¿Quién es el rico que se salva? (Clemente) · Capítulo 27
- 1Primero, presentemos el sentido evidente de la parábola y la razón por la que fue pronunciada. Que enseñe a los prósperos a no descuidar su salvación como si ya estuvieran condenados de antemano, ni, por otro lado, a arrojar la riqueza al mar o condenarla como traidora y enemiga de la vida, sino a aprender de qué modo usarla y obtener la vida. Pues nadie perece simplemente por temer a causa de su riqueza, ni se salva simplemente por confiar y creer que será salvado. Que examinen, entonces, la esperanza que el Salvador les ofrece, cómo lo inesperado puede hacerse realidad y cómo se puede poseer aquello que se espera.
- 2El Maestro, cuando le preguntan '¿Cuál es el mayor de los mandamientos?', responde: 'Amarás al Señor tu Dios con toda tu alma y con toda tu fuerza'; dice que ningún mandamiento es mayor, y con excelente razón, pues manda acerca del Primero y Mayor, Dios mismo, nuestro Padre, por quien todas las cosas fueron traídas a la existencia y subsisten, y a quien vuelve lo que es salvado. Puesto que él nos amó primero y nos dio la existencia, es impiedad considerar cualquier otra cosa anterior o más excelente. Ese pequeño tributo de gratitud por los mayores beneficios es la única retribución que podemos ofrecer a Dios, que nada necesita y es perfecto; y, por el ejercicio mismo de amar al Padre tanto como permitan nuestra fuerza y capacidad, alcanzamos la inmortalidad. Pues cuanto más ama uno a Dios, más penetra en Dios.