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1 Enoc · Capítulo 65

  1. 11. Y en aquellos días Noé vio la tierra, que se había hundido y que su destrucción estaba cerca.
  2. 22. Y se levantó de allí y fue a los confines de la tierra, y clamó a gran voz a su abuelo Enoc; y Noé dijo tres veces, con voz amargada: Óyeme, óyeme, óyeme.
  3. 33. Y yo le dije: Dime qué es lo que está sucediendo sobre la tierra, que la tierra está en tan mal estado y sacudida, no sea que por ventura yo perezca con ella.
  4. 44. Y luego hubo una gran conmoción sobre la tierra, y se oyó una voz del cielo, y caí sobre mi rostro.
  5. 55. Y Enoc, mi abuelo, vino y se puso junto a mí, y me dijo: ¿Por qué has clamado a mí con clamor amargo y con llanto?
  6. 66. Y ha salido un mandamiento de la presencia del Señor acerca de los que moran en la tierra, que su ruina está consumada, porque han aprendido todos los secretos de los ángeles, y toda la violencia de los satanes, y todos sus poderes, los más secretos, y todo el poder de los que practican la hechicería, y el poder de la brujería, y el poder de los que hacen imágenes de fundición para toda la tierra;
  7. 77. y cómo la plata es producida del polvo de la tierra, y cómo el metal blando se origina en la tierra.
  8. 88. Porque el plomo y el estaño no son producidos de la tierra como el primero; es una fuente la que los produce, y un ángel está en ella, y aquel ángel es preeminente.
  9. 99. Y después de esto mi abuelo Enoc me tomó de la mano y me levantó, y me dijo: Ve, porque he preguntado al Señor de los Espíritus acerca de esta conmoción sobre la tierra.
  10. 1010. Y él me dijo: A causa de su injusticia, su juicio ha sido determinado y no será detenido por mí para siempre. A causa de las hechicerías que han buscado y aprendido, la tierra y los que en ella moran serán destruidos.
  11. 1111. Y estos no tienen lugar de arrepentimiento para siempre, porque les mostraron lo que estaba escondido, y son los condenados; mas en cuanto a ti, hijo mío, el Señor de los Espíritus sabe que eres puro e inocente de esta culpa acerca de los secretos.
  12. 1212. Y él ha destinado tu nombre a estar entre los santos, y te preservará entre los que moran en la tierra, y ha destinado tu justa simiente así para la realeza como para grandes honras; y de tu simiente procederá una fuente de justos y santos sin número, para siempre.