Sobre la resurrección (Atenágoras) · Capítulo 7
- 1Aun si concediéramos que el alimento procedente de estas cosas — llamémoslo así para ajustarnos al modo común de hablar —, aunque contrario a la naturaleza, se separa y transforma en alguna de las materias húmedas o secas, calientes o frías, que contiene el cuerpo, nuestros adversarios nada ganarían con esa concesión. Pues los cuerpos resucitados se reconstituyen a partir de las partes que propiamente les pertenecen, mientras que ninguna de las cosas mencionadas es una parte de esa clase, ni tiene la forma o el lugar de una parte; tampoco permanece siempre con las partes nutridas del cuerpo ni resucita con las partes resucitadas, puesto que la sangre, la flema, la bilis y el aliento ya no contribuyen en nada a la vida.
- 2Tampoco los cuerpos entonces nutridos necesitarán las cosas que antes requerían, ya que, junto con la carencia y la corrupción de los cuerpos nutridos, desaparece también la necesidad de aquello con lo que se nutrían.
- 3A esto debe añadirse que, si supusiéramos que la transformación producida por semejante alimento alcanza hasta la carne, ni siquiera en ese caso sería necesario que la carne recientemente transformada por alimento de esa clase, si se uniera al cuerpo de otro hombre, volviera a contribuir como parte a la formación de ese cuerpo; pues ni la carne que la recibe conserva siempre lo que recibe, ni la carne así incorporada permanece estable junto a aquella a la que se agregó, sino que está sujeta a cambios muy diversos: unas veces se dispersa por el trabajo o las preocupaciones; otras se consume por la tristeza, los trastornos o la enfermedad, y por las alteraciones causadas por el calor o el frío, mientras los humores que se transforman con la carne y la grasa no reciben el alimento de modo que permanezcan como son.
- 4Pero, aunque la carne está sujeta a tales cambios, hallaríamos que la carne nutrida con alimento inadecuado los padece en grado mucho mayor: unas veces se hincha y engorda con lo recibido, y otras vuelve a rechazarlo de una manera u otra y disminuye de volumen por una o varias de las causas ya mencionadas. Y solo permanece en las partes aquello que es apto para unir, cubrir o calentar la carne escogida por la naturaleza y que se adhiere a las partes mediante las cuales sostiene la vida conforme a la naturaleza y lleva a cabo las actividades de esa vida.
- 5Así pues, tanto si se juzga debidamente la investigación que acabamos de realizar como si se conceden las objeciones planteadas contra nuestra posición, en ninguno de los casos puede demostrarse que nuestros adversarios dicen la verdad. Los cuerpos de los hombres jamás pueden combinarse con otros de la misma naturaleza, ya sea que alguna vez los hombres, por ignorancia y porque alguien engañó sus sentidos, hayan comido un cuerpo de esa clase, ya sea que, por propia voluntad, impulsados por la necesidad o la locura, se hayan mancillado con el cuerpo de alguien de igual forma; pues sabemos muy bien que algunos brutos tienen forma humana o una naturaleza compuesta de hombre y animal, como suelen representar los poetas más audaces.