LUX VERITAS

Escrituras y Manuscritos

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¿Quién es el rico que se salva? (Clemente) · Capítulo 31

  1. 1A estos él los llama niños, hijos, pequeñuelos, amigos y pequeños aquí, en referencia a la grandeza futura que tendrán. 'No despreciéis', dice él, 'a uno de estos pequeñuelos; pues sus ángeles contemplan siempre el rostro de Mi Padre en los cielos.' Y en otro lugar: 'No temas, pequeño rebaño, porque a vuestro Padre le ha complacido daros el reino de los cielos.' Del mismo modo dice que 'el menor en el reino de los cielos', es decir, Su discípulo, 'es mayor que Juan, el mayor entre los nacidos de mujer'. Y también: 'Quien recibe a un justo o a un profeta en nombre de justo o de profeta recibirá su recompensa; y quien dé a un discípulo, en nombre de discípulo, un vaso de agua fría para beber no perderá su recompensa.' Esta es, por tanto, la única recompensa que no se pierde. Y también: 'Haceos amigos con las riquezas de la injusticia para que, cuando estas falten, os reciban en las moradas eternas'; mostrando que, por naturaleza, ninguna propiedad que el hombre tiene en su poder es propiamente suya. Y a partir de esa injusticia se permite realizar una obra justa y salvadora: refrescar a alguno de quienes poseen morada eterna junto al Padre.
  2. 2Observa, pues, primero, que él no te mandó esperar a que te solicitaran o importunaran, sino buscar por ti mismo a quienes debes beneficiar y que son discípulos dignos del Salvador. Excelente, por tanto, es también la palabra del apóstol: 'Pues el Señor ama al dador alegre'; al que se complace en dar y no escatima, sembrando para así cosechar, sin murmuraciones, disputas ni pesar, y compartiendo, lo cual es beneficencia pura. Mejor aún es la palabra pronunciada por el Señor en otro lugar: 'Da a todo el que te pida.' Pues así se complace Dios en dar. Y por encima de toda divinidad está esta palabra: no esperar a que pidan, sino averiguar por uno mismo quién merece recibir bondad.