causa tuya, ¡oh hijo mío!
- 18Pero, ¡oh Adán!, cuando oí el nombre de Satanás, temí, y dije entre mí: No saldré, no sea que me tienda lazo como hizo a mis hijos, Adán y Eva.
- 19Y dije: ¡Oh Dios!, cuando vaya a mis hijos, Satanás me saldrá al encuentro en el camino y peleará contra mí, como peleó contra ellos.
- 20Díjome entonces Dios: No temas; cuando lo hallares, hiérelo con el báculo que tienes en la mano, y no le temas, porque eres de antiguo origen, y él no prevalecerá contra ti.
- 21Dije entonces: ¡Oh Señor mío!, soy viejo y no puedo andar. Envía a tus ángeles para que los traigan.
- 22Mas Dios me dijo: En verdad los ángeles no son semejantes a ellos, y no consentirán en venir con ellos. Pero a ti te he escogido porque son de tu linaje y semejantes a ti, y oirán lo que les dijeres.
- 23Díjome además Dios: Si no tienes fuerzas para andar, enviaré una nube que te lleve y te ponga a la entrada de su cueva; luego la nube se volverá y te dejará allí.
- 24Y si quisieren venir contigo, enviaré una nube que os lleve a ti y a ellos.
- 25Mandó luego a una nube, y ésta me levantó y me trajo a vosotros; y luego regresó.
- 26Y ahora, ¡oh hijos míos, Adán y Eva!, mirad mis canas y mi estado débil, y mi venida desde tan apartado lugar. Venid, venid conmigo a un lugar de reposo.
- 27Comenzó luego a llorar y sollozar delante de Adán y Eva, y sus lágrimas corrían sobre la tierra como agua.
- 28Y cuando Adán y Eva alzaron sus ojos y vieron su barba, y oyeron su hablar tan dulce, enterneciéronse sus corazones hacia él; obedeciéronle, porque creyeron que era veraz.
- 29Y parecióles que eran verdaderamente su descendencia, cuando vieron que su rostro era semejante al de ellos; y confiaron en él.