4 Macabeos · Capítulo 2
- 1¿Y qué hay de admirable si el apetito natural del alma por gozar de la hermosura es apagado y vencido?
- 2Por esto, ciertamente, alabamos al virtuoso José, porque mediante su Razón, con esfuerzo del ánimo, refrenó el apetito carnal; pues él, siendo mancebo en la edad en que el apetito corporal es más vehemente, apagó con la Razón el ímpetu de sus pasiones.
- 3Y demuéstrase que la Razón domeña no sólo el ardor de la lascivia, sino también toda suerte de codicias.
- 4Porque la Ley dice: «No codiciarás la mujer de tu prójimo, ni cosa alguna de tu prójimo».
- 5En verdad, cuando la Ley nos manda no codiciar, confirma en gran manera, a mi entender, el razonamiento de que la Razón es capaz de enfrenar los deseos codiciosos, así como vence las pasiones que militan contra la justicia.
- 6¿De qué otro modo podría el hombre, dado por naturaleza a la gula, codicioso y bebedor, ser enseñado a mudar su natural, si la Razón no fuere manifiestamente señora de las pasiones?
- 7Ciertamente, tan pronto como el hombre ordena su vida conforme a la Ley, si es mezquino, obra contra su inclinación natural, prestando al menesteroso sin usura, y perdonando la deuda en el año séptimo de la remisión.
- 8Y si es mezquino en sus bienes, es vencido por la Ley mediante la acción de la Razón, absteniéndose de espigar sus rastrojos y de rebuscar los postreros racimos de sus viñas.
- 9Y en todo lo demás podemos advertir que la Razón se halla en calidad de señora sobre los afectos y pasiones.
- 10Porque la Ley se sobrepone al amor hacia los padres, de modo que nadie posponga la virtud por causa de ellos; y prevalece sobre el cariño hacia la mujer, de suerte que el marido la reprenda si ella delinquiere; y gobierna el afecto a los hijos, para que los castigue si anduvieren en descarrío; y rige las demandas de la amistad, de modo que reprenda a los amigos si hicieren lo malo.
- 11Y no tengáis por cosa desusada que la Razón, por medio de la Ley, pueda vencer aun el odio, de modo que el varón se contenga de talar los huertos del enemigo, defienda de los saqueadores los bienes de quien le es adverso, y recoja lo que se le hubiere descarriado.
- 12Y demuéstrase que el imperio de la Razón alcanza asimismo a las pasiones más altivas y perniciosas, como la ambición, la vanidad, la ostentación, la soberbia y la murmuración.
- 13Porque el entendimiento templado rechaza todas estas pasiones envilecidas, del mismo modo que repele la ira, pues vence aun a ésta.
- 14Aun Moisés, cuando se encendió en ira contra Datán y Abiram, no dio rienda suelta a su furor, sino que gobernó su enojo por la Razón.
- 15Porque el entendimiento sobrio es poderoso, como dije, para alcanzar la victoria sobre las pasiones, mitigando a unas y anonadando a otras del todo.
- 16¿Por qué otra causa nuestro sabio padre Jacob reprendió a las familias de Simeón y Leví por la inconsiderada matanza de los siquimitas, diciendo: «Maldito sea su furor»?
- 17Porque si la Razón no hubiese tenido potestad para refrenar la cólera, no habría él hablado de tal suerte.
- 18Porque en el día en que Dios creó al hombre, implantó en él sus pasiones e inclinaciones; y juntamente entronizó el entendimiento en medio de los sentidos para serle sagrado guía en todas las cosas; y al entendimiento dio la Ley, conforme a la cual, si el hombre rigiere su conducta, reinará sobre un dominio templado, justo, virtuoso y valeroso.
- 19Pues bien, preguntará tal vez alguno: si la Razón es señora de las pasiones, ¿por qué no vence el olvido y la ignorancia?
- 20Mas tal argumento es en gran manera ridículo; porque no se muestra que la Razón sea señora de los defectos inherentes a ella misma, sino de los que atañen al cuerpo.
- 21Por ejemplo, ninguno de vosotros puede extirpar la concupiscencia natural, pero la Razón le hace capaz de no rendirse como siervo al deseo.
- 22Ninguno de vosotros puede desarraigar la ira del alma, mas es posible que la Razón le preste auxilio contra la ira.
- 23Ninguno de vosotros puede aniquilar una inclinación malévola, mas la Razón puede serle poderoso aliado para no dejarse arrastrar por la malevolencia.
- 24Porque la Razón no es la extirpadora de las pasiones, sino su adversaria y soberana.