4 Macabeos · Capítulo 3
- 1El ejemplo de la sed del rey David puede servir, a lo menos, para poner esto más en claro.
- 2Porque habiendo David peleado todo el día contra los filisteos, y derribado a muchos de ellos con el socorro de los valientes de nuestra patria, llegó a la caída de la tarde, rendido de sudor y cansancio, a la tienda real, alrededor de la cual acampaba todo el ejército de nuestros padres.
- 3Toda la hueste se dispuso a la cena vespertina; pero el rey, consumido por intensísima sed, aunque tenía abundancia de aguas, no podía aplacarla.
- 4Antes bien, un vehemente deseo del agua que estaba en poder del enemigo le quemaba con creciente fuerza, enervándole y consumiéndole.
- 5Viendo entonces sus guardas el anhelo del rey, dos jóvenes esforzados guerreros, teniendo por mengua que a su señor le faltase lo deseado, se vistieron de todas sus armas, tomaron un cántaro, y escalaron las defensas enemigas; y pasando sin ser vistos por los guardas de la puerta, recorrieron todo el campamento adverso; y hallando con bravura la fuente, sacaron de ella agua para el rey.
- 6Mas David, aunque abrasado todavía de sed, consideró que semejante bebida, tenida por equivalente a sangre de hombres, era de gravísimo peligro para su alma.
- 7Por tanto, oponiendo su Razón al deseo, derramó el agua en libación en ofrenda a Dios.
- 8Porque el ánimo templado es poderoso para vencer los impulsos de las pasiones, apagar los fuegos de la concupiscencia, luchar victoriosamente contra los dolores corporales aunque sean vehementísimos, y, por la nobleza y bondad de la Razón, desdeñar con entereza todo señorío de las pasiones.
- 9Y ahora la ocasión nos llama a poner por obra la historia de la Razón dueña de sí misma.
- 10En un tiempo en que nuestros padres gozaban de profunda paz por la debida observancia de la Ley, y vivían en tanta ventura que hasta Seleuco Nicanor, rey de Asia, costeaba las expensas del servicio del templo y reconocía nuestra república, justamente entonces ciertos hombres, moviendo sedición contra la concordia común, nos envolvieron en múltiples y dolorosas calamidades.