LUX VERITAS

Escrituras y Manuscritos

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Historia de los Recabitas · Capítulo 7

  1. 11. Y ellos se regocijaron con gran gozo, y tomando tablas de piedra, escribieron en ellas con sus uñas de esta manera: Oíd, hijos de los hombres; oídnos a nosotros que hemos sido hechos bienaventurados, pues también nosotros somos de vosotros; porque cuando el profeta Jeremías proclamó que la ciudad de Jerusalén sería entregada en manos de los destructores, rasgó sus vestiduras, púsose cilicio sobre sus lomos, esparció ceniza sobre su cabeza, echó polvo sobre su lecho, y dijo a todo el pueblo que se apartase de su mal camino.
  2. 22. Y nuestro padre Recab, hijo de Aminadab, le oyó y nos dijo: «Vosotros, hijos e hijas de Recab, oíd a vuestro padre, y despojad vuestros cuerpos de vestiduras, y no bebáis vino alguno en vaso, ni comáis pan cocido al fuego, ni bebáis sidra ni miel, hasta que el Señor oiga vuestra súplica».
  3. 33. Y dijimos: «Todo cuanto nos ha mandado haremos y obedeceremos». Despojamos, pues, nuestros cuerpos de nuestras vestiduras, y no comimos pan cocido al fuego, ni bebimos vino en vaso, ni miel ni licor alguno, y plañimos con gran llanto y suplicamos al Señor; y Él oyó nuestra oración y apartó su furor de la ciudad de Jerusalén, y vino sobre la ciudad de Jerusalén la misericordia del Señor, y se compadeció de su pueblo y desvió su mortífera ira.