Prescripción contra los herejes · Capítulo 37
- 1Donde hay diversidad doctrinal, debe reconocerse también la corrupción de las Escrituras y de sus interpretaciones. Quienes pretendían enseñar de manera diferente necesitaban disponer de otro modo los instrumentos de la doctrina. No habrían podido producir diversidad de enseñanza sino modificando los medios con que enseñaban. Así como, en su caso, la corrupción de la doctrina no habría prosperado sin corromper también sus instrumentos, tampoco entre nosotros podría existir integridad doctrinal sin integridad en los medios por los cuales se transmite la doctrina. Ahora bien, ¿qué hay en nuestras Escrituras contrario a nosotros?
- 2¿Qué hemos introducido de nuestra propia cosecha para necesitar después quitarlo, añadirle algo o alterarlo a fin de devolver su integridad natural a algún pasaje de las Escrituras que nos fuera contrario? Lo que somos es lo que las Escrituras son desde el principio. De ellas
- 3procedemos, antes de que hubiera cualquier otro camino, antes de que vosotros las interpolarais. Ahora bien, como toda interpolación debe considerarse posterior, precisamente porque nace de una rivalidad que nunca precede ni nace junto con aquello que imita, es tan increíble para cualquier hombre sensato que nosotros, existentes desde el comienzo y primeros, hayamos introducido en las Escrituras algún texto corrompido como lo es que no lo hayan hecho quienes llegaron después y se oponen a ellas. Un hombre pervierte las Escrituras con la mano; otro pervierte su sentido mediante la interpretación. Aunque Valentín parezca utilizar el libro entero, ha puesto violentamente las manos sobre la verdad con inteligencia y habilidad más astutas
- 4que Marción. Este empleó abiertamente el cuchillo, no la pluma, pues extirpó de las Escrituras todo cuanto convenía a su propio asunto. Valentín, en cambio, se abstuvo de semejante corte, pues no inventó Escrituras para ajustarlas a su asunto, sino que ajustó su asunto a las Escrituras. Aun así, quitó y añadió más, al suprimir el sentido propio de cada palabra y añadir disposiciones fantásticas de cosas inexistentes.