Evangelio del Pseudo-Mateo · Capítulo 3
- 11. Y aconteció que, en el tiempo de la fiesta, entre los que ofrecían incienso al Señor, Joaquín estaba preparando sus ofrendas delante del Señor.
- 22. Y el sacerdote, de nombre Rubén, acercándose a él, le dijo: No te es lícito estar entre los que ofrecen sacrificios a Dios, por cuanto Dios no te ha bendecido dándote descendencia en Israel.
- 33. Confundido, pues, en presencia del pueblo, salió llorando del templo del Señor y no tornó a su morada, sino que se fue a sus ganados, llevando consigo sus pastores a las montañas, a una tierra lejana, de suerte que por cinco meses su mujer Ana no pudo tener noticia alguna de él.
- 44. Y ella oraba con lágrimas, diciendo: ¡Oh Señor, Dios Poderoso de Israel!, ¿por qué, no habiéndome dado aún prole, me quitaste además a mi marido? He aquí hace ya cinco meses que no veo a mi esposo, y no sé dónde se halla; ni aun si supiese que hubiera muerto, podría darle sepultura.
- 55. Y llorando amargamente, entró en el atrio de su casa; y postrándose rostro en tierra en oración, derramó sus ruegos delante del Señor.
- 66. Levantándose luego de su oración y alzando los ojos a Dios, vio un nido de gorriones en un laurel, y levantó su voz al Señor con gemidos, diciendo: ¡Señor Dios Todopoderoso, que diste simiente a todas las criaturas, a las bestias fieras y mansas, a las serpientes, a las aves y a los peces, regocijándose todos ellos con sus crías!, solo a mí me has apartado del don de tu benignidad.
- 77. Porque tú, oh Dios, conoces mi corazón, que desde el principio de mis desposorios juré que si tú, oh Dios, me dieses hijo o hija, te lo ofrecería a ti en tu santo templo.
- 88. Y mientras hablaba de esta suerte, de repente se le apareció un ángel del Señor, diciendo: No temas, Ana, porque hay simiente para ti en el consejo de Dios; y todas las generaciones hasta el fin se maravillarán de lo que ha de nacer de ti.
- 99. Y habiendo dicho esto, desapareció de su presencia.
- 1010. Mas ella, llena de temor y asombro por haber contemplado semejante visión y oído tales palabras, entró al fin en su cámara y se arrojó sobre su lecho como muerta.
- 1111. Y por espacio de un día y una noche entera perseveró con gran temblor y en continua oración.
- 1212. Y tras estas cosas llamó a su sierva y le dijo: ¿Me ves sumida en mi soledad y en gran angustia, y no has querido venir a mí? Respondióle entonces ella con leve murmuración, diciendo: Si Dios ha cerrado tu matriz y te ha despojado de tu marido, ¿qué puedo yo hacer por ti? Y oyendo esto Ana, alzó su voz y lloró amargamente.